ANÁLISIS | Team Sonic Racing
Análisis

ANÁLISIS | Team Sonic Racing

Bandera a cuadros para el erizo. 

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Por: Mariano Rizza

El amor por el erizo azul es innegable. Sonic es un fenómeno cultural quizá aún mayor al plomero de Nintendo, ya que su popularidad se mantuvo pese a no contar con juegos memorables desde los años noventa. Suerte para él entonces, ya que esta añorada década está de vuelta gracias a la explotación de la nostalgia y Sumo Digital le dejó el auto a punto para que el, sus amigos peludos y todos los fans puedan disfrutar de la actividad extracurricular que mejor se le da.

Team Sonic Racing es la tercera aproximación del personaje a este subgénero de carreras que representan los kartings. Desde un principio, es inevitable compararlo con Super Mario Kart debido a la eterna rivalidad de sus empresas madre y la realidad es que ninguno de los títulos de esta saga está siquiera cerca de los de Nintendo. Pero esto no es una difamación. Lo mejor que supo ofrecer Sonic en sus juegos de carrera es un diferencial desde las mecánicas de conducción. Sonic & All-Stars Racing Transformed, por ejemplo, contaba con una variedad de pistas llenas de recovecos y diferentes terrenos, para las cuales nuestros vehículos pasaban de correr, a nadar y volar adaptándose con una fluidez de la cual todavía se habla.

Parte del atractivo se debía también a la participación estelar de otras franquicias de Sega y su imaginario, primer detalle a criticar al enterarnos que no iban a formar parte de este nuevo juego, debido a la intención del estudio de profundizar en el universo Sonic - seguramente de cara a la ahora retrasada película. Sin embargo, mientras que falta el colorido de los otros competidores, en esta oportunidad la mecánica se destaca más que nunca.

Bien pegaditos, como en el peaje.
Bien pegados, como en el peaje. 

Correspondiendo a su título, la propuesta de este nuevo juego es competir en equipos de a tres participantes, contra las agrupaciones de nuestros oponentes. En el modo historia, el cual nos lleva a otro planeta para correr en los circuitos de un payasesco monarca y así ayudarlo a recolectar la energía que alimenta a un motor experimental que puede sustentar a su planeta entero, nuestro primer equipo será la santísima trinidad conformada por Sonic, Tails y Knuckles, pero a medida que avancemos iremos destrabando al resto de sus (menos) interesantes amigos.

Lo primero que uno entiende por correr en equipos, es la idea de sumar puntos entre toda la escudería, como sucede en competiciones más tradicionales. Y mientras que esto es cierto, el concepto va mucho más allá, interviniendo la jugabilidad directamente. Una vez en la pista, la comunicación con nuestros conductores aliados es todo, ya que cada uno de los integrantes de este trío cuenta con la posibilidad de asistir a sus compañeros en varios sentidos.

El primero y más fácil de reconocer es la asistencia de velocidad. Una vez que alcancemos un ritmo parejo, nuestros vehículos van a dejar una estela a la que nuestros compañeros se pueden subir, alimentando un turbo que se puede aprovechar para salir disparados como en un efecto gomera, adelantando tanto a nuestros amigos como a la competencia. Esto que se vuelve algo mecánico rápidamente, no deja de tener un componente estratégico. En Team Sonic Racing, se corre como si se jugará un deporte de contacto. No sirve simplemente picar en punta y sumar un par de puntos para el equipo sin importar en qué posición queda el resto de los corredores. Para poder utilizar esta función esencial, hay que mantenerse cerca y estar atento a las necesidades de los demás.

Mantén a tus amigos cerca...

Desde ya, algunas se pueden responder a distancia. Para esos horribles momentos donde un contrincante nos roba un ítem justo cuando estábamos por agarrarlo, ahora existe la posibilidad de pedir que nos presten uno o inclusive nosotros ofrecerlo a los demás. Esto, no sólo brinda la oportunidad de adquirir un objeto ofensivo o defensivo en el momento indicado, sino que además contribuye al llenado de una barra que una vez completa, otorga un turbo especial e invulnerabilidad a todo el equipo. Aún cuando jugamos en solitario, lo que suele ser el punto débil de todos estos juegos, la inteligencia artificial hace un genial trabajo en acompañarnos, asistirnos y hasta enseñarnos a aprovechar estas facultades. Esta frescura dentro del género está aplicada de manera inteligente y se convierte casi instantáneamente en una propiedad que de ahora en más no puede faltar en próximas secuelas y hasta estaría bueno que otras franquicias la apliquen.

