Análisis

ANÁLISIS: Fragmentado (Split, M. Night Shyamalan, 2017)

Shyamalan está de vuelta y nos trae una de sus grandes historias de suspenso.
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Por: Jessica Blady

Cuando M. Night Shyamalan quiere, puede. Después de una seguidilla de fracasos absolutos, el guionista y director decidió cambiar el rumbo y ambicionar historias más chiquitas e independientes, siempre ancladas en el terror, la fantasía y todos esos géneros que tanto le gustan.

Esta nueva etapa de su carrera –auspiciada por Jason Bloom, capo de las franquicias de terror de bajo presupuesto- arrancó con la muy bien recibida “Los Huéspedes” (The Visit, 2015) y ahora suma “Fragmentado” (Split, 2017), un thriller de suspenso que tiene a James McAvoy en el centro de la escena, poniéndose en la piel de Kevin, un muchachito con desorden de personalidades múltiples que comparte su vida con 23 alter egos.

Su personalidad más destacada, la que lleva las riendas de su vida “normal”, es Barry, un sensible diseñador de modas que trabaja sin molestar a nadie. Pero hay otras personalidades que quieren tomar el control, entre ellas Dennis (una de las más fuertes) y Patricia, una fanática religiosa.

Estas dos figuras, junto con el pequeño Hedwig (un nene de nueve años), creen en algo más poderoso y deciden prepararse para su llegada. Así, Dennis secuestra a tres jovencitas y las encierra en un sótano aislado, supuestamente, para alimentar a “La Bestia”, una nueva personalidad que está por emerger poseedora, entre otras cosas, de fuerza sobrehumana.

Casey (Anya Taylor-Joy), Marcia (Jessica Sula) y Claire (Haley Lu Richardson) no tienen la menor idea de con qué están lidiando, ni que les espera, y todo se complica un poco más cuando son separadas tras un fallido intento de fuga.

Por su lado, Kevin sigue asistiendo con regularidad a las sesiones con la doctora Fletcher (Betty Buckley), psiquiatra que apoya firmemente la teoría del trastorno y trata de mantener a su paciente lo más cómodo y tranquilo posible. Las señales de los cambios de humor son bastante visibles y la terapeuta empezará a bucear en el pasado del chico para entender las razones de semejante comportamiento.

Shyamalan esboza varias cosas interesantes. Por un lado, una historia llena de tensión, traumas y giros inesperados; y por el otro, un planteo bastante singular sobre las capacidades del cerebro y la evolución de los seres humanos.

Como si se trataran de los mutantes de X-Men, el realizar se despacha con la hipótesis de que estos pacientes con múltiples personalidades son capaces de aprovechar regiones de la mente que, nosotros simples mortales, ni llegamos a comprender. Así, el trastorno disociativo se convierte en una gran excusa para explicar fenómenos sobrenaturales, un tema que ya se exploraba en las películas de terror de la década del setenta.

Más allá de los tópicos psicológicos, que por momentos pueden ponerse un tanto densos, Shyamalan y su protagonista nos hacen dudar a cada segundo. McAvoy se carga la película al hombro y transita por la locura y las diferentes personalidades que se “apoderan” de su cuerpo.  

Taylor-Joy (la jovencita de “La Bruja”) y sus amigas terminan siendo una excusa para definir al protagonista/villano, pero al menos no se convierten en las típicas adolescentes molestas y inverosímiles que abundan en los films de terror. Casey es una muchachita bastante alienada con sus propios mambos, recuerdos dolorosos que vuelven a surgir durante su cautiverio y que, de alguna manera, la “conectan” con su captor.     


“Fragmentado” es un gran thriller de suspenso que triunfa, precisamente, por su falta de pretensiones, buenas actuaciones y una historia que da en el clavo. No es una película perfecta, pero (si s quedan hasta el final) puede ser el principio de algo mucho más interesante. El Shyamalan que pretendía ser el nuevo “Steven Spielberg” va encausando su camino. Por más ideas originales y menos cameos innecesarios, amigo.  

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