El festejo de una victoria de equipo.
Análisis

ANÁLISIS | Pokemon Let's Go Pikachu

La filosofía de ser siempre el mejor, aplicada. 

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Por: Rippy RIzza

Contando con varias reversiones y relanzamientos, uno pensaría que presentar una vez más la primera aventura Pokémon no sería algo muy arriesgado. Sin embargo, Pokemon Let’s Go - ya sea Pikachu o Eevee - es un juego que carga con muchas responsabilidades. Es el primer Pokémon en consola hogareña, tiene que alzar el escudo contra los detractores de “Go” y encima debe mantener viva la llama de una Switch que contó con pocos exclusivos en su segundo año de vida. ¿Cómo responde ante todas estas tareas herculeanas? Acompañenme junto a Café con Leche - mi Pikachu inicial - a descubrirlo.


Pokemon Let’s Go Pikachu es una reimaginación moderna del clásico Pokemon Yellow, ese que llegó un par de años después del suceso inicial, buscando cautivar a quienes se habían agarrado la fiebre Pokémon a través de la serie animada. Como sucede con las aventuras de Ash, acá lejos de elegir una criatura para iniciar nuestro viaje, ella nos elige a nosotros y el vínculo se forma casi de inmediato. Probablemente para los veteranos, esto suceda por el cariño que uno ya arrastra desde hace más de veinte años pero aquellos que se encuentren frente a su primer juego de Pokémon, esto los sorprenderá de la misma manera. Más allá de lo notable de su apartado gráfico tanto en modo portátil como en la TV, lo que más resalta de esta entrega son los pequeños detalles agregados que nunca habían hecho falta hasta ahora. Cada vez que la historia nos cuente un pequeño suceso, estos tendrán su propia cinemática donde podremos ver a personajes que resultan más vivos que nunca y esto facilita la inmersión de una manera impecable. Antes de salir del mismísimo Pueblo Paleta, ya vamos a estar completamente comprometidos con esta historia.

Las sorpresas existen y no son pocas, pero cada una llega en el momento justo y prefiero no spoilearlas. Sin embargo, no es necesariamente lo nuevo lo que seduce de este juego. Reencontrarnos con paisajes conocidos como ser Viridian Forest ni bien salimos de casa es una caricia al jugador por parte del legado de este juego de Rol, que maneja el ambiente con una teatralidad digna de las publicidades a las cuales los productos de esta franquicia nos tienen acostumbrados. Poder ver a los monstruos deambulando por sus habitats naturales por primera vez, resulta en una experiencia emocionante. Que cada criatura respete su escala y su comportamiento eleva la verosimilitud del juego al punto que invita a la exploración de una manera que tal vez no se esperaba. Recorrer cada punto del mapa sin saber que podíamos encontrar siempre fue entretenido, pero perseguir un Onyx gigantesco dentro de una cueva y no parar hasta encontrarlo o ver como un Meowth podría escabullirse tranquilamente entre las piernas resignifica por completo la experiencia Pokemon.

Cara a cara con pokemon a escala.

Claro está, esto es también la base de una de las polémicas más grandes de este juego. Buscando llamar la atención del jugador de” Pokémon Go”, no son solo los encuentros aleatorios los que desaparecieron, sino que a la hora de atrapar a las nuevas especies que nos vayamos cruzando, ya no tendremos que combatirlas sino que simplemente arrojamos nuestras trampas como en el juego mobile, ya sea con el periférico en forma de Pokebola, emulando el movimiento con el joycon o apuntando como si fuera una especie de Shooter cuando jugamos en portatil. Y contrario a todo lo que se anticipaba, esta mecánica funciona y muy bien. En primer lugar, el hecho de no tener que combatirlos para atraparlos es una verdad a medias, ya que habrá algunas especies en particular que exigirán ser derrotadas antes de que las podamos encapsular pero, más allá de eso, el dinamismo que propone la mecánica de “Pokémon Go” motiva a atrapar la mayor cantidad de criaturas posibles, facilita el grindeo ya que obtendremos experiencia por hacerlo y hasta suma una mecánica de combos, la cual funciona hilando capturas de una misma especie, lo que hace que cada nuevo espécimen aumente las posibilidades de tener tanto mejores estadísticas, como las chances de encontrar un Shiny.

