Análisis

ANÁLISIS: Game of Thrones S07E05 (Spoilers)

Después de tantas temporadas, Tyrion se vuelve a robar un capítulo.
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Por: Ignacio Esains

¡Jaime Lannister VIVE!

¡Y (aún más importante) Bronn también!

(como si nos quedara alguna duda…)

Una de las pocas cosas que empañan la calidad del episodio anterior es la sensación de que nada realmente pasó en esa batalla. Sabemos que a la guerra le quedan pocos, eh, capítulos, así que aunque el ataque de Daenerys a los carros de provisiones haya sido devastador, dudo que Desembarco del Rey muera de hambre. Además, si hay algo peor que ser la “Reina de las Cenizas” es ser la “Reina de Las Infinitas Moscas Sobre una Infinita Pila de Cadáveres”.

Entonces, como bien dirá Jaime más adelante, el ataque de Dany y los dothraki fue más simbólico que otra cosa, ya que no hubo conquistas reales ni bajas importantes. O sea, una demostración de poder que le salió más o menos por la culata a la khaleesi, que demostró el poderío de sus dragones… pero también confirmó que el “escorpión” de Qyburn es efectivamente capaz de dañarlos. Y que tan jodido de apuntar no era.

En lo inmediato y lo que respecta a nuestros protagonistas, el inicio es anticlimático. Era tan obvio que Jaime no iba a morir en el final del capítulo anterior, que los creadores ni siquiera se molestan en mostrarnos la logística de cómo Bronn lo rescata (considerando que la armadura de Jaime debe pesar unos 30 kilos) y cómo salen tan lejos de la acción que ni siquiera se comen una segunda llamarada ni bien asoman la cabeza. Y ya se que la serie no tiene por qué explicarnos todo. Y ya se que para ver cualquier obra de ficción uno debe suspender un poco el escepticismo… pero entonces ¿para qué se meten en un matete así los creadores? Nadie los obliga a terminar un capítulo con un gancho tan tramposo.

Lo que sí es efectivo es el terror en la cara de Jaime al darse cuenta de que ese es sólo uno de tres dragones. Jaime asustado no es algo que veamos muy seguido, y queda claro que Daenerys para él no es una reina, ni una liberadora, ni una khaleesi, ni nada: es una Targaryen.

Y puede ser que eso sea también lo que Tyrion está pensando cuando recorre, desolado, el campo de batalla. Los soldados que defienden el apellido de su padre yacen incinerados mientras los dothraki que saquean los cadáveres se parecen más a los bárbaros que Poniente teme que a los nobles nativos que Dany parecía haber domesticado. La pausa que hace Tyrion es ínfima pero significativa: “¿estoy del lado correcto?”

La expresión de Tyrion en esta escena me hizo recordar los últimos capítulos de la sexta temporada, cuando la “solución diplomática” fracasó en Meereen y la ciudad fue sitiada por los Maestros esclavistas solo para ser retomada a fuego por Dany. A pesar de que nuestro Lannister favorito aplaudió aquel rescate, sabe que la decisión de interceptar el convoy no fue racional, sino una “última instancia” a la que Daenerys sospechosamente siempre termina llegando.

En una temporada en la que es difícil dilucidar los verdaderos motivos detrás de las acciones de los personajes, Tyrion Lannister mantiene vivo el anhelo que lo empuja desde el primer episodio. Tyrion nunca quiso gobernar Poniente ni retirarse a Roca Casterly, sino que buscó comprender en profundidad las dinámicas de poder en el mundo, para influir en ellas de alguna forma y garantizar algo de justicia en este mundo cruel. Un impulso justiciero que a su manera Daenerys parecía compartir, hasta esta temporada en la que parece ser un personaje distinto en cada escena.

Peter Dinklage transmite un monólogo interno completo a través de su mirada y sus movimientos, pero Emilia Clarke, en instancias clave para su personaje, parece haber perdido algo del fuego y de la certeza que hacía de Daenerys un personaje magnético, aún cuando estaba en Qarth gritando que le devuelvan sus dragoncitos. ¿Qué busca el discurso que da a sus prisioneros? Si es “ganar sus corazones” como fue en Essos o recomendó Jon Snow, ¿por qué les grita entonces, con un dragón rugiendo a sus espaldas? casi parece sonreir cuando dice “si se niegan, morirán” y que diga “no soy Cersei Lannister” cuando los dos personajes jamás han tenido una rivalidad personal no sirve para generar mucho impacto... ¿por qué no le habla al que era su ejército el Lannister que se ha convertido a su causa solo por creer en ella?

