Déjà vu
Análisis

ANÁLISIS | Russian Doll S01E01: Nothing in This World Is Easy

La Gran N sigue sumando series originales a la grilla, esta vez de la mano de un trío de talentos femeninos delante y detrás de las cámaras. 

Avatar de Jessica Blady

Por: Jessica Blady

Natasha Lyonne (la Nicky Nichols de “Orange Is the New Black”), Amy Poehler y Leslye Headland (guionista de “Terriers”, entre otras cosas) unen talentos para esta nueva comedia de Netflix que, de entrada, se parece, y no se parece, a mucho de lo que ya conocemos. “Russian Doll” se centra en Nadia (Lyonne), una neoyorquina en plena crisis de los 36 años (¿?). Hasta ahí, nada que sitcoms como “Sex and the City” hasta “Master of None” no hayan explorado desde diferentes ángulos y personajes, pero imagínense todos estos entuertos sociales mezclados con “El Día de la Marmota” (Groundhog Day, 1993).

“Nothing in This World Is Easy”, escrito y dirigido por la misma Headland, arranca en el artístico departamento de Maxine (Greta Lee), amiga incondicional de la protagonista, quien se ofreció a ser la anfitriona de su fiesta de cumpleaños número 36. Nadia no está del todo concentrada en la diversión ya que anda preocupada por su gato Avena (único compañero de sus días), el cual lleva desaparecido desde hace tres días, un factor que parece influir en esta pre-crisis de la mediana edad.    

La chica disfruta a su manera, se fuma un porrito y sale de la fiesta con una nueva conquista masculina que no le dura mucho. A mitad de la noche descubre que le faltan cigarrillos y mientras recorre las calles frente al parque vislumbra a su querido Avena. Sin darse cuenta cruza desprevenida y ahí, atropellada por un clásico taxi amarillo, acaban los días de Nadia Volvokov, ingeniara de software con una actitud bastante cínica y arisca.

O no. Ya que para su sorpresa, y recordando vívidamente lo que acaba de ocurrir, Nadia “despierta” en el mismo baño de Maxine, en su propio festejo de cumpleaños, tratando de entender lo que le está pasando… o qué se fumó para tener semejante déjà vu.

Así arranca “Russian Doll”, con la protagonista atravesando varias muertes y regresando, una y otra vez, a esa fiesta, una especie de hito que le recuerda que llegó a vivir más años que su mamá, o que está relativamente sola, si no contamos al escurridizo felino. En cada uno de sus loops se cruza con nuevos personajes (amigas, su ex), pero también hay signos recurrentes que no termina de entender, como un indigente que cree conocer de algún lado.

Los días siguientes transcurren en aparente normalidad, hasta que la muerte azarosa decide rebootear este momento de su vida para darle una nueva oportunidad, aunque no sabemos el por qué. Claro que tampoco lo sabe Nadia, quien va a tratar de encontrar las causas de este extraño fenómeno que le toca atravesar.    

Vivir sólo cuesta vida para Nadia

Con “Nothing in This World Is Easy” nos queda bien en claro el tipo de narrativa y personajes que Lyonne, Poehler y Headland nos quieren ofrecer. También sus temas más profundos (con la mortalidad a la cabeza), que se van dejando entrever dentro de un panorama bastante mordaz, absurdo por momentos y casi siempre tragicómico, que cae en lugares comunes, pero sabe cómo utilizarlos a su favor con un ritmo que nunca para.  

El personaje de Lyonne, aunque un tanto desagradable, no deja de ser hipnótico (bah, como la misma Natasha), el centro de este enigma que necesitamos recorrer junto a ella a lo largo de los ocho episodios, porque no nos pueden dejar de entrada con semejantes incógnitas y tan pocas respuestas.

En esta nota