Análisis

ANÁLISIS: Candle - The power of the flame (Switch, Xbox One, PS4)

Un mundo creado a través de hermosos dibujos en acuarela, una historia de cuento de hadas y un narrador que no terminan de llegar a buen puerto.

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Por: Sebastián Cigarreta

La industria del gaming moderno dejó atrás varios géneros que le dieron vida hace más de dos décadas. Algunas porque fueron modas pasajeras, otras porque no se pudieron aggiornar a las características que hoy damos por sentadas en un juego. Las aventuras gráficas clásica son una de ellas, claro que hoy siguen existiendo, pero han tomado otra forma que las ayuda a subsistir. Candle: The power of the flame se siente como el juego soñado para un jugador de hace 25 años, porque no solo se apoya en herramientas arcaicas, sino que lo hace con orgullo y alevosía, como si estuvieran realmente rescatando una alforja de oro enterrado.

Desde el primer momento Tek Games nos deja claro que ellos van a controlar la narrativa. No solo por la extensa, y realmente lenta, cinemática con la que nos recibe para hacernos entrar en contexto, sino por la forma en la que eligieron contar la historia. En todo momento tendremos los consejos, comentarios y desatinos de un narrador en 3ra persona omnisciente que no dejará de interrumpir a cada rato. Lo que en las primeras horas se siente como un ingrediente vital para el clima de cuento de hadas que rodea al juego, pronto se vuelve un incordio de la mano del resto de los elementos que hacen de Candle una lluvia de frustraciones.



La propuesta jugable se asemeja a la de grandes clásicos de antaño, mezclando la jugabilidad pura del Prince of Persia clásico o Flashback con elementos de una aventura clásica rústica de la década del noventa. Nuestro protagonista muere instantáneamente ante el primer ataque, ante la primer caída y contra cualquier tipo de obstáculo, será entonces una cuestión de prueba y error para ver qué nos mata y cómo sortearlo. Pero el problema principal es la disposición de los puzzles y las soluciones arbitrarias que propone. El camino está truncado por una gran cantidad de estos desafíos, cuya resolución depende de tres factores: observación exhaustiva del entorno, oportunidad y la más pura suerte. El primero es obvio, pero en Candle deberemos tener en cuenta pequeños garabatos en los fondos y especialmente ítems dispersos imposibles de detectar a menos que hayamos pasado el cursor justo por allí (un problema peor si usamos el esquema de control directo).



El segundo factor está vinculado a ejecutar la acción correcta en el momento correcto, pero sin ningún indicio que nos haya dicho por qué hacerla, por ejemplo resolver el puzzle A después de utilizar una palanca en particular. ¿Cómo lo supimos? Probando, porque no había forma de deducirlo a través del sentido común. Y finalmente el tercer factor es el peor de todos en este género, la suerte, que no debería existir en un título de esta índole y sin embargo fue la principal culpable de llevarme hasta el final de la aventura. Durante el fin de semana que le dediqué a Candle: The power of the flame me encontré saltando hacia una muerte segura más veces de las que me gustaría admitir para ver si era la solución a mis problemas y, lamentablemente, en más de una ocasión así lo fue. Plataformas difíciles de interpretar se esconden en el escenario junto con pistas crípticas e ítems que, de no haberlos visto, bloquearán nuestro progreso de manera irracional y llevándonos a la más pura frustración.



Claro que no todas son pálidas para el juego publicado por Merge Games, el apartado estético es una verdadera obra de arte y conseguirá que por momentos nos quedemos observando los finos trazos que conforman los escenarios. Los colores tenues, el estilo de acuarela y la adecuada banda sonora crean un contexto ideal para seguir intentando, para darle una nueva chance al juego. Y por momentos la aventura brilla, habrá escenas que podremos pasar con cierta fluidez y entonces vislumbraremos el verdadero potencial de Candle, sin embargo el tedio siempre está a la vuelta de la esquina y terminará por apagar la débil llama de esta vela.


Candle: The power of flame utiliza herramientas viejas para extender la duración de un juego que pide a gritos terminarse pronto. Por momentos recuerda a grandes clásicos pero, por más que compartan virtudes y errores, los separan casi tres décadas de evolución que hacen que hoy no puedan perdonarse las mismas falencias. Un viejo jugador de aventuras gráficas encontrará el camino, pero la gran mayoría de la audiencia sólo hallará frustraciones.

Candle The Power of the Flame

LO MEJOR

  • El apartado estético en acuarela
  • Recuerda a grandes exponentes del género
  • La música

LO PEOR

  • La jugabilidad atrasa dos décadas
  • Puzzles trabados y caprichosos
  • Desarrollo poco intuitivo
  • Secciones de plataformas frustrantes
En esta nota
  • tek games
  • merge games

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