Análisis

ANÁLISIS: Amapola (2014)

El director de arte cordobés Eugenio Zanetti debuta tras las cámaras con una fantasía romántica musical, ambientada en un hotel del Tigre. Amor, realismo mágico y viajes en el tiempo, en medio de golpes de estado en la década del sesenta.
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Por: Jessica Blady

Admito que siento una gran admiracion por el trabajo de Eugenio Zanetti, al menos, como director de arte de peliculas como “Linea Mortal” (Flatliners, 1990), “Mas Alla de los Sueños” (What Dreams May Come, 1998) o “Restauracion” (Restoration, 1995), por la que gano el Oscar en 1996. Asi que sentia mucha curiosidad por ver como se desempeñaba en su debut como director cinematografico.

“Amapola” es como la mayoria de sus trabajos artisticos, barroca, recargada, fantastica y visualmente interesante, pero en este caso, carente de contenido narrativo.

Zanetti se da el gusto de contar un cuentito de hadas, si asi lo quieren, demasiado simple e infantil teniendo en cuenta la elaborada ambientacion y el contexto historico.

Todo es una gran puesta en escena para el disfrute de los sentidos: la escenografia, el vestuario e incluso los numeritos musicales que irrumpen en el relato, salidos de quien sabe donde.

La historia en si tarda en llegar y termina siendo un pretexto, porque pasa tan rapido que ni nos damos cuenta, lo cual es un gran problema si vamos con la intencion de ver algo mas que lindos escenarios.

Ama (Camilla Belle) nacio en el esplendoroso Hotel Amapola (que le dio su nombre), aislado del mundo en una isla del Tigre. Su vida transcurre como en un cuento, rodeada de una familia de artistas y los casuales huespedes que van y vienen.

El lugar es su castillo, lleno de sirvientes, pasajes secretos y glamorosas habitaciones, pero lo que le estaria faltando es su principe azul, el cual espera que algun dia llegue atravesando el rio.

La chica paso varios años en USA junto a su adorada abuela Meme (Geraldine Chaplin) –tal vez para justificar el extraño acento porteño de la joven actriz yanqui- y ahora retorna al hogar para participar de la puesta de “Sueño de una Noche de Verano”, que se realiza año tras año en el hotel, y de la cual participan todos sus empleados.

Es el año 1966, a horas del Golpe de Estado, y Ama conoce a Luke (François Arnaud), un joven fotografo que llega como visitante. En el lapso de unas horas se enamoran perdidamente y planean pasar el resto de sus vidas juntos.

Pero la chica sufre de extraños episodios que le permiten ver el futuro y al final de la funcion se ve transportada al año 1982, y a una realidad familiar muy diferente. Lo que ve no le gusta y decide volver al pasado para tratar de enmendar los errores y cambiar ese presente tan nefasto.

En realidad, nunca se sabe (o se entiende) si es una fantasia o si pasa realmente. Tal vez eso quede a criterio del espectador, pero todo termina siendo una excusa para contar esta simple historia de amor que viven los protagonistas y todos aquellos que los rodean.

La historia se desenvuelve entre numeros musicales de calipso, algo de opera y un increible grupo de actores (Lito Cruz, Leonor Benedetto, Juan Acosta, Nicolas Scarpino, Elena Roger) que parece haberse olvidado lo que aprendio con los años. Todo es exagerado y anti natural, pero esto, que suele funcionar a la perfeccion en una pelicula de Wes Anderson, aca irrita y desorienta hasta al mas credulo espectador.

PUNTAJE: 5