Cuarón nos lleva de paseo por su infancia
Análisis

ANÁLISIS | Roma

Alfonso Cuarón se tomó su tiempo, pero vuelve a la pantalla grande con una obra tan bella como personal, y sí, de las mejores de 2018. 

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Por: Jessica Blady

El estreno de “Roma” (2018), la última película de Alfonso Cuarón -el mismo de “Niños del Hombre” (Children of Men, 2006)-, vuelve a abrir el interrogante de si el cine sigue siendo cine, aunque no lo podamos disfrutar como se debe: en las salas cinematográficas. El debate en sí se lo dejamos a las comisiones de los festivales o las entregas de premios que deben decidir para que lado se mueve la aguja, pero sí podemos discutir la falta de esta posibilidad para el público más amplio, ya que el film nos llega con un estreno limitadísimo y en salas muy específicas como la del Malba.

Así, “Roma” se convierte en una pieza “artística”. Claro que lo es, pero no es necesario que sea percibida de esta manera un tanto snob, cuando al mismo tiempo está al alcance de un click y disponible para todos en la plataforma de la N roja. ¿El error? Netflix ni siquiera cree conveniente destacar este estreno tan importante, y desde su página principal prefiere vendernos las series y películas más intrascendentes.     

Entonces, ¿cuántos de los usuarios van a terminar disfrutando de una de las mejores películas de 2018 antes de que se pierda en ese extenso catálogo? Nosotros no podemos saberlo con certeza, pero aportamos nuestro granito de arena para que la audiencia se acerque a la que es, sin dudas, la obra más personal y bella del director mexicano.

“Roma” toma su nombre del barrio donde se desarrolla la trama, una lujosa y emblemática zona residencial donde se asentó la clase media y alta mexicana más acomodada, en la primera mitad del siglo XX; pero también donde Cuarón pasó su tierna infancia, período que, sin duda, marca la historia de Cleo (Yalitza Aparicio), una de las empleadas de la familia, jovencita mixteca tan tímida como dedicada a sus labores diarias.

 

 

Cleo y Adela (Nancy García García) comparten una minúscula habitación dentro de la casona. Es ella la que también debe lidiar con los cuatro pequeñines de la casa, una relación cercana y maternal que es correspondida, más que nada por Sofi, la única nena de la familia. Así, pasa sus días apegada a la rutina de los quehaceres domésticos, alejada de su propio hogar y su familia; y en sus ratos libres pasea con amigos y lleva adelante una relación con Fermín (Jorge Antonio Guerrero), primo del novio de Adela.   

La dinámica dentro de la casa empieza a trastocarse cuando el señor Antonio (Fernando Grediaga) sale nuevamente de viaje dejando a la señora Sofía (Marina de Tavira) sola con los chicos y los criados. A Cleo le toca ser testigo de esta relación que se va desintegrando, muchas veces, poniéndola a ella como objeto de descarga. En un punto, ella suma sus propios problemas personales, angustiada ante la posibilidad de perder el empleo.  

De esta manera y sin ningún artificio, Cuarón va tejiendo una trama minimalista que no hace más que recordarnos la belleza y naturalismo del neorrealismo italiano. Claro que sus herramientas son menos improvisadas, y con toda la maestría que fue acumulando con los años -el realizador también se encarga de la fotografía, el guión y el montaje junto a Adam Gough-, nos entrega una historia personal, emotiva y sincera, dedicada a Libo (Liboria Rodríguez), la Cleo que trabajaba en su propia casa de la infancia.

 

Yalitza Aparicio es la gran revelación de Roma

 

“Roma” es mucho más que el relato de esta empleada, es una pintura del México de principios de la década del setenta, sus contrastes de clase que el director no tiene timidez en mostrar, y algunos trágicos hechos políticos que marcaron la historia del país latinoamericano como la masacre de Corpus Christi, una revuelta estudiantil ocurrida el 10 de junio de 1971, que sigue siendo una de sus páginas más oscuras.

Cleo atraviesa los hechos, y los problemas de la familia de la que forma parte de alguna manera, y siempre los vemos a través de su mirada, muchas veces inocente, otras temerosa y, sí, un tanto ignorante, pero sumamente auténtica. Es ahí donde Yalitza Aparicio y la dirección de Cuarón juegan un papel fundamental, además de esa impecable fotografía en blanco y negro, y un uso de los sonidos (y los silencios) que ya debería tener asegurado su Oscar (vale empate con “Un Lugar en Silencio”).

El mexicano prescinde del uso de cualquier banda sonora musical original y, en cambio, sólo nos deja con los sonidos ambiente, las canciones de la radio y los cantos de Cleo, que la mantienen conectada con sus raíces mixtecas.

 

La familia en el centro de la historia

 

“Roma” es mucho más que este recorrido nostálgico por la niñez del director y una parte de la historia mexicana, también suma su sentido homenaje al séptimo arte a puro metarrelato y autorefeencias. Imposible no pensar en “Y tu Mamá También” (2001), o en “Gravedad” (Gravity, 2013) cuando los chicos corren al cine para ver el último hit espacial, sin dudas, propiciado por la reciente llegada del hombre a la Luna. Hasta se permite deslizar un mensaje feminista de independencia y autosuperación, nada casual en una de las sociedades más machistas de América Latina.

De esta manera, “Roma” también termina siendo una historia sobre mujeres muy diferentes que encuentran sus puntos de encuentro en las pequeñas trivialidades de la vida, sin importar las clases sociales, ni la educación, ni los partidos políticos, solamente esas cosas que nos definen como humanos y, en el centro, la familia como lugar de pertenencia.

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