ANÁLISIS | Overland es un accidentado viaje post-apocalíptico
Análisis

ANÁLISIS | Overland es un accidentado viaje post-apocalíptico

La estrategia por turnos nos pone ante una situación inusual: un juego en el que la mejor estrategia es huir. Descubrí todo lo bueno; y también todo lo malo; de Overland

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Por: Maximiliano Baldo

Se pueden hacer muchas cosas con un tablero de juego reducido. Títulos como Into the Breach demostraron que los más grandes desafíos de estrategia tranquilamente caben en una pantalla, ofreciendo al jugador momento tras momento de alta tensión en la que su próxima decisión puede dar por terminada la partida o permitirle continuar un turnito más. Algo por el estilo plantea Overland, de Finji; y aunque posee algunos caprichos de diseño, quizá son justo lo que necesitaba para destacarse entre los demás.

El fin del mundo está entre nosotros. La ciudad a nuestro alrededor ha sido evacuada. Unas extrañas criaturas con inusuales diseños marítimos; similares a corales andantes; pululan por todas partes. Nuestro objetivo: escapar hacia el oeste atravesando los Estados Unidos hasta llegar a la costa del Pacífico. Para ello dependemos de nuestro vehículo, al que debemos mantener reparado y abastecido de combustible; pero desde luego, eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Iniciando la partida con apenas un sobreviviente y el auto más básico, nuestra misión es abrirnos paso, nivel tras nivel, hasta alcanzar el último punto de nuestro itinerario. En el camino podremos optar por realizar paradas en diversos puntos de interés; mapas que podrían darnos la posibilidad de hallar ítems, armas, nuevos vehículos con mayor capacidad, y hasta otros sobrevivientes para unirse a nuestro escape. La unión hace la fuerza, así que rescatar otras vidas en el camino, ya sean humanas o caninas, será de inmenso valor.

Que nadie se acerque: mi perro tiene un cuchillo

Cada uno de estos sobrevivientes posee una o dos habilidades innatas que podrían definir sus roles en el viaje; lo que no quiere decir que todas ellas sean necesariamente positivas. Es posible que enfrentemos momentos de tensión al darnos cuenta que no hay suficientes asientos libres en nuestro vehículo actual, debiendo dejar a los más débiles a merced de las criaturas que pululan por todas partes. Peor es cuando el desafortunado es uno de nuestros perritos; compañeros fieles que no pueden manipular ítems como los humanos, pero que compensan esa falta con características propias de su raza, como por ejemplo no necesitar tener un arma equipada para atacar.

Es muy fácil intentar juzgar a Overland como otro juego de estrategia del montón, pero hacer eso sería un despropósito. Overland no sigue la estructura clásica del género: nuestro objetivo no es quedarnos en el nivel hasta derrotar a todos los enemigos, sino huir de allí tan pronto como podamos, ya que los antagonistas seguirán apareciendo hasta saturar el mapa con su presencia. Nuestra prioridad está en intentar recolectar algunos ítems; especialmente combustible para nuestro vehículo; y continuar el viaje sin mirar atrás. Si bien ese es un concepto sencillo, aquí es donde la naturaleza del caprichoso diseño del juego entra para dividir las aguas: Overland es un juego muy, muy, MUY difícil.

No veo la dificult--Oh...

Hay una severa tendencia a limitar al jugador en tantos aspectos como sea posible. Nuestros sobrevivientes apenas tienen dos acciones por turno, que deben utilizar tanto para moverse por el mapa (una casilla por acción) o para utilizar algún ítem y atacar. Afortunadamente podemos agarrar objetos, dejarlos caer, guardarlos en nuestro vehículo o pasárselos a un compañero en una casilla adyacente sin la necesidad de gastar una acción. Lamentablemente, ese par de acciones también representa la frágil existencia de nuestra gente: un par de golpes y caerán rendidos. Peor aún, recibir un golpe nos roba de una acción, haciendo de los turnos del afectado una verdadera pesadilla.

Nuestro inventario no sólo es limitado, sino limitadísimo. Cada personaje sólo puede cargar un único ítem (dos, si llevan una mochila). Como me comentó un compañero de trabajo cuando hablábamos de nuestra experiencia en el juego: “¿¿Por qué no pueden llevar dos objetos?? ¡¡Tienen dos manos!!” Y sí, esa limitación se siente mucho. Nuestra mejor opción es intentar encontrar un vehículo con mayor capacidad de carga, o darle a nuestros supervivientes mochilas para llevar un objeto adicional; pero sigue siendo una limitación importante.

