ANÁLISIS: Battle Princess Madelyn
Análisis

ANÁLISIS: Battle Princess Madelyn

Un homenaje a un clásico de Capcom que tiene todo para triunfar con sus lindos gráficos, hermosas melodías y jugabilidad arcadosa, pero sufre por una considerable cantidad de pequeños desperfectos

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Por: Maximiliano Baldo

En teoría, Battle Princess Madelyn, el primer título de Casual Bit Games, es un gran juego: el concepto del clásico Ghost ‘n Goblins de Capcom que tanto nos hizo disfrutar y rabiar por igual con su frenética jugabilidad y dificultad demencial, pero ahora con un añadido de Metroidvania que resulta ser una idea muy tentadora.

En la práctica, no lo es.

No es que no haya una evidente buena voluntad de parte de los desarrolladores. Tanto ese hermoso apartado visual que rebosa de buenos diseños pixelart, como su gran banda sonora—que podemos disfrutar en su versión original, estilo Arcade, o en su versión de Orquesta—hacen combo con una jugabilidad que emula a la vieja aventura del valeroso Arthur. Ese no es el problema. El problema es todo… TODO lo demás.

Apenas un vistazo al menú de Opciones nos lanza la primera bandera roja a la cara, mostrando una patética selección de ítems. Literalmente (al momento de escribir esta nota) sólo podremos elegir el estilo de la banda sonora y si deseamos ver líneas de barrido en el juego, o no. Eso es todo. Nada de barras de volumen para el audio, nada de opciones de resolución, y desde luego nada de opciones gráficas de cualquier índole. Tampoco esperen configurar los controles del teclado, y casi que hay que agradecer la molestia de que el juego acepta gamepad de Xbox. Los desarrolladores aseguran que están trabajando en parches para añadir más opciones, pero no estamos juzgando el Quizá, sino el Ahora; y Ahora no es una muy buena primera impresión.

La Princesa y su fantasmal compañero

Pasemos mejor al juego; o mejor dicho a las dos versiones del mismo. Comencemos por el Modo Arcade, más fiel a la jugabilidad frenética de las queridas máquinas recreativas de antaño. Esta modalidad se manda derecho a la acción, como debe ser, y nos deleita con buen gameplay plataformero en el que nuestra titular Princesa Madelyn atravesará toda clase de escenarios enfrentando hordas de enemigos variopintos. Hay un par de cositas que no se nos informa, como que tenemos la habilidad de dar saltos dobles, o que podemos “cargar” nuestro ataque para lanzar a nuestro fiel perrito fantasma a encargarse de algunos malosos. Más allá de eso, el Modo Arcade sigue toda la trama principal sin desviarse por tangentes.

Este también es un excelente momento para hablar del sistema de vidas del juego, que vendrá a romper con uno de los elementos más frustrantes del título al que hace honor. Al morir, Madelyn revivirá automáticamente en la última plataforma que pisamos, perdiendo apenas un poco de su barra de energía, la cual puede recargarse con los orbes que surgen de algunos enemigos abatidos. Si acaso morimos y no teníamos más energía, simplemente regresaremos al inicio del nivel actual para volver a intentarlo; pero más allá de eso no hay realmente un sistema de vidas. Esto mitiga notablemente buena parte de las frustraciones que sufriremos a lo largo de la aventura, pues no olvidemos que seguimos jugando un émulo de Ghost ‘n Goblins con todas las de la ley. En ese sentido, el juego cae muy bien…

Llovido sobre mojado

…a menos que tengamos que dejar de jugar por cualquier motivo, porque al volver a correr el juego e intentar proseguir el Modo Arcade descubriremos—con severo disgusto—que el juego jamás salva la partida en este modo. Hay que pasar el Modo Arcade de una sentada. ¡Ni siquiera salvar la partida al inicio de cada nivel! En los tiempos que corren esto es difícil de dejar pasar sin al menos una regañada.

