Análisis

ANÁLISIS | State of Mind (PC, PS4, XONE, Switch)

Daedalic trae una historia cyberpunk bien narrativa y atractiva, a pesar de las falencias
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Por: Florencia Orsetti

Abundan los videojuegos de ciencia ficción, pero cuando queremos revolver en el cajón del cyberpunk, la cuestión está menos poblada. El subgénero de la tecnología decadente y las rebeliones existenciales tiene grandes exponentes como Deus Ex o System Shock, pero casi ningún título hasta la fecha tiene una presentación tan sobria como la de State of Mind. La nueva aventura de Daedalic Entertainment (los alemanes de Deponia) llega en un momento en que los jugadores tienen sed de cyberpunk –gracias al hype creado por los polacos de CD Projekt Red– y aunque lo que propone dista mucho de ser de acción como la mayoría de los juegos de ciencia ficción, termina por engancharnos con su relato.

El inicio de State of Mind nos deja un poco desconcertados. Richard Nolan es un reconocido periodista que vive en Berlín en el año 2048. Acaba de sufrir un accidente terrible que lo dejó con secuelas psicológicas. Olvidó algunos detalles de su vida, pero sabe que tiene una esposa y un hijo. Cuando regresa a su apartamento, futurista y austeramente elegante, termina por entender que su amada familia no va a regresar. Nos toca descubrir por qué.

Richard no es el único personaje jugable de State of Mind. Ya en el primer capítulo tomamos control de Adam, de quien no sabemos mucho, pero que encontramos que tiene una vida muy similar a la de Richard. Lo sabemos porque la aventura nos deja vivir la rutina y la vida diario de ambos personajes. El inicio de State of Mind es lento. Pero una vez que entendemos que algo anda mal detrás de toda esa fachada de tecnología súper avanzada, la trama comienza a engancharnos.

Estamos ante un título que nos captura con su narrativa. Es una historia lineal, dividida en capítulos y los niveles que podemos explorar son acotados, aunque tienen mucho detalle. Uno de los puntos más fuertes de State of Mind es su ambientación. Ya sea que estemos recorriendo el apartamento de Richard o un oscuro callejón berlinés, cada componente del escenario y cada personaje están muy cuidados. Podemos interactuar con mucho, lo que le da un trasfondo a la trama que nos permite creernos esa sociedad distópico-futurista que plantea.

De todas formas, la mayor pega de estar frente a un juego tan lineal es que en ningún momento sentimos que demande algo de nosotros. Podríamos decir que State of Mind es un walking simulator y eso no sería un problema sino fuese porque no nos propone explorar a fondo para avanzar en la trama. La mayoría de las interacciones que enriquecen el mundo de juego son opcionales. Además, los puzles son más bien minijuegos sencillos, al estilo de “To The Moon”, por ejemplo, que están ahí solo para recordarnos que State of Mind es un videojuego y no una película. Esa falsa interactividad no hace más que molestarnos y aunque no llega a sacarnos de inmersión como si podría hacerlo un puzle muy difícil, si logra que nos cuestionemos toda la coherencia narrativa del título. Muchos walking simulator (Gone Home, Firewatch o Tacoma, por ejemplo) demostraron que hay herramientas más eficaces para integrar interactividad sin cortar el hilo narrativo.

State of Mind es poco ambicioso a nivel jugable, pero eso no le quita el mérito a su historia. La trama toca temas transhumanistas que pueden llegar a sorprender, incluso a aquellos que ya estamos cansados del tema androides e IAs en la ciencia ficción. La conclusión de la trama no es nada que no hayamos visto, pero está muy bien construido el misterio y la intriga propios del thriller. Suma mucho que veamos algunos acontecimientos desde el punto de vista de varios personajes. Lo que no consigo superar respecto a ellos es la falta de carisma, quizás porque los gráficos low poly y el voice acting irregular no ayudan a que empaticemos del todo con ellos. Por muy irónico que suene en relación a la trama, los personajes son muy robóticos.

Visualmente es impactante. El minimalismo que manejan los gráficos hace que la paleta de colores sea la protagonista de todos los ambientes. El modelo de personajes es quizás lo único flojo de este apartado. En lo demás, es imposible no asombrarse con la recreación de Berlín que propone State of Mind. Desde lo estético, proponiendo paisajes lluviosos y nocturnos, deja bien en claro que Daedalic Entertainment entendió el cyberpunk. No solo eso, también le puso una impronta muy propia gracias a la técnica del low poly.


State of Mind no trae precisamente nada nuevo, pero se disfruta gracias a cómo cuenta su historia de unas 10 horas de duración. Sus personajes están bien escritos, aunque haya una incongruencia en cómo quedan plasmados en el juego por fallas técnicas en las animaciones y el voice acting poco inspirado. En lo visual, es un videojuego llamativo y deslumbra con lo estético. Su linealidad y su poco esmero en los puzles lo convierten en un juego recomendado solo para los amantes de las aventuras narrativas. Para los demás, puede llegar a ser un videojuego atrapante, pero como no tiene rejugabilidad, lo más sensato es esperar a la oferta.

LO MEJOR:

  • La historia atrapa y aunque toca lugares comunes, sabe como dar giros para sorprendernos
  • Estéticamente es cyberpunk hasta la médula
  • El nivel de detalle con el que están recreados los escenarios le aporta trasfondo al mundo del juego

LO PEOR:

  • Demasiado lineal y simple, como los walking simulators más vagos
  • Personajes con poco carisma
  • Algunos problemas técnicos en las animaciones
  • Rejugabilidad nula, a pesar de que nos diga que "tomamos decisiones"

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