Análisis

ANÁLISIS: DuckTales 2017 S01E01: Woo-oo!

El esperado regreso de la icónica serie animada de Disney nos muestra varios cambios interesantes
Avatar de Maximiliano Baldo

Por: Maximiliano Baldo

Décadas atrás Disney estrenaba una serie animada para TV que cambiaría varios estándares de la época. DuckTales (o "PatoAventuras", como lo tradujeron aquí) hacía enfoque en el personaje de Rico McPato, el Tío Rico o, en su nombre original, Scrooge McDuck, el pato más rico del mundo; un viejo tacaño que oficiaba de pariente cercano del Pato Donald y que le permitió a su creador, Carl Banks, erguir a su alrededor toda una leyenda de aventuras de acción que inspiraría a incontables mentes a lo largo de los años, incluyendo a Steven Spielberg y George Lucas (¿la piedra rodante en la primera aventura de Indiana Jones? Banks ya lo había hecho en un comic de Scrooge).

La serie original se nutría bastante de los trabajos de Banks, mostrando al titular Scrooge a cargo de Huey, Dewey y Louie (Hugo, Paco y Luis), los sobrinos de Donald mientras él estaba ausente por haberse enlistado en la Marina. Cada episodio era una aventura y eso, sumado a un impresionante nivel de calidad en las animaciones, dio inicio a una era dorada en la empresa del Ratón, que luego nos continuaría deleitando con otros programas de gran calidad, como Chip y Dale, PilotWings y Darkwing Duck.

Pasó el tiempo, pero la nostalgia por volver a pisar las calles de Duckburg (Patolandia) continuaba en algún rincón de los que experimentamos aquella serie y, especialmente, los que leímos los trabajos tanto de Carl Banks como de Don Rosa, otro ferviente admirador del universo creado por Banks, que lo expandió en su propia serie de comics en la que intentó darle a Scrooge una mejor continuidad. Nunca voy a cansarme de recomendar leer "La Vida y Obra de Rico McPato" ("The Life and Times of Scrooge McDuck"), una serie de doce novelas gráficas que narran la vida de Scrooge desde sus humildes orígenes en su Glasgow natal hasta su primer encuentro canónico con sus sobrinos. Y ahora más que nunca, pues el reboot de la serie que acaba de estrenarse este sábado pasado parece tomar muchos elementos de esa continuidad.

Disney ya nos había anunciado el regreso de la serie cuando Gravity Falls iba llegando a su conclusión, dejando a muchos viejos nostálgicos (ejem) muy entusiasmados, aunque también un poco cautelosos. ¿Podía esta serie funcionar en los tiempos actuales? Disney estaba pasando por un buen momento a nivel calidad en sus series animadas, pero... ¿lo suficientemente bueno para superar la barrera de la nostalgia?

Poco a poco se fueron filtrando noticias sobre la producción de la serie, empezando por muestras de arte que destacaban un rediseño de los personajes; más modernos, más "cuadrados", más coloridos, incluso. Luego siguió la revelación de los actores de voz principales, haciendo especial énfasis en el propio Scrooge, cuyo icónico actor de voz, el gran Alan Young, ya no podría volver a hacer partícipe de su voz debido a su deceso. Sería la gran sorpresa para todos escuchar al Décimo Doctor, el mismísimo David Tennant, cargarse al hombro la enorme responsabilidad de honrar la memoria de Young y darle al personaje principal el tono digno de un magnate aventurero escocés. No estaría solo en esta cruzada, pues también se buscó un perfecto juego de voces para acompañar las travesuras de Huey (Danny Pudi), Dewey (Ben Schwartz) y Louie (Bobby Moynihan), que por primera vez dejan de ser el mismo personaje repetido tres veces para volverse individuos con personalidades propias.

Con el correr del tiempo y las muestras a cuentagotas de pequeños segmentos animados de parte de Disney, el primer episodio de la nueva serie llegó a las pantallas de televisión Norteamericanas en un especial de una hora; y es de esto de lo que hoy vengo a contarles, luego de más de 3000 caracteres de introducción. Sabrán disculparme por el entusiasmo.

DuckTales 2017 es una reimaginación de la serie original pero en tiempos modernos. Queda evidenciado en los primeros minutos del episodio, cuando vemos a Donald usar un teléfono celular; una imagen que resulta muy difícil de procesar aún en una segunda proyección.

Donald y sus sobrinos viven en un viejo barco en los muelles de Duckburg, en obvias condiciones precarias evidenciadas por el hecho de que nuestro pato refunfuñón intenta prepararse para una entrevista de trabajo. Debido a una maniobra de los sobrinos no hay posibilidad de que su niñera llegue a tiempo para cuidarlos, y Donald--que se muestra extremadamente sobreprotector durante todo el episodio--decide que sólo le queda una opción: llevar a sus sobrinos con su tío, el magnate Scrooge McDuck; algo que Donald está absolutamente reacio a hacer.