Randyll Tarly no dobla la rodilla, claro, y es ejecutado junto a su hijo, pero no antes de dar un largo discurso tan elegante como carente de sentido… ¿es Daenerys, con sus dragones y su melena Targaryen una “invasora extranjera”? Tarly efectivamente traicionó a los Tyrell hace pocos capítulos, y ahora… ¿muere por los Lannister?

Por supuesto que cada personaje tiene derecho a cambiar de idea, o a estar ocultando algo en su discurso, pero lo que vemos en pantalla no indica que esté pasando esto ni con Dany ni con Tarly. En otras ocasiones, cuando personajes manipuladores como Meñique o indecisos como Sansa han dicho algo en lo que realmente no creen, la serie nos ha dado pistas. Un primer plano de un labio mordido, un instante de duda, una mirada a un lado.

Son códigos que llaman nuestra atención, nos piden que prestemos atención especial a estas escenas. Estos dos personajes, en cambio, parecen hablar por hablar, desconectados del desarrollo visto en capítulos anteriores - ni hablar de lo que vimos en temporadas pasadas, en especial por parte de Dickon. La escena en sí no está mal: es la falta de contexto lo que le roba toda la potencia que podría tener.

Y a pesar de todo, qué gran descubrimiento que es Matt Shakman. El director nos cuenta la escena desde la perspectiva de Tyrion, y cada elemento está en su lugar. La negociación desesperada, buscando cualquier alternativa ante una Dany inusualmente dura. La constante presencia casi en una esquina del plano de las garras y la cola de Drogon. La cara de nada de los dothraki, para los que esto es un trámite más. Los golpes musicales que se convierten en cadencia imparable cuando los Tarly son condenados… más allá de los lamentables defectos de caracterización, el quiebre entre la futura reina y su mano es indeleble, gracias al impecable trabajo visual y el control de Peter Dinklage sobre su personaje.

Jaime regresa (¿trotando?) a Desembarco del Rey y ni siquiera le agradece a Qyburn la delicadeza de darle una ballesta anti-dragones. “Típico”, piensa Qyburn en el fanfic que algún día escribiré, “en este reino nadie te agradece nunca nada... ¿será porque mi horrenda cara los incomoda? ¿debería dejarme una barba tipo Gandalf o Merlín? A ellos siempre les dan las gracias…”

A Cersei no le importa mucho la derrota, y ya está pensando en los mercenarios que va a comprarse en Essos (para Cersei todo lo que no sea ni ella ni su hermano es extranjero). Jaime no está tan seguro, es terminante: “esta no es una guerra que podamos ganar”. Cersei no está dispuesta a que nadie la baje de su trono, y hace una referencia a Tyrion, asesino de su padre y de su hijo, que Jaime aprovecha para comunicar a su hermana la confesión de Olenna Tyrell, la verdadera envenenadora de Joffrey.

A diferencia de otras duplas actorales en la serie, Nikolaj Coster-Waldau y Lena Headey transmiten la pasión entre sus personajes a cada una de sus escenas… y aún así, este intercambio de información parece redundante, expositorio ¿por qué cambia de tema Jaime? ¿por qué es necesario cargar una escena de tantos datos cuando la realidad de la guerra es mucho más importante que lo que sea que dijo Olenna? ¿Espera Jaime que esta información ablande a la reina? ¿Qué tiene que ver el culo con la memoria? Una vez más, no es clara la motivación detrás de las decisiones de cada personaje - excepto de Cersei.

Varios artículos se preguntan por qué si ha pasado tanto tiempo Cersei aún tiene el pelo corto. Para mí es uno de los contrapuntos visuales más interesantes de la serie ya que Cersei y Gregor Clegane son más o menos lo mismo: muertos en vida, que han cumplido su función y sin embargo siguen adelante. Cersei pasó una vida entera buscando evitar que la profecía de Maggy la Rana se hiciera realidad, pero todo lo que la bruja anticipó terminó ocurriendo, y con la muerte de sus hijos de algún modo Cersei también murió. Por eso en esta escena no acepta ningún razonamiento por parte de Jaime: no va a permitir que nadie le quite la adrenalina del poder, lo único que parece estar manteniéndola viva.

