ANÁLISIS | Santa Clarita Diet: Temporada 3
Análisis

ANÁLISIS | Santa Clarita Diet: Temporada 3

La serie zombi de Drew Barrymore está más inteligente y emotiva que nunca, ¡y no perdió ni un litro de sangre!

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Por: Florencia Orsetti

Santa Clarita Diet es una de esas series que se ha puesto mejor con el tiempo. Cada nueva temporada lleva a un nuevo nivel el asunto de vivir como un zombi en la vida moderna. La serie de Victor Fresco, que estrenó tercera temporada el viernes pasado en Netflix, comenzó como una parodia más a la vida suburbana norteamericana, sumando violencia gráfica excesiva y muy caricaturizada. Pero la serie se reinventó en su segunda temporada y ahora nos trajo una tercera aún más afilada, que se anima a ahondar en el drama de la vida de familia, sin perder lo divertido.

La segunda temporada terminó en un punto clave, con Sheila (Drew Barrymore) y Joel (Timothy Olyphant) siendo descubiertos por Anne (Natalie Morales), la oficial de policía que amenazaba con descubrir su secreto zombi. El conflicto fue resuelto de forma divertida: Anne terminó convencida de que Sheila es una enviada de Dios. Esto da lugar a situaciones muy divertidas en los nuevos episodios.

La tercera temporada de Santa Clarita Diet elige darle un poco de aire a la relación entre Sheila y Joel para darles lugar a otros personajes secundarios. Eso no significa que el matrimonio pierda el encanto. Al contrario, la química entre Barrymore y Olyphant está más explosiva que nunca.

En el núcleo, Santa Clarita Diet es un drama sobre cómo llevar adelante un matrimonio y una familia. No pierde el humor nunca, pero en el fondo nos deja pensando con preguntitas existenciales sobre la inmortalidad, el amor y el propio propósito de la vida. La propia Sheila se pregunta si su vida tiene otro propósito más que el de matar personas. Y gran parte de la temporada consiste en responder esa pregunta. Así resurgen personajes divertidísimos como Ron (Jonathan Slavin) o la nueva paciente de “Meals of Wheels” de Sheila.

Las subtramas se refuerzan porque todo va en la misma dirección. La familia Hammond vive en peligro constante. Anne termina formando un culto que tiene a Sheila como una Mesías, y eso es solo el principio. Lo que sigue incluye caballeros asesinos de zombis; un zombi errante mordiendo gente sin sentido en Santa Clarita y a un grupo de militares secuestrando zombis para fines bastante perturbadores.

En lo personal, no me gustó como resolvieron la subtrama de Anne. Al final terminó siendo solo una excusa para que Sheila le encuentre un propósito a la vida. Aun así, la temporada cierra sólida y mucho de eso se lo debemos al resto de los personajes secundarios. A los ya mencionados y al singular Tommy (Ethan Suplee), el cazador de zombis. Al final, Sheila y Joel ya no están solos.

Me hubiese gustado ver más involucrados a Abby (Liv Hewson) y Eric (Skyler Gisondo). El tema del fracking dura toda la temporada y no termina de conectar con el drama familiar-marital ni con las andanzas de los padres. El humor de Eric sigue siendo ese alivio cómico que tanto amamos, aunque queda a la sombra de Abby, quien finalmente consigue conectar más con sus padres en la segunda mitad de temporada.

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