Análisis

ANÁLISIS: Ghost in the Shell: Vigilante del Futuro (Rupert Sanders, 2017)

Mucha acción, mucho sci-fi, poco contenido. Dos de tres, no está tan mal.
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Por: Jessica Blady

Vamos a decir las cosas como son: “Ghost in the Shell: Vigilante del Futuro” (Ghost in the Shell, 2017) es una gran película de acción y ciencia ficción con algunos de los mejores efectos especiales que se hayan visto en el último tiempo. Pero, a pesar de que toma calcada nota del manga de Masamune Shirow y el clásico de culto animado de Mamoru Oshii, poco y nada hace con sus temas, ese análisis constante sobre las consecuencias éticas y filosóficas del desarrollo tecnológico, las inteligencias artificiales omnipresentes y la unión entre hombre y máquina que, indefectiblemente, llevan a la pérdida de identidad del ser humano y las particularidades de su existencia.

Rupert Sanders –director responsable de “Blancanieves y el Cazador” (Snow White and the Huntsman, 2012)- se concentra demasiado en la forma y se olvida del contenido que, para evitar complicarle la existencia al espectador, se atiene a un thriller detectivesco bastante básico que no se explaya demasiado en la complicada naturaleza de su protagonista. Si quieren planteos sobre los límites de la ciencia y las consecuencias de las I.A. consientes, mejor miren “Ex Machina” (2015) o la primera temporada de “Westworld”, ya que no hay nada de esto en la adaptación live-action que tiene a Scarlett Johansson en el papel principal.

Hablando de Scarlett, y la controvertida decisión de ponerla en el lugar de la mayor Motoko Kusanagi, el resultado es simple: Johansson hace el papel de Mira Killian, al parecer, superviviente de un barco de refugiados que, tras ser sometida a un complicado proceso, logra sobrevivir ya que su cerebro pudo ser trasplantado a un cuerpo totalmente mejorado y cibernético. Mira es única en su especie, la unión perfecta entre humano y máquina, y el arma más poderosa con la que cuenta la compañía Hanka Robotic. Un año después, Mira se convirte en el agente más eficaz de la “Sección 9”, una unidad gubernamental especializada en crímenes tecnológicos.

Alguien está comenzando a deshacerse de los miembros de la compañía en cuestión, específicamente, de aquellos que formaron parte del proyecto 2501, el cual le dio “vida” a la Mayor. La chica y su equipo tendrán como misión descubrir al hacker responsable, pero tras los crímenes se esconden verdades ligadas a su propio pasado.

Como verán, una drama criminal hecho y derecho, ambientado en un ¿Japón? futurista que nos recuerda muchísimo a “Blade Runner” (1982). Si vamos a ser justos, la obra de Shirow toma inspiración directa del clásico cyberpunk de Ridley Scott. A su vez, las hermanas Wachowski homenajean a “Ghost in the Shell” a lo largo de “Matrix” (The Matrix, 1999) y sus secuelas, por eso no podemos objetar que Sanders haya cerrado el “círculo” referenciando a estas obras tan importantes dentro del género.

Esto no le quita mérito visual a la película, tal vez, su mejor característica, pero hasta la historia de Lana y Lilly, plantea temas que hoy (casi veinte años después) seguimos discutiendo. “Matrix” habrá quedado obsoleta después de tanto mancillar su “bullet time”, pero “Ghost in the Shell” peca de vagancia narrativa y desaprovecha esa gran oportunidad que le da su contexto.

Todo el tiempo se nos dice que Mira es especial, más humana que el resto de las máquinas que pululan en este futuro donde casi todos los seres vivos han recibido algún tipo de mejora cibernética, ya sea por necesidad o por pura cosmética. Pero Scarlett (y desde el guión) no se esfuerza por mostrarnos estos sentimientos y esta ambivalencia, que sólo aflora de vez en cuando y casi sin importancia. La película se preocupa mucho más por las escenas de acción, impecables en su mayoría, y por una trama de buenos y malos, bastante trillada y conocida.

En definitiva, la adaptación de “Ghost in the Shell” es la visión occidentalizada de Hollywood que, por más que se esfuerce en plagar su elenco de actores de diferentes nacionalidades, no puede alejarse de un formato clásico y una horrenda justificación para su protagonista. Si estamos en Japón, nunca lo notamos realmente, es más bien una ciudad cosmopolita adornada con reconosidísimos elementos de la cultura oriental, por aquí y por allá.    


En definitiva, lo que van a encontrar es una gran película de acción futurista, mucho sci-fi, grandes efectos especiales y una protagonista femenina patea traseros. No esperen mucho más, y tampoco busquen los grandes temas que plantea el material original. “Ghost in the Shell” es como Mira Killian, un ente sofisticado que no se sabe expresar. 

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