ANÁLISIS | Venganza
Análisis

ANÁLISIS | Venganza

Liam Neeson se pone vengativo, otra vez, pero en esta oportunidad nos trae algunas vueltas de tuerca. 

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Por: Jessica Blady

“Venganza” (Cold Pursuit, 2019) podría ser la típica película que Liam Neeson viene protagonizando desde hace más de una década cuando se convirtió de lleno en héroe de superacción madurito, pero no. O sí. El realizador noruego Hans Petter Moland debuta en Hollywood con la remake de su propia película -“Por Orden de Desaparición” (Kraftidioten, 2014)-, mezclando las violentas historias revanchistas de Bryan Mills, con el oscuro humor y el absurdo de los hermanos Coen. Sí, “Venganza” es más comedia negra que thriller dramático cargado de acción, pero la mayoría del tiempo no se le nota.

Moland cambia los fríos paisajes escandinavos por Kehoe, un pueblito de Colorado cercano a Denver, que subsiste gracias a su coqueto resort de esquí y los adinerados turistas que se acercan año a año. Nelson Coxman (Neeson) pasa sus días manejando una barredora de nieve, abriendo paso por los caminos helados, y volviendo a la tranquilidad de su apartado hogar junto a su esposa Grace (Laura Dern). Su logro más grande es convertirse en ciudadano del año, justamente, por brindar este servicio; pero todo cambia de repente con la muerte de su hijo Kyle (Micheál Richardson), en apariencia, a causa de una sobredosis de heroína.

Ni Nelson ni Grace logran aceptar esta pérdida, ni mucho menos las razones. La culpa y el dolor terminan afectando a la pareja y la salud mental de papá, que llega a sopesar la posibilidad de quitarse la vida. Hasta que se cruza con un compañero de su hijo y descubre que, en realidad, se trató de un asesinato a manos de un traficante de drogas. Coxman no lo piensa ni un minuto, y sale de cacería para acabar con los responsables de la muerte de su retoño.

Pronto descubre que llegar hasta el pez gordo significa acabar con cada uno de los intermediarios, lugartenientes y criminales de poca monta con sobrenombres extraños como Speedo, Limbo o dante, que se encargan de los negocios de Kehoe, mientras su jefe, Trevor ‘Viking’ Calcote (Tom Bateman), dirige el cartel desde su mansión de Denver. Esta es la Moby Dick que nuestro Ahab/Coxman debe destruir, una tarea casi imposible para un simple barredor de nieve.

Los cuerpos empiezan a acumularse en las calles de Kehoe llamando la atención de la policía, sobre todo de la oficial Kim Dash (Emmy Rossum), una idealista muy poco acostumbrada a la violencia de estos crímenes. También ponen en alerta al Vikingo, cada vez más convencido de que estas muertes son el producto de una guerra de pandillas iniciada por White Bull (Tom Jackson), lord de la droga local -y miembro de la tribu ute- quien solía estar en tregua con su padre.    

La irascibilidad de Calcote lo empuja a tomar represalias contra White Bull y los suyos, desatando un conflicto entre carteles que no va a parar hasta que el último traficante muerda el polvo… o la nieve. En el medio, Coxman toma un poquito de ventaja, y sigue en su juego mientras los dos bandos se asesinan a diestra y siniestra.   

Liam siempre tiene un conjunto de habilidades a mano

“Venganza” es una sucesión de asesinatos sangrientos y situaciones absurdas, recargadas de estereotipos raciales y culturales que podrán estar ahí a propósito y a consciencia, pero no siempre surgen efecto al momento de las humoradas. La historia de Moland, escrita por Frank Baldwin, pretende ser un clásico thriller criminal de persecuciones, tiros y violencia desbordada, adornado con personajes estereotipados y lugares comunes para reforzar su esencia bizarra; pero a diferencia de obras como “Fargo” (1996) -su comparación más cercana, sobre todo su versión televisiva-, nunca llega a alcanzar los resultados deseados, justamente, porque no consigue una buena amalgama de estos dos estilos tan opuestos.

La intención está y hay que reconocerla, sobre todo cuando los realizadores juegan con la propia figura que Neeson se forjó en estos últimos años, evitando justificar las “habilidades” asesinas de Coxman. Lo mejor es que no se convierte en el centro y protagonista absoluto, sino más bien un catalizador para un enfrentamiento que tiene diferentes aristas. En este escenario, lo mejor es la serenidad de Jackson y sus propios justificativos, en contraste con la megalomanía del personaje de Bateman, un psicópata racista y misógino (ente muchas otras cosas), demasiado concentrado en la dieta de su pequeño hijo (¿?).

Lo de Laura Dern es un despropósito, y un desperdicio sólo ponerla en pantalla por algunos minutos, recalcando el gustito de Grace por la marihuana. Por su parte, Dash se asemeja demasiado a la Marge Gunderson de Frances McDormand, demostrando una vez más que la policía (en estos casos) nunca sirve para nada.

No, no estamos en Fargo

“Venganza”, una traducción local bastante genérica pero acertada, que no incluye solamente al protagonista, cumple el objetivo mínimo de mantenernos entretenidos con este desfile de asesinatos que van in crescendo, siempre expectantes ante el encontronazo final entre las diferentes partes de este conflicto generado por el raid revanchista de Nelson Coxman. Algunas de sus situaciones logran sacarnos una sonrisa, pero la mayoría de los diálogos acaban resultando más incómodos que humorísticos, creando cierto alejamiento con el humor negro que Moland y compañía no terminan de transmitir.

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