Análisis

ANÁLISIS: Bright

Will Smith y David Ayer se vuelven a juntar, y esta vez tampoco sale nada bueno.
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Por: Jessica Blady

Netflix sigue acaparando terreno en materia cinematográfica y ahora se la juega con su primera gran superproducción. David Ayer, el mismo director de “Escuadrón Suicida”, y Max Landis (cuyo gran mérito hasta ahora es el guión de “Poder Sin Límites”) unen fuerzas para esta historia que mezcla acción policial y fantasía, en un mundo alternativo donde orcos, elfos, hadas y otras criaturas conviven, más o menos, como si nada.

Parece que unos dos mil años atrás, el Señor Oscuro fue derrotado por los orcos, pero desde entonces no se ganaron mucho respeto entre los humanos. Ahora son los marginados de la sociedad, pandilleros en muchos casos; mientras los elfos se convirtieron en la clase más poderosa y adinerada: los nuevos ricos.

Estamos en la ciudad de Los Ángeles y a Daryl Ward (Will Smith) le toca patrullar las calles junto al novato Nick Jakoby (Joel Edgerton), el primer oficial orco del departamento de policía, peor visto entre sus pares que un afroamericano en la Misisipi de los años sesenta. “Bright” juega con estos paralelismos sin ningún miramiento, y con la violenta imagen de las fuerzas de la ley y su accionar, porque no importa que tan fantástico sea este mundo, la poli primero pega y después pregunta.

Ayer no puede escapar a su persistente estilo callejero, mostrando la inmundicia de los lugares menos fancy de la ciudad, las diferentes pandillas (afroamericanos, hispanos, orcos) y la degradación femenina, porque el tipo nunca te muestra una minita si no está en culo, todo con musiquita de fondo.

Tras un incidente, Ward deja de confiar en su compañero, pero las cosas se complican mucho más cuando responden a un llamado de emergencia que los va a poner en la mira de todos. Lo que la dupla encuentra es una varita (sí, así como lo leen), un artefacto súper poderoso que sólo puede ser manipulado por los Bright. En este caso, uno que puede traer de vuelta al Señor Oscuro.

Todos quieren el dichoso palito: un grupo de oficiales corruptos que quiere aprovechar el momento para sacarse de encima a Ward y Jakoby; la pandilla que gobierna el vecindario, las fuerzas especiales anti magia (algo así como el FBI, al mando de Edgar Ramírez en plan elfo), y los inferí, elfos renegados que abogan por el regreso del mal.

Lo que sigue son dos horas de persecuciones y tiros sin descanso, y también sin sustancia. Al rato, la fórmula aburre y sólo queda la acción desenfrenada que no parece tener fin. La fantasía resulta ser un adorno, o una excusa para rellenar el decorado y una trama donde la “magia” es más mito que realidad; al igual que el comentario sociopolítico, tan de moda por estos días.

Bright quiere abarcar mucho y disfrazar un planteo “serio” con los elementos más básicos del género. Falla porque el camino está plagado de clichés y una relación “buddy cop” que hace agua por todos lados. Will Smith no puede dejar de ser Will Smith, sin importar qué papel interprete; y al pobre Edgerton le toca jugar de buenazo, el orco que no es aceptado por los suyos ni por los humanos, y termina siendo una mezcla de torpeza y buenas intenciones.    

Lo cierto es que “Bright” aburre porque no deja de ser un pastiche de súper acción que no entiende cunado debe bajar un cambio. Todo es pandillas, persecuciones, tiros y cosa golda, pero nunca nos hablan de las “profecías” y del bendito Señor Oscuro, tal vez, creyendo que habrá secuela para expandir este nuevo universo “cinematográfico”.  

Ayer y Landis se pierden en sus propios excesos, no entienden que menos siempre es más, y que al espectáculo hay que sumarle algún contenido. La premisa de “Bright”, aunque para nada original, es interesante y abre un montón de caminos, pero la dupla toma el más fácil y predecible de todos. Ni sus efectos, ni el maquillaje a medias, molestan tanto como las actuaciones vacías y un contenido nulo.

LO MEJOR:

- Una idea que promete.

- El riesgo al mezclar dos géneros tan opuestos.

LO PEOR:

- Un idea desaprovechada.

- Sus mensajes de a medias.

- Se pierde en el espectáculo y olvida el contenido. 

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