Un Emmy especial, por favor, al productor que encontró la locación de los riscos de Rocadragón. Hasta el inexpresivo, eternamente fruncido ceño de Jon Snow parece el pico del romanticismo. Hasta que llega la reina madre montada a su lagartija gigante.

De a poco va quedando clara la función de este episodio: Shakman quiere que veamos a Daenerys, nuestra protagonista, a través de los ojos de los demás personajes. Cuando está impartiendo justicia, Tyrion la ve como una tirana. Cuando está regresando triunfal, Jon sólo ve un enorme, salvaje dragón. Cuando da el discurso a los soldados Lannister, no ven una reina, la “mhysa” liberadora de la tercera temporada, sino exactamente lo que ella dice no ser: Cersei Lannister.

Drogon se acerca a Jon con curiosidad, mientras (una vez más) la expresión de Emilia Clarke no delata lo que su personaje está pensando, con una expresión que podría ser temor, curiosidad, o que le pica la nariz. Jon, impulsado por vaya a saber qué, controla su propio miedo, se saca el guante y acaricia el hociquito de la GIGANTESCA BESTIA ASESINA que lo tiene acorralado. Drogón… ¿ronronea?

Es una linda escena, sin duda el mejor “efecto dragón” que hayamos visto en la serie, con primeros planos que no cortan ni por un segundo la sensación de que Drogon es un animal real. Es verdad que la escena parece desconectada de lo que viene y lo que vendrá, pero en algún lugar tenía que entrar y, con tan pocos capítulos, poco se puede hacer.

Es la primera pista que recibe un personaje de la serie que no sea Bran del linaje Targaryen de Jon Snow. Ninguno de los dos entiende el significado de lo que acaba de ocurrir, pero Daenerys oculta su sorpresa y recupera su fachada de generala sangrienta (Emilia está flojita esta temporada, pero la reacción a Jon basureándole los dragones es impagable).

Sin embargo, la justificación de las acciones de la Khaleesi embarra aún más nuestro entendimiento (o al menos el mío) de lo que el personaje realmente quiere. Sabemos que el ataque al convoy fue un acto impulsivo, fruto de la impotencia por las constantes derrotas, pero según ella fue simplemente una demostración de fuerza para proteger a los débiles ¿cree realmente esto Dany? ¿está tratando de racionalizar sus acciones? ¿se avergüenza de ellas? (jamás)

Como Jaime en la escena anterior, Dany cambia de tema, llevando la conversación a aquel cuchillo clavado en el corazón de Jon, mencionado por Davos en su primera audiencia. Y antes de que Jon pueda mentir a Daenerys, Jorah Mormont regresa a escena. Y dobla la rodilla antes de que la reina se lo pida… ¿vés Jorah? Por eso sos su favorito.

En Invernalia, Bran parece controlar una bandada de cuervos, camino a una nueva locación, la misma que el Perro vio entre las llamas: Guardaoriente del Mar. El ejército del Rey de la Noche está cada vez más cerca, y Bran ordena al Maestre de Invernalia enviar cuervos… ¿pero no es que él puede controlar…? No importa. No importa. Ya se que nunca voy a entender los poderes de Bran.

En la Ciudadela, Sam escucha la conversación entre los maestres y les ruega creer en la palabra de Bran Stark. En un momento Sam dice que Bran “sobrevivió años más allá del Muro” y es una de las pocas veces en las que la serie realmente reconoce el paso del tiempo. También Sam, como Sansa, es uno de los pocos personajes que han cambiado a lo largo de estos años. En el momento triunfal en el que este ex-cobarde se planta y razona con sus superiores, revelando que vio al ejército de los muertos con sus propios ojos, Sam parece casi otro personaje, su voz grave, su mirada firme. Igual no sirve de nada, pero ¿quién diría que las escenas de Sam estarían entre lo más interesante de la temporada?

Los cuervos de Bran también han llegado a Rocadragón, donde Tyrion intenta racionalizar los motivos detrás de las acciones de Daenerys después de la batalla. Varys, con su mejor cara de “no llego vivo al final de esta temporada” literaliza las comparaciones que la serie ha sugerido: Daenerys se parece demasiado a su padre.