Pero si el Modo Arcade se gana una regañada por ese detalle, el Modo Historia merece que lo manden a la cama sin postre, porque la cantidad de pequeños elementos que vienen a poner a prueba nuestra paciencia en esta modalidad son incontables; así que procuremos desmenuzar este enredo con calma y ver a qué nos estamos enfrentando.

Todo nace de la idea de tomar el juego de acción base y expandirlo en una aventura Metroidvania de exploración, que no es un mal concepto, pero su ejecución deja muchísimo que desear. No tanto en la jugabilidad, que se mantiene muy agradable y funcional—de hecho, la dificultad en este modo es ligeramente menor—sino en todos los aspectos técnicos que rodean a esta modalidad. Básicamente, nadie nos explica nada: los ítems en nuestro inventario poseen descripciones obtusas que no nos informan su función real, así que tendremos que adivinar por cuenta propia que esas botas que obtuvimos sirven para dar saltos dobles, por ejemplo.

...que las hay, las hay

Varios NPCs nos darán misiones secundarias, pero si no prestamos atención al primer diálogo entonces ya nunca sabremos a dónde teníamos que ir a cumplir la misión, porque toda conversación subsecuente hará caso omiso a repetir indicaciones y Madelyn no tiene ninguna pantalla donde registrar Misiones. Siguiendo con el tema de los NPCs, todos los personajes que nos encontramos tienen diálogos molestos, baratos y hasta insultantes (¡le dan órdenes a la Princesa!); que son todavía más evidentes en las largas secuencias de charla durante cinemáticas. También hay que decir que el juego toma el idioma por defecto de nuestra PC como idioma propio y por el momento no hay opción para cambiarlo, lo cuál no sería lo peor si no fuera porque, a pesar de que los personajes hablan en español, muchos diálogos quedaron en inglés. Ah, y ni hablemos de tomarse el trabajo para acomodar los textos dentro de los cuadros. Para qué.

Perdernos en los mapas es casi irremediable debido a que el Modo Historia expande los niveles considerablemente. Esto puede parecer algo bueno en un juego Metroidvania, pero en este caso resulta en secciones que parecen no terminar nunca, en especial cuando están colmadas de saltos de fe. Increíblemente, no podemos “mirar” hacia arriba o hacia abajo, lo que hubiera mitigado ese martirio. La presencia del infame retroceso al ser golpeados hace que nuestra princesa salga volando hacia atrás, y casi seguramente a una caída al vacío. Por fortuna aquí se mantiene el sistema de energía y vidas del Modo Arcade; de lo contrario, el juego se volvería insufrible.

Ni en la paz de las criptas creo

Todo lo ya nombrado, sumado a otro puñado de pequeños defectos misceláneos menores, conspira contra un título que no es malo en su núcleo, pero que se vuelve muy difícil de disfrutar por la enorme cantidad de falencias. Una vez más, los desarrolladores prometen parches a futuro, pero muchos de estas fallas son dignas y hasta perdonables en Early Access, no cuando el juego ha sido lanzado con bombos y platillos. Y es muy triste, porque está claro que el equipo detrás del proyecto le puso toda el alma al mismo. Se aprecia en las simpáticas secuencias animadas y en la simple historia de fondo; y es una historia, porque es un cuento que un abuelito le cuenta a su nieta; obvio “homenaje” a The Princess Bride al margen.

Debido a todo lo dicho, en estos momentos no puedo recomendar Battle Princess Madelyn; pero tampoco puedo negarlo del todo. Su apartado audiovisual y el núcleo de gameplay funcionan perfecto, pero se tiñen de la severa falta de pulido que el juego necesita. Sugiero a los interesados estar al tanto de las actualizaciones de parte de los desarrolladores, pues quizá con una buena serie de parches, nuestra aguerrida Princesa Madelyn podrá sacarle todo el jugo a su aventura de fantasía.

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