Esto realmente es un cambio de paradigma dentro de una franquicia tan emblemática, pero bajo ningún aspecto - más allá de los gustos personales - es un retroceso. Ahora, aquellos jugadores que optan por enfocar su experiencia al IV Training o a la competición más demandante, tienen una manera más ordenada de hacerlo, con estadísticas mucho más claras y al mismo tiempo, quienes se sentían intimidados por este meta, ahora pueden volcarse a esta faceta de una manera mucho más amigable, gracias a la incorporación de unos caramelos que aumentan las distintas stats de nuestros animales, los cuales obtenemos enviando nuestras capturas repetidas al Profesor Oak. Porque sí, Let’s Go sugiere una simplificación de mecánicas de la serie en varios aspectos, pero también rompe con el falso mito que reza que para que algo sea desafiante o divertido tiene que ser difícil y cerrado por definición.

Hay encuentros que siempre van a ser difíciles.

Para probar las habilidades como entrenador estarán los combates, los cuales en un principio están tan mal ajustados que podemos ganar hasta intentando hacer las cosas mal adrede. En las primeras tres o cuatro horas de juego el desafío es inexistente y peor aún si sumamos a otra persona en el modo cooperativo. Con tan solo sacudir el otro joycon, alguien se puede sumar a nuestra partida y, aunque no pueda interactuar con nada del mundo, si participa activamente de las batallas, permitiendo un desleal dos contra uno en la gran mayoría de los casos. Está mecánica funciona a la perfección para introducir a potenciales fans al mundo de Pokémon, pero facilita mucho los combates. Sin embargo, luego de obtener nuestra segunda medalla, todo se empareja un poco más y la experiencia vuelve a ser la tradicional. Es verdad que en esta entrega las ventajas de tipo significan un golpe crítico seguro y que un equipo bien balanceado es una combinación ganadora desde el vamos, pero si podemos culpar a este Pokémon de algo es de haber encauzado su comunicación al público nuevo, dando a entender erróneamente a los jugadores asiduos que no habría nada para ellos.

Lo que hay que comprender y remarcar es que Let’s Go, como un Double Slap, pega como mínimo dos veces. La primera pasada, lo que podemos identificar como el modo historia, es un recorrido para disfrutar. Vamos a tener desafíos interesantes y peleas que nos hagan dudar de nuestras habilidades, pero más que nada vamos experimentar todos nuestros lugares favoritos de la región de Kanto desde una perspectiva diferente. Cada encuentro con el equipo Rocket se ve elevado cuando cada tanto los rufianes que nos cruzamos son los mismísimos Jesse y James. Atravesar las numerosas rutas de está región se vive de una manera completamente distinta cuando lo podemos hacer al lomo de nuestras criaturas favoritas y acompañar a Cubone a la Torre Pokémon se torna una anécdota digna de lágrimas. Después, el segundo golpe de este juego viene en el Post Game, cuando no sólo se nos habilitan un par de regiones nuevas del mapa, sino que también podemos combatir contra los Entrenadores Maestros.  Cada uno de estos sólo emplea a un Pokemon y el desafío es pelear con otro igual, para consagrarnos como maestros en el entrenamiento de dicha especie. Pero más allá de esto, también tendremos la oportunidad de encontrarnos con bestias legendarias y hasta combatir con algunos personajes emblemáticos de la saga, que aparecen como cameos que emocionan más que los de Stan Lee en cada peli de Marvel.

Invitados de lujo.

