Mejor solo que mal acompañado
Análisis

ANÁLISIS | True Detective S03E06: Hunters in the Dark (Spoilers)

True Detective empieza a mostrar sus cartas, pero también sus peores lugares comunes narrativos. 

Avatar de Jessica Blady

Por: Jessica Blady

Entramos en la recta final de esta tercera temporada de “True Detective”, y a sólo dos episodios del desenlace, las cosas se ponen densas y un poco más retorcidas al sumar un nuevo jugador… o mejor dicho, uno que mantuvo la cabeza bastante gacha. “Hunters in the Dark” retoma las tres líneas temporales, justo donde nos habíamos quedado.

En 1980, Roland West se sigue recuperando en el hospital después del tiroteo en la casa de Brett Woodard que dejó diez muertos y la certeza, al menos para el fiscal y los políticos de turno, de que el chatarrero es el verdadero culpable del asesinato de Will y Julie Purcell, aunque todavía no se haya encontrado el cuerpo de la nena. Después de la explosión y la balacera, la policía encontró (muy convenientemente) las pruebas incriminatorias escondidas entre los restos de la casa -la mochila roja del nene, una prenda quemada de su hermana-, poniéndole fin a todas las conjeturas y a un caso que, ante los ojos de los altos mandos y la opinión pública, ya no necita más indagaciones. Las dudas de Wayne Hays dicen lo contrario, de ahí, suponemos, los motivos de que lo hayan apartado de la división de crímenes mayores.

Con doce “cadáveres” en el camino y muchas pistas sin resolver, se cerró la investigación de los nenes Purcell, pero los muertos (y los desaparecidos) se siguieron acumulando. Muchos de los detectives que trabajaron en la investigación se esfumaron sin dejar rastro, Lucy Purcell murió de sobredosis en 1988, y gracias a las pericias de Elisa Montgomery (Sarah Gadon), la directora del documental del que participa Wayne en 2015, sabemos que los restos de Dan O'Brien aparecieron enterrados en una cantera.

Curiosamente, muchos de los implicados que fueron nuevamente entrevistados por Hays y West cuando se reabrió el caso en 1990, también empezaron a evaporarse después de la reaparición de Julie y el descubrimiento de que ciertas pruebas pudieron haber sido implantadas en la casa de Woodard. La llamada de la chica vuelve a remover el avispero y correr el foco de atención hacia Tom Purcell y algunos de sus secretos.

Ninguna información es gratuita

La dupla detectivesca no puede evitar pensar en los errores que cometieron una década atrás, pero tampoco hay pruebas suficientes para culpar al padre. La amistad de Roland también se interpone en el camino de la investigación, que da un nuevo giro con la intromisión de O'Brien. El tío drogadicto dice tener información que sólo va revelar a cambio de una sustanciosa suma de dinero, una supuesta pista que nada tiene que ver con Tom, pero que podría haber sellado su destino.

Si volvemos a los primeros episodios, entre las hipótesis de la actualidad, se manejaba la posibilidad de que los chicos Purcell hubieran caído en manos de una poderosa red de trata y prostitución que, posiblemente, involucraba a miembros respetados de la comunidad en complicidad con las autoridades. Si tenemos en cuenta el mal manejo de las pruebas y la desaparición de testigos clave, todo parece indicar que la resolución de este enigma va para ese lado, sobre todo si agregamos el testimonio de Shelly, una de las tantas chicas que compartió unos cuantos años con Julie.

Esta jovencita descarriada se suma a otros chicos fugitivos que la conocieron en las calles cuando aseguraba llamarse Mary July y haber vivido en una habitación rosada. Amelia, y gracias a la investigación para su nuevo libro, es la que logra llegar a este refugio por donde pasó la escurridiza Julie, sin compartir mucha información con su marido. En 1990, la pareja parece ir por rumbos muy diferentes, persiguiendo metas muy diferentes. Wayne prefiere concentrarse en su trabajo y evitar el momento de volver a casa, mientras que Reardon ya superó la etapa de madre y esposa, y ahora pretende concentrarse en su carrera, esperando que su marido se encargue un poco de las tareas domésticas.

Estos conflictos cotidianos siguen repercutiendo en la cabeza de Hays, que ahora ve como su hijo Henry repite muchos de sus errores. No creemos que Wayne haya engañado a Amelia, pero tampoco invirtió 100% en su matrimonio. Siempre parece haber algo más importante, y el caso de los Purcell fue su excusa perfecta para mantenerse alejado de las responsabilidades.

El pasado siempre vuelve

“Hunters in the Dark” no deja de remarcar estas cuestiones que se repiten como leitmotiv  a lo largo de todas las líneas temporales. Con cada capítulo vamos descifrando la verdadera naturaleza de este protagonista que enarbola la ética laboral como un estandarte, pero cuya integridad moral es un poco más maleable. Al igual que su compañero, siempre tiene la violencia a flor de piel, lo que nos lleva a preguntarnos cuantas de esas desapariciones pueden relacionarse a este dúo dinámico.

Sabemos que estos dos esconden sus propios muertos en el armario y que los problemas de memoria de Wayne nos pueden jugar una mala pasada si nos guiamos por su punto de vista. Toda esta ambigüedad narrativa tiene olorcito a “Memento” (2000) y a negación, pero no vamos a anticiparnos a los hechos hasta tener todas las piezas de este rompecabezas.

Acá, el título hace buena referencia a estos dos detectives que no ven ni saben muy bien lo que están cazando. Revisando viejos testimonios vuelven a cruzar camino con Harris James (Scott Shepherd), un patrullero en la escena de 1980, que diez años después trabaja en la seguridad privada de Hoyt Foods, esa empresa por la que alguna vez pasó Lucy Purcell. James es uno de los tantos desaparecidos que nombra Montgomery, pero una pieza clave que se devela al final de este capítulo.

De forma un tanto azarosa, Tom descubre que Dan maneja información importante que sólo va a revelar a cambio de dinero. Con muy pocos recursos, logra hallarlo en un hotel de mala muerte y sacarle un poco a los golpes esos datos que, para su sorpresa, no tienen nada de incriminatorios. En cambio lo llevan derechito hasta la mansión Hoyt donde puede colarse sin problemas a pesar de la seguridad que rodea la casa, sin sospechar de la trampa que lo guía hasta el sótano, un cuarto secreto y una habitación demasiado rosada.

Ok, sólo nos queda sumar dos más dos, pero molesta que este personaje logre acceder a este descubrimiento antes que un par de detectives experimentados. Estos momentos “ex machina” deslucen el clima que logran crear el director Daniel Sackheim y Nic Pizzolatto, convirtiendo a  “Hunters in the Dark” en el episodio más flojito de esta temporada.

En esta nota
  • true detective