Análisis

ANÁLISIS: Death Skid Marks

Un poco de Roguelite... un poco de acción arcadosa... y un montón de diversión. ¡Arrancamos!
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Por: Maximiliano Baldo

El término "Roguelike" refiere a juegos que basan su estructura de forma similar al título que da origen a la expresión, es decir, a "Rogue"; un juego de rol y exploración en el que nos movemos casilla por casilla a lo largo de mapas procedurales cargados de una dificultad elevadísima y esa cosa tan simpática llamada "Perma-Death" (Muerte Permanente). A lo largo de los años el término se utilizó para definir a otros juegos que siguen la misma filosofía, aunque poco a poco las reglas han ido mutando, tomando algunos elementos de esa jugabilidad y mezclándolos con otros, generando nuevos híbridos.

Así, "RogueLIKE" pasa a "RogueLITE", término que se usa para definir experiencias Gamer que tienen algunos--pero no todos--los elementos de aquel juego original. En general, los elementos más utilizados de este sub-género son la muerte permanente, la generación aleatoria de sesiones de juego y la elevada dificultad; aunque algo nuevo también se añadió a esta mezcla: la posibilidad de desbloquear contenido adicional tras una sesión particularmente fructífera, de manera que nuestras próximas partidas tengan un sabor un poquito diferente, manteniendo el interés del jugador siempre en alza, incitándole a volver a jugar una y otra vez, a fin de obtener mayores recompensas y abrir todo un abanico de posibilidades.

Hago esta apertura porque esa es, en mi opinión, una de las mejores formas de explicar el concepto básico de Death Skid Marks; un juego que surgió hace ya unos años pero que pasó muy por debajo del radar, al punto que hace apenas un par de meses que tuve la enorme alegría de descubrirlo en una de las famosas ofertas de Steam. Experiencias como las que me otorgó este título merecen sr compartidas.

Una de las primeras cosas que se destacan de este juego es su apartado audiovisual. Tanto su diseño de arte estrafalario y caricaturesco como su poderosa banda sonora captan nuestra curiosidad de inmediato, y una vez que vemos el juego en movimiento todas las piezas comienzan a encajar. La historia es bien simple: encarnamos a Mark Skid, un metalero que tiene un único objetivo: asistir al concierto más espectacular de toda su vida. ¿El problema? Hay que recorrer los 666 kilómetros de la peligrosísima Ruta 666, que está colmada de locos al volante. Ah, y tampoco tenemos los tickets para el concierto, así que habrá que conseguirlos durante el viaje.

El juego se reduce a un combate sobre ruedas a lo largo de la ruta, con secuencias de acción definidas por encontronazos con el vehículo adversario de turno. En un principio todo es fácil y elemental; bastará con empujar los vehículos enemigos contra los guardarrailes a los costados del camino hasta verlos volar en mil pedazos, pero luego de un par de lindas explosiones nuestros adversarios comenzarán a llegar acompañados y armados. Afortunadamente no estaremos solos en este viaje, ya que entre tramo y tramo de ruta haremos detenciones para reclutar pintorescos compañeros de camino y adquirir mejoras para todo el grupo. Estos personajes poseen diferentes niveles de habilidad para efectuar y resistir ataques físicos y a distancia, debiendo nosotros colocarlos en el asiento más apropiado y otorgarles el arma indicada para sacarles el mayor provecho, así debamos adquirir alguna que otra substancia ilegal para potenciar las resistencias individuales.

