Análisis

ANÁLISIS: El Potro, Lo mejor del amor

Cuentan las malas lenguas que casi echan del cine a Johanna por bailar en la sala.
Avatar de Johanna Garabello

Por: Johanna Garabello

Es innegable el talento, carisma y magnetismo de Rodrigo como ícono nacional. Hayamos sido más cercanos al movimiento de la música de bailanta en esa época, casamiento, cumpleaños de quince o cumpleaños que suene un cuarteto y esa tonada… Todos movemos los pies. Amado por muchos, querido por todos, “esos ojos, esa carita” diría mi mamá. Rodrigo Bueno traspasó las barreras de fronteras provinciales, clases sociales y estratos. Su muerte a los 27 años, quizás hizo mecha en exaltar su figura, pero su lugar como ícono cultural en nuestro país está.

Después de un excelentísimo trabajo como directora de “Gilda: No me arrepiento de éste amor”, Lorena Muñoz vuelve a contarnos la historia del mítico cordobés. Y el resultado es más que satisfactorio.

Con una estructura similar de biopic, la directora nos muestra una historia por momentos honesta, por momentos demasiado cruda, de quién fue Rodrigo Bueno. Quién desde joven triunfó como “El Bebote” y se transformó en el Potro sin domar que conocimos tomando vino sin soda, porque así, pega más. Siempre con el apoyo familiar presente, fallece en un accidente automovilístico que lo incluye en el mítico club de los 27. Pero desde ese muchacho de pelo largo que tiraba chupetes a las chicas, a llenar 13 Luna Parks (es canon que una pequeña Johanna con su madre estuvo ahí), con altos y bajos en carrera y su vida personal que no tuvieron miedo de mostrar en pos de hacerlo ver más agradable repitiendo el compromiso de su biopic anterior.

Sin caer en comparaciones con la película de Gilda, la película tiene buen ritmo, es entretenida y se mueve al tono de la música que avanza y marca cada una de las etapas en la vida del músico. Está muy bien narrada, sin baches, personajes familiares pero sin caer en que quieras que te caigan bien, no tiene miedo de mostrar que algo está mal con alguno de los personajes en orden de que los quieras. Son humanos. A diferencia de la peli de Gilda, ésta es mucho más rápida, dinámica y ecléctica, pero con una altísima carga emocional. Una de las grandes virtudes de ésta producción es el carisma natural del personaje principal, que constantemente está sacando sonrisas. Y al mismo tiempo, muestra un nivel de altibajos emocionales extremos que muestran un lado oscuro del personaje que quizás, no conocíamos. Ese baile entre la comedia y el drama, nada pierde fuerza y se muestra con una impactante brutalidad.

Rodrigo Romero cumple con creces el rol del personaje, no sólo en su parecido físico sino además con un amplio registro como actor. El resto del reparto está totalmente a la altura, con mención especial a Florencia Peña, Daniel Araóz y un muy muy iluminado Fernan Mirás, con un rol muy conmovedor y altamente querible.

Muñoz se arriesga mucho más en ésta película, en especial a contar ciertos aspectos en la vida del ícono. Es una película más madura y cruda. No tiene miedo de mostrar a Rodrigo como el carismático cordobés y como un hombre con serios problemas emocionales, con un problema de adicciones e ira, que dan a entender ciertos trastornos mal llevados y nunca diagnosticados, con todas las consecuencias que eso implica en la vida de aquellos cerca suyo.

El Potro: Lo mejor del amor es una película redonda, que conmueve seas fan o no, hayas sufrido su pérdida o no, y creo que esa fuerza es posible gracias al choque de titanes que formaron parte de la producción y el talento de Muñoz para acercarnos íconos a un nivel humano con una destreza magistral.

Si sólo vas a ver una película ésta semana, que sea ésta. 

En esta nota
  • análisis
  • potro
  • rodrigo

Comentarios