ANÁLISIS | Riot: Civil Unrest (PC, Switch, Xbox One, PS4)
Análisis

ANÁLISIS | Riot: Civil Unrest (PC, Switch, Xbox One, PS4)

Un juego que te permite vivir tus fantasías revolucionarias donde ganar la calle es el objetivo

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Por: Guillermo Leoz

No existen muchos títulos donde aquello que se trate de representar es qué sucede en una protesta social. Las motivaciones que llevan a la sociedad a manifestarse no suelen ser exploradas en videojuegos y menos se suele gamificar cómo un grupo de personas se moviliza y se planta ante una represión policial. Por eso es que Riot: Civil Unrest resulta un juego mucho más interesante de lo que quizás termina siendo correcto en su ejecución; aunque no esté tan pulido en sus mecánicas, en su jugabilidad o en su armado de objetivos, aquello que propone resulta casi necesario en los tiempos en los que vivimos. Esto sigue siendo cierto incluso cuando toma la decisión de incluir a las fuerzas de represión como facción jugable para evitar la polémica de centrar un juego en protestas sociales que eventualmente pueden ser violentas.

Riot: Civil Unrest es básicamente un juego de estrategia en tiempo real donde tendremos que ir cumpliendo misiones con dos facciones posibles: los manifestantes (es decir, el pueblo) o la policía. Si decidimos ser aquellos que llevan adelante la protesta, vamos a tener que ocupar un cierto espacio (como puede ser una plaza), romper ciertos elementos como generadores en una fábrica, hacer que la policía retroceda, defender algunas locaciones, etc. En cambio si somos los represores, vamos a tener que evitar que el pueblo se salga con la suya haciéndolos replegar, dispersándolos, rompiendo carpas o evitando que ocupen ciertos lugares.

La idea es que para cada misión vamos a contar con una cierta cantidad de gente a disposición, juguemos del bando que sea. En el caso de ser aquellos que protestan, la convocatoria se va a dividir automáticamente en ciertos grupos que pasaremos a controlar de manera individual. Si usamos un joystick, con el stick vamos a ir direccionando para que avancen a donde nosotros queramos; la idea es ser estratégicos en dónde colocar a cada grupo. Hay dos modalidades para cada uno de ellos: pacífica o agresiva. Cada instancia nos permite utilizar habilidades diferentes que se irán recargando con el tiempo. Cuando estamos en modo pacifista, podremos elevar la moral de nuestros compañeros, sacar fotos para inclinar la opinión pública a nuestro favor, llamar a refuerzos a través de redes sociales, indicar para plantarse en una zona y defenderla o incluso sentarse para ser más difíciles de mover por parte de la policía. Vamos a poder lanzar algunos objetos pero serán aquellos inofensivos. Si decidimos pasar a una actitud más agresiva, ahí ya vamos a poder tirar bombas molotov, piedras, petardos y todo tipo de acciones que van a caldear el ambiente y culminarán en una represión brutal. Con todas estas herramientas a nuestra disposición, vamos a ir aguantando los embates de la policía y tratando de que no nos hagan entrar en pánico. Lo que puede suceder es que nuestros manifestantes se sientan abrumados por la situación y decidan escapar. Entonces la dinámica de cada misión se trata de balancear cuán pacíficos o violentos queremos ser para conseguir nuestro objetivo; a veces convendrá sentarse en una plaza para tomarla, pero en otros caso vamos a tener que quemar algún que otro vehículo policial.

Ocupar plazas es el objetivo en varias de las misiones

Cuando nos pongamos en la piel de la policía, el juego se vuelve todavía más parecido a un pseudo RTS con clases más definidas y con acciones un poco más obvias y explícitas. Tendremos unidades con escudos, otros con armas, camiones hidrantes, podremos elegir qué tipo de armadura vamos a tener, qué equipamiento, etc. (todos estos factores van a ir balanceando el presupuesto disponible para cada misión). La forma de jugar con esta facción es bastante similar a la otra, simplemente nuestro encare va a ser un poco más directo. Tendremos unidades que pueden salir corriendo para asustar a la gente y que se dispersen; podemos hacer que marchen en cierta dirección, ordernarlos en una formación determinado, lanzar gases lacrimógenos, meter presos a manifestantes, etc. El riesgo está en que si no somos cuidadosos con la violencia ejercida, la opinión pública va a estar tan en nuestra contra que fallaremos la misión.

