Análisis

ANÁLISIS: Barry S01E01: Chapter One: Make Your Mark

Bill Hader salta de SNL a su propia comedia y nos da esperanzas para el futuro de la TV en 2018.
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Por: Jessica Blady

Bill Hader tiene muchos papeluchos en cine, le prestó su voz a una infinidad de personajes animados (“Buscando a Dory”, “Intensa Mente”), pero sus hilarantes creaciones para “Saturday Night Live”, seguramente, son las que lo catapultaron a la “fama” televisiva.

Ahora alejado del night show, Hader decidió probar algo nuevo, y acá lo tenemos como la mente maestra y protagonista de “Barry”, la nueva comedia de HBO, cuyo primer episodio –“Chapter One: Make Your Mark”- también marca su debut como director.

Barry Berkman (Hader) es un veterano de Afganistán que, tras volver de la guerra apaciguó su depresión, y encontró un “propósito”, convirtiéndose en un asesino a sueldo, eso sí, despachándose a los malos. Fuches (Stephen Root) es el que le consigue los encargos, una especie de tío buena onda que se encarga de cobrar las regalías y pasarle lo necesario a su compinche.

Pero a Barry ya no lo atrae esta actividad y trata de buscar una escapatoria, la cual podría llegar con un nuevo trabajito en la costa Oeste. Como siempre, Berkman llega hasta Los Ángeles pasando totalmente desapercibido, esta vez para hacerse cargo de un joven personal trainer que se metió con la chica de un mafioso checheno. La cosa parece simple, y Barry comienza a perseguirlo para aprender su itinerario, hasta que descube que entre sus muchas actividades, forma parte de una clase de teatro.

Tras cruzarse con Sally Reed (Sarah Goldberg), otra de las alumnas de la clase, y terminar como compañero de escena de Ryan –su víctima-, a Barry le empieza a picar el bichito de las tablas, tal vez, su verdadero propósito en esta vida. Lo que le queda por delante: desembarazarse de sus responsabilidades criminales (algo no tan sencillo) y ser aceptado por el director Gene Cousineau (Henry Winkler), de esos “artistas” que buscan provocar a sus actores para sacar lo mejor y lo más auténtico de ellos.  

Si conocen a Hader, saben que tiene una cara y una voz demasiado particular como para ser confundido con un sigiloso asesino a sueldo. Por ahí pasa el chiste de “Barry”, una comedia oscurita que se mete de lleno con los convencionalismos del género criminal, sólo para reírse de ellos, y mezclarlos con las banalidades de Hollywood y el mundillo de los actores que buscan una oportunidad en esta tierra plagada de sueños.

Todos los clichés actorales se hacen presentes para arrancarnos una sonrisa, sobre todo en la eterna “pelea” entre el cine y las tablas, los intérpretes que le huyen a los comerciales, o la catarsis necesaria para obtener esa escena perfecta. Lo primero que hace Barry es cambiar su poco atractivo apellido por uno más hollywoodense y, siendo uno de esos tantos venidos de otra ciudad para “probar suerte”, enseguida encaja en el grupo de losers dirigido por Cousineau.

Berkman es un Dexter Morgan cualquiera, aunque la idea principal de “Barry” (suponemos) es, justamente, ese extraño contraste que guarda Hader con la frialdad de Michael C. Hall. Claro que nos quedamos con el lado más amable del asesino en serie de Miami, y con la “naturalidad” con la que este protagonista se deshace de sus víctimas como si se tratara de cualquier trabajo de oficina.   

“Chapter One: Make Your Mark” nos muestra una cara poco glamorosa de Los Ángeles, un escenario más urbano y cercano a las películas de Michael Mann, que a una sitcom familiera. Acá la violencia es algo tan común como ir al supermercado (suponiendo que se la tomen en serio), y en este extraño menjunje reside el gran atractivo de “Barry” y de Hader como protagonista querible.    

Claro que queremos saber qué le depara el futuro de la actuación, y cómo va a hacer para escapar de su vida de delito. Todo matizado con ese tipo de humor que no se fuerza, y que decanta naturalmente de cada una de estos enredos y situaciones ultra bizarras.

El año viene flojito en materia de series novedosas. “Barry” no es la octava maravilla del mundo en cuanto a originalidad, pero la sátira y sus referencias cinéfilas, de entrada, ya nos dan muchas ganas de seguir abogando por este asesino que busca un cambio de vida.  

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