ANÁLISIS | The Stillness of the Wind
Análisis

ANÁLISIS | The Stillness of the Wind

No se dejen engañar por sus elementos de granja; The Stillness of the Wind es una aventura narrativa lenta que poco a poco se va ganando nuestra admiración. Leé nuestro análisis y descubrí por qué

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Por: Maximiliano Baldo

Hace un par de años el desarrollador Memory of God lanzó Where the Goats Are, el intrigante pantallazo de una anciana que vive, sola, en una granja perdida en algún lugar. La historia de Tikvah es breve, quizá brutal, y puede ser descargada de forma gratuita en PC para experimentar lo que The Stillness of the Wind—el nuevo juego del desarrollador—tiene para ofrecer.

No es un consejo tirado al aire sin motivo: The Stillness of the Wind es tanto una narrativa fascinante como un juego de muy lento avance, y aquellos que no estén muy convencidos encontrarán en Where the Goats Are las piedras fundacionales de una historia altamente emocional. De hecho, hay un par de referencias a este primer experimento en el juego final, así que sólo por el contexto vale la pena darle la oportunidad.

Un lugar en algún punto perdido del desierto

La vieja granja era el hogar de una familia numerosa; integrantes que fueron abandonando el rancho con el pasar del tiempo, uno tras otro, mudándose a la gran ciudad para hallar el éxito. Todos menos Talma, hoy una venerable anciana que se encarga de todos los quehaceres del lugar: plantar la huerta, recoger los huevos, ordeñar a las cabras y hacer queso, principalmente. Parte del juego consiste en decidir la rutina diaria, pues los días son sospechosamente cortos y bastarán con dos o tres actividades para que las sombras se estiren hacia el horizonte desnudo y sea hora de descansar.

Esto puede causar cierto estrés en los primeros momentos de juego, debido a que no hay absolutamente ningún tipo de medidor en pantalla; nada que nos indique un objetivo de forma directa, nada que otorgue información sobre nuestra protagonista, nada que nos diga qué hora es… ¿o quizá sí? Ocurre que el juego está diseñado de tal forma que toda la información está a la vista, si es que nos molestamos en mirar y prestar atención: la dirección e intensidad de las sombras es todo el reloj que necesitamos para saber la hora, los quesos que vamos haciendo están bien visibles en su propio edificio, y en general el diseño de audio está colmado de pequeños sonidos para alertarnos de ciertos eventos especiales. Todo esto se amalgama a la jugabilidad de forma natural, formando algo orgánico, casi tangible, que llega a lo personal.

Talma puede plantar su propia huerta, pero hay que darle agua a diario

No tan personal como las cartas que recibimos de nuestros parientes. Día tras día, estos textos rememoran tiempos pasados, eventos presentes y esperanzas futuras. Son nuestro único contacto con un mundo más allá del desierto que rodea a nuestra granja, y en esas líneas se va trazando una historia que suma al contexto general. Llegamos a conocer mucho a personas que jamás hemos visto, pero cuyas misivas pintan sus alegrías y preocupaciones sobre situaciones actuales que, desde nuestro humilde hogar, parecen ocurrir en mundos distantes, ajenos.

Estas cartas las trae un mercader errante, que además ofrece consejos y mercancía para intercambiar por algunos de nuestras posesiones. Al fin y al cabo, nuestras cabras necesitan heno para comer y siempre es bueno tener semillas para plantar, aunque a veces el mercader trae algunos objetos de lujo para ir adornando nuestro pequeño lugar en el mundo. Será este hombre nuestro único contacto humano; otro personaje que sabrá ganarse nuestra estima con su buen humor y recuerdos del pasado… Recuerdos que todavía resuenan en los alrededores.

Recuerdos de tiempos distantes

Explorar el lugar le da la pauta a Talma para traer a la memoria algún evento de un pasado distante; pequeñas historias de tiempos remotos ocultas aquí y allá, cada una sumando sus piezas al rompecabezas de la familia que solía vivir tan unida. Son momentos agridulces que, con el paso de los días, pueden llegar a tomar tintes más oscuros; pues más allá de lo que parezca en un principio, la narrativa de The Stillness of the Wind se va tornando cada vez más inquietante desde varios frentes a la vez; y es posible que no lo veamos venir hasta que sea demasiado tarde… pero quizá esa es la idea, el objetivo del desarrollador.

Una de las instancias más evidentes es muy fácil de detectar y, a la vez, muy preocupante: entre las herramientas con las que cuenta Talma podemos ver una escopeta. Ahí nos cae la cuenta de que nuestra anciana protagonista está literalmente sola en medio del desierto, y la preocupación crece cada vez que desviamos la mirada en dirección del arma y tratamos de adivinar en qué momento tendremos que hacer uso de ella. La lentitud general del juego; en parte debido a que Talma es una anciana y se mueve como tal, pero también se suma la sorpresiva brevedad de los días; puede llegar a ser un martirio para jugadores impacientes. El propio clima parece presagiar cosas que han de llegar. Pero nada le gana a los súbitos sueños de Talma, que en algunas noches específicas se manifiestan para dejar al jugador levemente anonadado y ciertamente preocupado.

Sueños bastante inquietantes, la verdad...

Decir más al respecto arruinaría mucho de lo que hace a The Stillness of the Wind un juego tan fascinante, y créanme que he evitado hacer referencia a eventos y situaciones específicas. Lo que queda más allá de eso es un juego casi de simulación narrativa en el que debemos decidir la rutina de nuestra protagonista. Es una experiencia lenta… muy lenta; pero también muy satisfactoria. No es un juego estrictamente largo, pero se siente eterno; aunque hacia el final los eventos se suceden de tal forma que es muy difícil querer dejar de jugar. Queremos llegar al final y sabemos que hay un final al cual llegar, más allá de que quizá no es el final que deseamos, pero sí es el final que el juego nos da. Lo que haya más allá de eso serán nuestros pensamientos, nuestras reflexiones… y nuestros recuerdos.

The Stillness of the Wind es claramente un juego que apunta a lo artístico, a la reflexión, a una melancolía que quizá nunca experimentamos, pero que tal vez teníamos que experimentar. No es un juego para todos, aunque siento que todos deberían darle una oportunidad; algo fácil de recomendar cuando el juego tiene una muy buena traducción al español y hasta está disponible para dispositivos iOS.

Haciendo queso

Si todavía tienen dudas, allí está Where the Goats Are para darles una muy buena idea de lo que van a encontrar en esta, su secuela espiritual. Y si no, tómense su tiempo y disfruten del día a día con una anciana que supo hacer su propio rincón en el mundo, y que nos va a dejar recuerdos y pensamientos para toda la vida.

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