Más allá de que no me sienta cómodo en lo personal jugando con fuerza represoras, siento que el espíritu de Riot: Civil Unrest no está en jugar como la policía. Honestamente no se siente muy satisfactorio ni intuitivo el manejo de esta facción y no hay mucha estrategia que implementar más allá de no irnos de mambo con la mano dura. En cambio cuando jugamos como aquellas personas que protestan, todo cobra un poco más de sentido. Vamos a estar tomando decisiones constantemente de a dónde llevar a nuestros grupos, balancear cuán agresivos somos, no olvidarnos de convocar más gente, de reagruparse, etc. El costado negativo de jugar como cualquiera de los dos bandos es que a veces vamos a simplemente tener que esperar que el tiempo arbitrario que debemos ocupar una zona se cumpla para que la misión finalice, incluso cuando ya teníamos todo más o menos controlado hace rato. Eso cambia un poco cuando elevamos la dificultad del juego, pero así todo esas situaciones se van a repetir.

El juego busca recrear conflictos verídicos

Los objetivos en Riot: Civil Unrest los vamos a ir cumpliendo en ciertos modos de juego, siendo el principal uno llamado “Global” donde vamos a ir de misión en misión eligiendo qué equipamiento llevar. Elijamos el bando que sea, lo más importante es torcer la opinión pública a nuestro favor (o por lo menos no tenerla en contra). Por lo tanto se vuelve aún más importante no abusar de los recursos violentos que el juego nos ofrece. Si la otra facción tiene al público de su lado, tendrán ventajas notables en la próxima misión. Por lo tanto vamos a ir saltando de locación en locación sin un gran hilo conductor más allá de algunas pequeñas introducciones con texto y así hasta llegar al final de este modo.

Si buscamos una modalidad que tenga un poco más de trama, entonces tendremos una especie de modo historia donde tendremos mini campañas para ir completando con cualquiera de las dos facciones. Cada una nos va a ir llevando a distintos días de un conflicto en países como España, Grecia, algunas regiones de América Latina, etc. Sorprendentemente está bastante desarrollado el trasfondo de estos conflictos sociales y por lo general tendremos una razón bastante verosímil por la cual el pueblo estará reclamando lo que le corresponde. Suelen ser críticas a manejos corruptos del estado, a empresas fraudulentas, a organismos que no administran los recursos como corresponde, entre otras. Es una pata de Riot: Civil Unrest que no esperaba que estuviera tan profundizada ni que fuera a ser tan considerada con ciertas causas sociales. Esto se evidencia en las banderas, carteles o estandartes que las columnas de protestantes suelen tener; son pequeños toques que evidencian un respeto por parte de los desarrolladores por causas tan importantes (respeto que se tira por la borda cuando le dan la posibilidad a los usuarios de cumplir sus fantasías represoras).

El estilo pixel art resta más de lo que suma

Lo que lamentablemente no ayuda a transmitir con un poco más de seriedad una temática como esta es el estilo pixel art que tiene el juego. A esta altura es una estética utilizada hasta el hartazgo, que perdió todo tipo de sorpresa y nobleza. Incluso aunque no lo fuera, uno no deja de sentir que es una evidencia de la falta de recursos a la hora de desarrollar el juego. Es un estilo visual que hace caricaturesco y grotesco algo que claramente no lo es. Quizás si hubieran apostado por algo más realista, jugar como la policía habría sido incluso más polémico o hubiera generado mucha más culpa entre los usuarios. Sea cual sea el motivo, el efecto no es el adecuado.

Otro defecto notable de Riot: Civil Unrest es la falta de un tutorial que nos explique las mecánicas. A pesar de lo extremadamente fáciles que pueden ser las primeras misiones en el nivel de dificultad más bajo, nadie en ningún momento nos dice cómo jugar a este juego, que para colmo no tiene muy bien la información presentada en pantalla. Vamos a tener que darnos cuenta por nuestros propios medios y a través de mucha prueba y error cómo ir controlando a cada grupo o qué hace cada herramienta. Tampoco es satisfactorio (por lo menos con un joystick) el sistema para arrojar objetos, bombas, petardos o lo que sea. El stick es demasiado sensible y no vamos a tener ni control ni precisión alguna.

Siempre habrá tensión entre el pueblo y la policía

Riot: Civil Unrest es una idea bastante noble que se ve perjudicada por aspectos que, a simple vista, podrían ser fáciles de corregir. A pesar de haber estado en Early Access durante un tiempo largo y de haber sido anunciado hace casi cuatro años, esas falencias no se terminaron de pulir del todo. Sin embargo la experiencia troncal del juego y la dinámica principal están bien establecidas y es una idea lo suficientemente alejada de lo común como para, como mínimo, llamarnos la atención. Claramente el lado de los manifestantes está mejor representado, más trabajado a nivel mecánicas y es aquel que tiene una narrativa más elaborada. Ser parte de un aparato represor no sólo nos dará (o no) algunos dilemas morales y mucha culpa, sino que tampoco termina de ser del todo divertido o dinámico. Lo hecho por Merge Games no llega quizás a enamorarnos del todo, pero nos da esperanzas para ver qué podría llegar a hacer este equipo en un futuro juego o con más recursos. Por ahora, no va más allá de una buena idea con altibajos en su ejecución.

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