Las ciudades están desoladas

Llegamos, entonces, a la administración de combustible. A lo largo del juego hallaremos bidones de combustible con una capacidad máxima de 5 unidades cada uno. Considerando que nuestro vehículo inicial tiene un tope de 10 unidades, no suena tan mal. El problema es que tendremos muchísima suerte si hallamos bidones con más de 2 unidades. También es posible drenar el combustible de otros vehículos o de las gasolineras que hallemos al paso; pero aquí el juego vuelve a ponernos en un aprieto, permitiéndonos drenar apenas 1 unidad por acción. Teniendo en cuenta que luego hay que regresar a nuestro propio vehículo para depositar el combustible drenado, añadiendo el peligro de un mapa que se va colmando de bichos, nos encontramos ante un diseño de juego que se va sintiendo cada vez más molesto que desafiante.

Ni siquiera hemos mencionado las decenas de pequeñas excentricidades que Overland nos impone. Primero: es imposible continuar la marcha sin un vehículo o sin combustible. Si nos quedamos sin auto o con el tanque vacío, nuestros mártires deberán avanzar nivel tras nivel de forma automática, a pie, hasta encontrar lo necesario para seguir el viaje. Por un lado se agradece esta segunda oportunidad que el juego nos brinda, pero estas instancias serán, a su vez, algunas de las más miserables en cuanto a dificultad. Luego está el tema de la hora del día: Overland tiene un reloj que avanza turno tras turno, y algunos niveles nos encontrarán sumidos en la más absoluta oscuridad. No sólo es imposible adivinar qué se oculta entre las sombras en estos niveles sin algún ítem de asistencia (bengalas, linternas), también son las únicas instancias en las que el juego nos impide deshacer un mal movimiento. Son niveles de temer.

¿A dónde podemos ir...?

Nuestro viaje a lo largo del país estará dividido en áreas, cada una con su propia ruta llena de potenciales paradas. Al final de cada área habrá un bloqueo en el camino, que nuestros protagonistas deberán remover para avanzar a la próxima zona. Una vez que entramos a una nueva área podremos iniciar la partida directamente desde allí en futuras incursiones; aunque entraremos con los elementos básicos, lo que puede ser una dificultad más en un juego colmado de ellas.

Si bien esa dificultad extrema empaña un poco la experiencia, es mi sincera opinión que esa es justamente la experiencia a la que Overland apunta. El juego destaca con sus gráficos Low-Poly Cell-Shade, a cuyo diseño de arte se va sumando un elementos sobrenatural a medida que avanzamos más hacia el oeste. El juego hace gala de varios momentos de calma (si sabemos encontrarlos) que nos llevan a instancias de breve introspección en medio del apocalipsis. Las detenciones del grupo mientras deciden a dónde se dirigirán a continuación también son pequeños momentos de paz que contrastan con las tensiones vividas y, en el peor de los casos, los amigos que tuvimos que dejar atrás.

Malditos bloqueos en la ruta

Overland no es realmente un mal juego; pero tampoco es un juego que se deje querer. Su enorme dificultad pondrá nuestra paciencia a dura prueba, forzándonos a descubrir estrategias y tomar decisiones difíciles para mantenernos en viaje. Su estética cargada de melancolía es uno de sus mayores logros, e incluso esa misma dificultad extrema puede ser un punto a favor, siempre que recordemos que el verdadero objetivo de este juego no es plantarnos a enfrentar a las hordas infinitas de enemigos que surgirán a nuestro paso, sino huir de ellos ante la realidad ineludible de que nosotros, como humanos, estamos en severa desventaja. Tal vez no es lo que muchos esperaban, pero es lo que Overland ofrece. Si se observa desde el ángulo correcto, hay mucho de bueno en tal propuesta.

Fui probando las versiones de Alpha/Beta de Overland durante el último año, a medida que iban apareciendo nuevas versiones en itch.io. Tras jugar varias horas en la versión final, en Steam, descubrí varias mejoras respecto a esas versiones anteriores, pero también la misma dificultad extrema. Tal vez este no sea el juego de estrategia por turno que esperabas, pero si te gusta el género no puedo no sugerir que le des una oportunidad. Overland es un diamante en bruto que, lamentablemente, no siempre consigue sacar suficiente brillo.

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