Jon se presenta frente al consejo de Daenerys, que le presta todavía menos atención que los maestres a Sam. Mientras que Tyrion tiene la primera buena idea de la temporada… si nadie cree en el ejército de los muertos ¿por qué no capturan uno y lo llevan a Desembarco del Rey para mostrarlo? Por supuesto, van a tener que infiltrarse en la ciudad, pero para eso está Davos. Jorah acepta acompañar a Jon más allá del muro… quizás para apuñalarlo por la espalda, porque (gracias Matt Shakman) Jorah parece ser el único que ve el labio de Daenerys temblar frente a la posibilidad de que los muertos vivos se coman a Jon.

En Invernalia… ¿parece que hubieran pasado cinco capítulos? De repente, los Señores del Norte son el fan club de Sansa y están a punto de hacer un mini golpe de estado, hasta que Sansa ve a Arya mirándola de reojo y reitera su confianza en Jon. Arya no está convencida (hay un violincito siniestro que no para de sonar), y se indigna todavía más cuando se da cuenta de que Sansa está ocupando el cuarto de Ned y Cat.

Arya, que parece haber ido a la escuela de diplomacia de Daenerys Targaryen, recomienda decapitar a cualquier Señor que hable mal del Rey en el Norte, y de paso usa sus trucos de asesino jedi para leer la mente de Sansa y dictaminar que ella está pensando en traicionar a Jon, aunque no quiera hacerlo. A los ojos de Arya cualquier personaje que busque poder es automáticamente despreciable.

Davos y Tyrion llegan a Desembarco del Rey, buscando ablandar a Jaime. La conversación previa en la que los dos parecen tomar con ligereza sus tragedias del pasado repite un patrón de esta temporada: líneas de diálogo que buscan recordar personajes o momentos del pasado. Por un lado es efectivo, ya que inyecta cierta importancia a la temporada, magnificando la sensación de que estamos llegando al final… pero estas líneas a la vez parecen trivializar aquellos sucesos. Tyrion pasó una temporada entera borracho luego de matar a su padre. Aguasnegras no fue una broma para Davos ¿va a estar haciendo chistes sobre Shireen en el próximo episodio?

¿Qué importa? Las escenas que importan están realmente bien, y ninguna escena es tan importante como el reencuentro entre Jaime y Tyrion. El diálogo no solo es perfecto, haciendo eco de años de resentimiento, sino que justifica toda la construcción previa. Tyrion y Jaime terminaron siendo manos derechas de reinas en las que no confían del todo, y se vuelven a encontrar sabiendo lo mucho que necesita el uno del otro. Guionista y director entienden que la negociación no es lo importante de esta escena, y cortan justo a tiempo.

Después de varias temporadas, el misterio se resuelve: ¿dónde estaba Gendry, el bastardo de Robert Baratheon? en la misma ciudad de la que huyó hace años, “justo bajo las narices de la reina”. Y parece que entre yunque y yunque Gendry estuvo estudiando teatro, porque el monólogo en el que expresa su frustración a Davos es corto, intenso, y a la vez natural ¡y aparte pelea! ¡con un martillote! ¿es muy tarde para cambiar el actor que hace de Jon Snow?

Lena Headey es maravillosa. Cuando Jaime le dice a Cersei “me encontré con Tyrion”, no se mueve un sólo músculo de su rostro, pero parece que salieran rayos láser de sus ojos. Y sin embargo, la escena va en una dirección imposible de predecir, cerrando con la noticia de que Cersei está embarazada, y esos mismos ojos asesinos brillan como los de una chica de shojo manga cuando revela a Jaime que él es el padre.

En dos escenas Gendry demuestra haberse convertido en un personaje adorable y quizás el peor jugador posible del Juego de Tronos, revelando su verdadera identidad a Jon Snow y de paso, llamándolo petiso antes de auto-reclutarse para cazar espectros en el Norte ¿cuál es la jugada que Davos tiene en mente? La única que puede legitimar a Gendry es la mismísima reina Cersei. Dudo que lo haga.

Este segundo tercio del capítulo se relaja un poco, permite respirar las escenas, y aunque el encuentro de Jon y Gendry o la reunión de Jorah y Tyrion no tengan la importancia de otras escenas, se recupera un espíritu de camaradería que la serie quizás había perdido entre grandes eventos y revelaciones. Una pena que Jon y Dany tengan que arruinar el final de la escena con su química negativa. Esos dos son uña y pizarrón.