Incluso nuestro vehículo puede ser mejorado en los garages que encontramos en cada pausa, ya sea para hacer reparaciones en la integridad del auto como también adquirir nuevas piezas para potenciar nuestras habilidades de resistencia y embestida. Pero todo esto cuesta dinero, y para ir cosechando billetitos siempre podremos pedir "trabajitos" entre tramo y tramo de ruta. Cada pasajero puede llevar un trabajo que nos remunerará con efectivo contante y sonante al cumplir sus especificaciones, ya sea destruir vehículos, eliminar individuos, perder a nuestros propios personajes o superar con éxito esos segmentos de asfalto. Además de detenciones para hacer comprar y reponer energías, de vez en cuando irán apareciendo paradas especiales, como un casino en el que sacar la combinación precisa en la máquina tragamonedas puede resultar fatal, un centro médico que nos da la posibilidad de hacer experimentos con uno de nuestros tripulantes, un tenso juego de Ruleta Rusa y una visita a Zhugtar el todopoderoso, a quien le podemos pedir un deseo con inesperados resultados. Vayan a visitarlo, no se van a arrepentir... espero.

En cuanto a su jugabilidad, Death Skid Marks se siente bastante básico. Literalmente, lo único que hay que hacer es sobrevivir a cada encuentro en la ruta y hacer pedazos al vehículo enemigo. Y eso sería muy malo a los fines del juego... si no fuera porque el juego se encarga de diversificar las situaciones, tanto con el tipo de vehículo al que enfrentaremos, sus tripulantes, las armas que éstos llevan encima y hasta las condiciones de la ruta, que puede incluir manchas de aceite que nos hacen perder el control, baches que dañan ligeramente nuestro chasis y hasta barreras que dividen la acción en dos. Muchos de los peligros pueden preverse prestando atención a la señalización al entrar a los diferentes tramos de la 666, y si tenemos la oportunidad de hacer una parada para obtener un trabajito que nos beneficie especialmente del segmento que se viene, mucho mejor.

Hay que mencionar que la dificultad general del juego es muy elevada. No lo parece al inicio del viaje, pero ya llegando a un cuarto del camino nos veremos cara a cara con poderosos vehículos blindados y hasta algunos jefes particularmente agresivos. Es imperativo estudiar sus modos de ataque para que el próximo encuentro nos vea mejor preparados para enfrentarlos, pues es muy probable que en nuestra primera oportunidad nos hagan trizas. Y es que morir en la 666 es muy fácil. ¿Obtenemos algo de todo esto? Sí, las muertes que nosotros causamos en la partida. Todas se suman a un contador de muertes global que sirve de moneda para intercambiar por calcomanías al inicio de nuevos juegos, cada uno otorgando algún beneficio o, mejor aún, destrabando un nuevo modo de juego. Lo único malo que puedo decir de esto es que el precio de las calcomanías suele ser elevado. Puede entenderse para las que habilitan nuevo contenido, pero ya no tanto para las demás. Finalmente, también podemos habilitar nuevos vehículos al cumplir requerimientos que se dividen entre eliminar a ciertos jefes o llevar a tal o cual personaje al concierto con su ticket en mano. Cada nuevo vehículo posee cualidades propias, desde el número de asientos para llevar acompañantes hasta niveles de resistencia, armamento y alguna que otra habilidad especial que puede hacernos la vida un poquito más fácil en la próxima sesión de juego.

No hace falta una historia profunda y compleja para poner a funcionar los engranajes de este juego. Si hay una cosa que Death Skid Marks demuestra es que la diversión no está en el destino, sino en todo lo que ocurra durante el viaje; así que súbanse al auto y agárrense fuerte, que la 666 no da ni pide tregua... pero Mark Skid y su grupo de locos tampoco.


Cuando todo está dicho y hecho, Death Skids Mark es un juego de concepto simple y ejecución enviciante. Tiene suficiente diversidad en sus elementos y efectividad en su jugabilidad como para incentivarnos a recorrer la Ruta 666 una y otra vez, intentando ahora sí llegar al ansiado concierto, habilitar nuevo contenido con el triunfo y volver a pisar el acelerador una vez más. Un apropiado apartado audiovisual y una ambientación con humor y lenguaje adulto ayudan a hacer de esta una experiencia memorable, recomendada para fanáticos de la acción arcadosa.

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