Y al fin y al cabo, todo lo que se sentía forzado como la integración con Pokemon Go, termina siendo anecdótico. Lo que era la antigua Zona Safari ahora sirve como punto de conexión con nuestros teléfonos celulares. Siguiendo un par de direcciones en pantalla, se nos otorga la posibilidad de pasar los monstruos de bolsillo que tengamos en las computadoras que usualmente llevamos en nuestros bolsillos, a la Nintendo Switch. Mientras que cabe aclarar que no existe el ida y vuelta, por lo que una vez que salgan de nuestro celular no van a volver, si es una forma expeditiva de completar la Pokédex. Sumado a esto, en ese mismo lugar podremos acceder a distintas actividades con nuestras criaturas siempre y cuando hayamos atrapado a una cantidad determinada de las mismas, pero todo dentro del terreno de lo que podemos llegar a denominar minijuegos, siendo esta la parte que menos termina importando de toda la experiencia. Si resulta molesto tal vez que hayan quitado de las opciones en línea la posibilidad de pelear o intercambiar directamente con desconocidos, ya que ahora se requiere un código como en la versión mobile, pero esto por un lado se resuelve fácilmente visitando comunidades Pokémon en la web y por otro lado, sin dejar de ser una decisión cuestionable, aporta a la experiencia íntima por la que el título se juega.

Porque finalmente, lo que más importa es sumergirse de lleno en esta versión del viaje del héroe. Cada paso que demos con nuestro Pikachu - o Eevee - al hombro es digno de capturar con la función de video de la Switch. El hecho de que cualquiera de los integrantes de nuestro equipo nos pueda acompañar fuera de la Pokebola refuerza la relación que forjamos con nuestros bichos favoritos y si a eso sumamos las opciones de personalización de nuestro avatar y de Pikachu, contamos con una experiencia Pokemon hecha justamente a medida de cada jugador. Acá encontramos el punto más fuerte de esta entrega. Todo lo que acabo de describir puede sonar común y hasta algo simple, pero sin embargo demuestra que es la experiencia más rolera que se haya podido vivir dentro de esta serie. La vivencia personal va más allá de haber bautizado a mi Pikachu como a una de mis gatas y a mi rival como a mi amigo Guillo Leoz. Que los Pokemons ahora sean visibles y palpables, que puedan realizar acciones fuera de las peleas, que podamos medirlos en relación a espacios y dimensiones de todo el juego y que tengan sus animaciones particulares, nos entrega lo que siempre nos gustó del primer juego, en el formato que siempre quisimos jugarlo

Atravesar el mundo a lomos de un Arcanine. El sueño del pibe.

En definitiva, Pokemon Let’s Go es un juego arriesgado disfrazado de una experiencia edulcorada. Mientras que de entrada puedan hacer ruido las mecánicas de captura o el hecho de que sea Pikachu quien ahora aprende a volar, nadar y cortar, a la hora de hacerlo efectivo funciona de una manera completamente dinámica y orgánica. Lo que el título de Game Freak sacrifica en tradición lo recupera en inmersión. Mientras todos esperamos el sueño colectivo de un Pokémon de mundo abierto, esta entrega nos da la posibilidad de vivir como nunca la fantasía de ser nosotros esos chicos y chicas de diez años que salen al mundo a hacerse amigos de un centenar de animales mitológicos. El salto definitivo a las tres dimensiones en conjunto con su dirección de arte refuerzan como nunca el imaginario oriental de esta primera entrega fortificando las inspiraciones culturales del relato, al tiempo que el humor autorreferencial y las conexiones directas a nuestras aventuras anteriores solidifican lo que la experiencia Pokemon significa. Todo esto logra que, curiosamente, los recién llegados tengan la misma primera experiencia que tuvimos aquellos que lo tuvimos que jugar emulado y mal traducido hace ya veinte años. Ya sea la primera visita a Kanto o la octava con en mi caso, la experiencia Pokémon está intacta.

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