En la Ciudadela, Gilly encuentra por casualidad la que quizás sea la línea más importante de la serie. Un tal príncipe Rhaegar, parece, anuló su matrimonio y se volvió a casar en secreto en Dorne. Rhaegar, claro, concibió a Jon Snow junto a Lyanna Stark. Esa línea, y los documentos pertinentes, indican que Jon no es un bastardo, sino un heredero legítimo del trono. Pero Sam está en otra, furioso con sus maestres, y termina robándose media biblioteca secreta en busca de una solución que podría no existir, abandonando el templo del saber con el que soñó toda su vida.

En Invernalia, Arya espía a Meñique manipulando a los Señores del Norte, y aunque al principio parece que fuera a favor de Sansa, en realidad parece estar tratando de cubrir evidencia… ¿pero de qué? Arya se mete en el cuarto de Meñique, y el mensaje resulta ser la carta que Sansa envió a Robb en la primera temporada, obligada por Cersei, rogándole que se rinda. La cámara revela que Meñique sabe que Arya lo está espiando, y está buscando enemistar a las dos hermanas.

Jon llega a Guardaoriente del Mar. A ¿cuánto? ¿3000 kilómetros de Rocadragón? Ni pensemos en cuánto tiempo pasa esto. Ni pensemos que está pasando con los Inmaculados en Roca Casterly, ni tratemos de organizar la línea de tiempo de Invernalia. Lo único que espero es que la próxima vez que veamos a Cersei tenga una panza de seis meses.

En el castillo, Tormund expresa con delicadeza sus dudas sobre el plan de Jon, y le presenta a un simpático grupo que también busca ir más allá del Muro: la Hermandad sin Estandartes feat. El Perro. También recordamos que Jorah conoce a Thoros, que la Hermandad vendió a Gendry a la Mujer Roja, que Jeor Mormont cazaba salvajes como animales… todo esto es verdad, pero es un poquito demasiado. Poniente es más chiquito que Tres Arroyos, y parece tener la misma cantidad de habitantes.

Finalmente, el grupo (“Snowcean’s Eleven”) marcha más allá del Muro y… y el capítulo termina. Si el anterior había terminado con un gancho falso, este termina con la nada.

(¿y dónde planean guardar al espectro, EH?)

A pesar del problema consistente de las motivaciones de los personajes, la necesidad de compactar demasiada información en cada escena, y graves problemas de estructura que lo dejan sin final, “Eastwatch” tiene suficientes momentos para que algún redactor generoso lo considere un par de escalones por sobre la (alta) media de la serie.

Un patrón que se repite a lo largo de esta temporada es la discusión de puntos de vista. Dos personajes que tienen distintas interpretaciones de algo que ha pasado o pasará. En este episodio tuvimos varios: Jaime y Cersei hablando de la guerra, Jon y Dany post encuentro con Drogon, Tyrion y Varys sobre Dany, Sam y los maestres sobre el ejército de los muertos. Es interesante ver cómo las ideas se contraponen, pero a la vez amplifica la desconexión que hay entre lo que los personajes dicen y lo que hacen. Analizan, discuten, plantean argumentos, pero las acciones y reacciones hablan por sí solas, anulando la conversación. Solo la historia de Sam cierra de forma satisfactoria, dejando claro todo lo que Sam sacrifica y, con una frasa, reivindicando a ese personaje para siempre (bue, por ahora).

El guión de este capítulo, de Dave Hill, es torpe, repetitivo, declamatorio, una colección de escenas sin pies ni cabeza, ninguna de las cuales encuentra suficiente carga dramática como para oficiar de final. Y sin embargo, ni toda la cháchara del mundo puede opacar la revelación de Cersei, el cambio de perspectiva con respecto a Daenerys, el romance de Jon y Drogon, la furia de Arya, o la reunión de los hermanos ¿hace cuánto que no teníamos un capítulo dedicado a Tyrion? resulta esperanzador que los guionistas hayan perdido el miedo a desarrollar el personaje que cumple el rol del alter ego del autor de las novelas. Como la incursión de Dany y Drogon, es un acto simbólico. Una demostración (con fundamentos) de orgullo en la dirección en la que están llevando la historia.

Es un buen momento para recordar que Game of Thrones siempre ha funcionado mejor en momentos específicos que en capítulos completos. Dudo que algún lector recuerde qué pasaba en la primera mitad de “The Rains of Castamere” o “Hardhome”, y aunque esto no es una justificación para el caos estructural de estos capítulos, me siento cómodo decidiendo que esos grandes momentos pesan mucho más que los pasos en falso.

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