Las ruedas de Team Sonic Racing pierden un poco de aire cuando pareciera que todo el - una vez más: admirable - esfuerzo se hubiera detenido ahí. Al dejar en el banco al resto de las franquicias de Sega, las pistas sufren un considerable deterioro creativo, no sólo repitiendo biomas del imaginario Sonic bastante seguido, sino que no es raro volver a encontrarnos con los mismos circuitos más de una vez en el modo historia. Sumado a esto, por más icónicos que Green Hill y Casino Zone puedan llegar a ser, no ofrecen nada realmente atractivo a la vista cuando pasamos a cientos de kilómetros por hora a través de ellos. Siendo justos pero no por eso comprensivos, ese suele ser el problema de todos los juegos del erizo, niveles que no están diseñados para ser disfrutados, sino simplemente atravesados.

Esto se pone peor cuando además de ser poco atractivos, los diseños son poco comprensibles. A veces la única manera de diferenciar una rampa de una pared es cuando ya tenemos el número de serie del radiador grabado en nuestra frente tras comprobar que la materia es impenetrable. Y acá es cuando la mecánica de correr en equipos nos vuelve a salvar a nosotros y al juego, ya que luego de cualquier choque o recepción de un ataque enemigo, si nuestros compañeros nos tocan con su auto, volvemos rápidamente a las pistas sin tener que perder valiosos segundos.

Bien bajo de trompa y con neon abajo.

Esta posibilidad inclusive asiste al juego a tapar otro bache creativo que es el de las armas. El repertorio es el mismo de siempre, solo que con otro nombre: misiles, bombas, bloqueos de camino, turbos y el misil teledirigido que se hace odiar en todos los juegos sin importar que venga en formato caparazón de tortuga o calamar del espacio, como es en este caso. Lo más criticable de todos modos, no es la repetición de los mismos sino la falta de un diseño atractivo para sus animaciones. Arrojar uno de estos ítems ya sea en Mario Kart o en el próximo a volver Crash Team Race suele ser un espectáculo visual pero acá sólo podemos diferenciarlos del resto del entorno una vez que nos golpearon.

Es la conducción al final del día lo que nos mantiene en las pistas. El modo historia es considerablemente extenso sin volverse pesado aún pese a ser contado a través del estático tropo de las novelas visuales y cuenta con variantes, entre mejores y peores, para mantener los motores corriendo. Entre desafíos de velocidad y precisión, a medida que avancemos iremos destrabando pistas y puntos. A veces tendremos que juntar una cantidad de anillos, otras atravesar poco comprensibles circuitos de slalom y en el mejor de los casos, sobrevivir a carreras de resistencia, donde los últimos puestos van siendo eliminados vuelta tras vuelta.

El contenido sabe hacerse aprovechar gracias a misiones secundarias dentro de cada carrera y la buena zanahoria que son los puntos que canjeamos en una máquina de gashapones, la cual entrega de manera aleatoria partes para los autos de los distintos competidores. Estás piezas modifican las estadísticas de cada corredor y sus bólidos - siendo algunos más veloces, otros más robustos o con mejor control del volante - pero no de una manera significante. Tendremos la posibilidad de cambiar de competidor en cada carrera, eligiendo el que mejor se adapte al desafío desde los papeles, pero es muy probable que al final del día terminemos corriendo con nuestro personaje favorito, lo que tampoco está para nada mal.

Un buen resultado pese a todo.

Team Sonic Racing es un juego divertido, prolijo y con un gran diferencial, que no termina de explotar por culpa de un imaginario limitado. Si las nuevas mecánicas se hubiera sumado a la saga All-Stars estaríamos frente a un digno competidor, sobre todo por contar con controles mucho más fáciles de dominar que los de la competencia directa. Lamentablemente, no importa cuan buena sea la ingeniería de este auto, el departamento de diseño no le hizo justicia. Aún así, gracias a sus bondades a las cuales se suma un correcto funcionamiento en línea, es un juego que merece ser tan reconocido como recomendado.

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