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Análisis

ANÁLISIS | Un Ladrón con Estilo

Robert Redford se retira de la actuación con esta comedia basada en hechos reales y, de alguna manera, en su propia filmografía. 

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Por: Jessica Blady

David Lowery viene haciendo las cosas muy bien detrás de las cámaras, sin llamar demasiado la atención pero juntando muchos elogios, con fantasías de alto perfil como “Mi Amigo el Dragón” (Pete's Dragon, 2016) o pequeñas joyitas independientes como “A Ghost Story” (2017). Su último largometraje pasó bastante desapercibido durante la temporada de premios y nos llega un tantito tarde, pero bien vale la pena pasar por una sala de cine amiga para disfrutar de esta comedia “como las de antes”. Hay un clasicismo en el estilo del realizador que ya no se puede negar, y “Un Ladrón con Estilo” (The Old Man & the Gun, 2018) refuerza esta idea desde lo narrativo y lo visual.

Por eso, tal vez, Lowery eligió esta historia basada en hechos reales y ambientada en una época más ‘ingenua” donde la palabra y los buenos modales tenían muchísimo más peso (e influencia) que los datos archivados en la base de una computadora. Hay, por ejemplo, mucho en común de este relato con “Atrápame Si Puedes” (Catch Me If You Can, 2002) de Steven Spielberg, no porque ambos se concentren en criminales encantadores, sino porque hace alusión a una era más inocente y menos violenta de lo que nos muestran reiteradamente las noticias de hoy.  

Forrest Tucker (Robert Redford) es un criminal de carrera, y un mago del escapismo carcelario (de los presos famosos que logró huir de San Quentin) que, en 1981 y con seis décadas a cuestas, puso en vilo a las autoridades del Sur de los Estados Unidos con sus constantes atracos a los pequeños bancos de la zona, casi siempre acompañado de su pandilla de la ‘tercera edad’: Teddy Gree (Danny Glover) y John Waller (Tom Waits). Lo suyo no es necesidad, más bien un estilo de vida que no piensa abandonar por los caprichos de la edad, ni la constante persecución de la policía.

Tucker es un caballero, un sujeto lleno carisma que jamás tuvo que disparar su arma ni lastimar a otro ser humano durante uno de sus asaltos. La vida le da más satisfacciones cuando conoce a Jewel (Sissy Spacek), una viuda que vive en su granja rodeada de caballos, que también termina cayendo bajo sus encantos. Bueno, el tropezón es mutuo, pero Forrest no es un hombre vaya a sentar cabeza, en cambio, planea un golpe más grande junto a sus compinches, esta vez, llamando la atención del FBI.

La intrusión de los agentes federales no le cae nada bien al detective John Hunt (Casey Affleck), policía de Dallas que viene siguiendo las huellas de esta banda desde hace ya un largo tiempo, e incluso llego a estar de testigo en uno de los atracos. Hunt y Tucker no hacen más que jugar al gato y al ratón y nosotros, desde acá, no hacemos más que disfrutarlo. De esta manera, “Un Ladrón con Estilo” parece resumir gran parte de la carrera cinematográfica de Redford, que en más de una ocasión representó a bandidos de todo tipo. Así, la película se convierte en una suerte de metáfora para el actor que decidió retirase de la industria tras finalizar esta historia.

El guión de Lowery -basado en un artículo de The New Yorker, escrito en 2003 por David Grann-, que se hace eco de esta historia “en su mayoría real”, nos traslada derechito a comienzos de la década del ochenta, gracias a una gran puesta en escena y, sobre todo, a la textura del formato de 16 mm en el que está rodado el film (ese grano no lo logra una cámara digital, ni el mejor CGI del mundo). Este viaje nostálgico se completa con la presencia de Redford y los incontables guiños a su filmografía, desde “Dos Hombres y un Destino” (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), hasta “El Golpe” (The Sting, 1973), demostrando que el realizador en su fan número uno, y un fan del cine de todos los tiempos.

Relaciones no tan peligrosas

La hipnótica presencia de Redford -para el espectador y para todos aquellos que tuvieron la mala (o buena) suerte de cruzarse con Tucker- es el alma de esta comedia con algunos momentos de acción, nada muy grandilocuente ni agitado, porque los involucrados ya no están para estas corridas (¡viejos son los trapos!). La química con Spacek se da de forma natural, así como su eterno enamoramiento; y ni hablar de sus jueguitos con Affleck, aunque, a diferencia de otras historias similares, el poli no se lo toma tan personal y relaja cuando las cosas no le salen.  

“Un Ladrón con Estilo” es una película de 1980 concebida en 2018, y ese es el mejor cumplido que se le puede hacer porque, al igual que la coyuntura sociopolítica y cultural que atraviesa el relato, también refleja una manera de hacer cine que ya no está tan en boga. La dirección de fotografía de Joe Anderson, la música de Daniel Hart, el elenco y la dirección de Lowery se conjugan para crear algo único y poco visto por estos días, claro que hablamos de algo sencillo y bastante nostálgico, pero que sabe cómo llegar a la audiencia. Así, encantadora y con un giño complice, al igual que su protagonista.   

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