Vemos, también, la perspectiva de Scrooge, reunido junto a un grupo de buitres (sus asesores financieros; el show tiene muchos de estos gags visuales) aburriéndose con el mundo de las finanzas en números, sintiendo que su vida se ha vuelto una rutina. Un viaje en limusina de regreso a su mansión revela que McQuack oficia de chofer y que sigue siendo tan atolondrado como siempre. Veremos varios chistes venir de su personaje a lo largo del episodio ("¡Soy piloto!") y son todos muy bienvenidos. No tan bienvenido es el encuentro con Donald en la puerta de la mansión y, tras un incómodo momento de silencio, tío y sobrino intercambian palabras que dan a entender que su relación ha estado pasando por momentos muy difíciles desde hace años.

Palabras van, palabras vienen, Donald consigue convencer a Scrooge de cuidar a sus sobrinos, quienes están encantados de conocer a su tío magnate. Una pena que el tío magnate no tenga la más mínima idea de cómo tratar a los jóvenes, eventualmente ordenándoles quedarse en una vieja habitación hasta que Donald regrese. De aquel tedio Huey, Dewey y Louie son rescatados ("raptados", en realidad) por Webby, la nieta de cuidadora de la casa, la Señora Beakley. Estos dos personajes han recibido cambios radicales de diseño y personalidad, con Beakley, antes una dulce y regordeta ama de llaves, hoy una mujer de fuerte carácter y determinación; y Webby, antes una niña que cumplía el rol de personaje femenino, hoy una entusiasta jovencita en búsqueda de aventuras.

Será Webby quien revelará a los trillizos la verdadera naturaleza de Scrooge y Donald y sus aventuras pasadas, y es este encuentro, pequeño accidente mediante que libera algunos monstruos de menor calibre, lo que mostrará a Scrooge que todavía tiene ansias de aventura y que son estos jóvenes los que pueden hacerle volver a las viejas glorias. Mientras tanto, Donald ha conseguido empleo... a manos de Flintheart Glomgold, un viejo y reconocido rival de Scrooge.

Así da fin la primera mitad del episodio, con personajes bien definidos y un fondo de historia para la segunda mitad, en la que nuestros protagonistas se lanzan a la primer gran aventura: la búsqueda de la ciudad perdida de la Atlántida. No faltará acción en esta segunda mitad, pero el foco continúa siendo el desarrollo de los personajes. Scrooge todavía no diferencia bien a los trillizos y la serie aprovecha para zanjar las especificaciones de personalidad de cada uno, con Huey como el "hermano mayor", optimista, líder, organizado; Dewey, como el "hermano del medio", que quiere ser reconocido por su tío; y Louie, el menor, el más relajado y, por lo poco que se ve en el episodio, el que pasa la mayor parte del tiempo junto a Webby, enseñándole a mentir para que su abuela Beakley no se preocupe por el viaje.

Mientras tanto, Glomgold tiene sus propios planes para viajar a la Atlántida, para lo cual ha contratado a "lo mejor de lo más barato", un grupete de matones que le ayudarán a lidiar con cualquier inconveniente en el camino a la ciudad perdida... y también a Donald, que intenta entablar diálogo con estos evidentes rufianes mostrándoles fotos de su familia y enseñándole al público más muestras de sobreprotección hacia sus sobrinos.

Ambos grupos llegan a la ciudad perdida... que está cabeza abajo. Es un detalle fantástico con el que el episodio juega muchísimo durante todo el resto de la aventura, incluyendo varios momentos en los que Donald, habiendo reparado en la presencia de Scrooge y sus sobrinos, debe actuar a espaldas de su propio grupo para sabotearlos. El episodio no pierde empuje en ningún momento, ya sea llenando huecos con interacciones entre personajes o lanzándolos a momentos de acción, finalmente puntualizados por un par de escenas en las que la serie parece intentar querer decir más de lo que puede mostrar... y hay motivos para esto.

No voy a spoilear lo que sigue. Sí, leyeron bien... hay spoilers en la nueva serie de DuckTales. No es spoiler decir que los patos regresan sanos y salvos a casa (o sea... vamos...), pero sí hay una escena justo al final del episodio, y apenas una única palabra enunciada, que cambia totalmente la dinámica de la serie, dándonos a entender que habrá una historia principal de fondo, un poco similar a lo que ocurría con Gravity Falls y, en menor medida, Star vs. The Forces of Evil. Los que conocemos un poco del canon de los personajes, y especialmente los que leímos los comic de Don Rosa, nos quedamos boquiabiertos con ese final, y al volver a ver el episodio uno comprende mejor el medio millón de pequeñas referencias que plagan algunas tomas en particular, desde elementos escondidos en los escenarios hasta frases específicas enunciadas por los protagonistas.

DuckTales 2017 arrancó con todo lo que podía esperarse y más. En menos de una hora redefine a sus protagonistas y los adapta a los tiempos modernos. La estética de la serie se siente fresca y los actores de voz consiguen darle vida e individualidad a sus personajes. Alégrense, viejos fanáticos; este no es un simple reboot que se sostiene a base de nostalgia: es un nuevo comienzo, una ingeniosa reinvención y una puerta que se abre a miles de aventuras y toneladas de tesoros.

Y no hay tesoro más grande que una serie con corazón de oro. Bienvenidos de vuelta, DuckTales. No sabía cuánto te había extrañado. Woo-oo...

En esta nota
  • ducktales
  • patoaventuras

Comentarios