ANÁLISIS | Ori & the Will of the Wisps, una cátedra de fantasía y Game Design
Análisis

ANÁLISIS | Ori & the Will of the Wisps, una cátedra de fantasía y Game Design

Moon Studios le regala a Microsoft uno de sus mejores exclusivos para esta generación. ¿Será mejor recordado que el primero?

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Por: Mariano Rizza

En la última década, el género de los plataformeros bidimensionales se transformó en dominio exclusivo de la industria independiente. Mientras que pocos son los grandes estudios que se animan a realizar piruetas entre plataformas flotantes en tres dimensiones - porque pocos son los estudios que lo hacen bien -, menos son los que encuentran interés en dedicarse al género que durante los años ochenta y gran parte de los noventa reinó el ecosistema del gaming. Pero en 2015 Moon Studios no arrugó y presentó Ori & the blind forest, juego que lamentablemente pasó por debajo del radar de muchos. Sin embargo, para quienes lo jugaron el enamoramiento fue instantáneo y es por eso que el anuncio de su secuela generó muchas expectativas. Expectativas que se cumplen y con creces. 


Ori & the will of the wisps comienza poco después de los sucesos del juego anterior, mostrando como el ciclo de la vida se reseteó en el bosque donde viven estas criaturas y todo regresó al curso normal. Sin embargo, como bien explica la canción del Rey León, pronto todo se vuelve a ir al demonio y luego de que una tormenta sorprenda a Ori y sus amigos en medio de una tarde de diversión, estos terminan perdidos en una parte inexplorada del frondoso terreno. Nuestra primera misión es entonces reencontrarnos con nuestros compañeros, haciendo nuevas amistades en el camino con criaturas que no pueden creer que un espíritu del bosque haya regresado a estas latitudes. 

Mientras que el primer juego comenzaba con una trompada emocional al hígado de la cual costaba recuperarse, esta continuación esparce su drama a lo largo de toda la experiencia. Y mientras que no es el primer plataformero donde tenemos que devolver la alegría a un bosque sombrío, si es definitivamente el primero cuya historia cae dentro del género dramático, por más que esté pintada como una típica fábula de cuento para niños. Ori es el héroe de esta historia y todas las criaturas del bosque lo miran pasar como si fuera una celebridad entrando a un restaurante concurrido, pero muchos tienen reclamos para con él y hasta culpan a su especie del mal momento que están atravesando, lo que genera varias situaciones punzantes, sobre todo cuando el segundo filo de este arma se traduce a que Ori ni siquiera tenía idea que había más de su especie. 

Este viaje del héroe termina dividiéndose en varias capas entonces, ya que no solo vamos a solucionar el problema de turno, sino que también nos vamos a dedicar a ayudar a distintas criaturas, descubriendo de rebote muchas cosas acerca de nuestro personaje, las cuales en gran parte quedan a libre interpretación en lugar de ser servidas en bandeja. Esto es uno de los grandes aciertos del título, ya que tanto su historia como sus niveles saben cómo estimular la curiosidad e incitar a la exploración continua, para que siempre queramos ir un poco más allá.

Volver a empezar...

No tener miedo a explorar es una gran ventaja en un juego que se extiende más allá de su primera parte e incluye una variedad de misiones secundarias y desafíos que no sólo extienden su vida útil sino que también pueden ayudarnos a estar cada vez mejor preparados para los desafíos que se nos vienen. A diferencia del árbol de habilidades del primer juego, todas nuestras aptitudes disponibles pasan a ser parte de un sistema económico, donde podremos comprar varias de ellas - otras las encontramos - y hasta mejorarlas a través del intercambio de una moneda dentro del juego. Estás habilidades, a su vez responden a una accesible lógica de RPG, lo cual suma un componente de estrategia al juego. Nuestras habilidades activas, las cuales nos permiten combatir contra los enemigos, pasarán a formar parte de una rueda de fácil acceso desde donde las podremos ir alternándolas todo el tiempo. Las habilidades pasivas, cómo recibir menos daño o atraer los ítems que dropean los enemigos, tienen que ser equipadas en una serie de slots limitados, los cuales podemos ir variando pero nunca más de cuatro al mismo tiempo. Esto no sólo hace que la dificultad del juego varíe según el loadout de cada jugador, sino que analizar y decidir qué utilizar pase a ser parte del metajuego que enriquece tanto la experiencia.

Como complemento ideal para estos nuevos sistemas, el diseño de niveles está ajustado a la perfección. Cada obstáculo, enemigo y objeto de donde agarrarnos están colocados con precisión de relojería suiza en unos mapas que además de destacase por el diseño audiovisual y su apariencia de dibujo de acuarelas, lo hace por su motor de físicas. A cada paso que demos el pasto, la nieve o la arena se moverá bajo nuestros pies. Podemos sentir la resistencia que ofrece el viento o hasta la tensión de la superficie del agua si nadamos cerca de la superficie, ¡porque miren si este juego haces las cosas bien que hasta sus niveles de agua están buenos! La técnica de parallax que permite posicionar los elementos por delante y detrás del jugador en la pantalla no sólo da vida a todos los ecosistemas del juego, sino que además nutren la narrativa anticipándonos futuras amenazas en algunas ocasiones, como también ayudándonos a descifrar si estamos yendo en la dirección correcta hacia nuestro próximo destino. Nunca sobra un detalle en pantalla. Por más que a veces haya que prestar detallada atención para darnos cuenta cual es el paso a seguir, todas las pistas siempre están ante nosotros, ubicadas de una manera orgánica con el escenario y las acciones de los personajes en el mismo, ya sean pequeños enemigos saltando de acá para allá o jefes gigantes que se convierten en el mismísimo escenario en sí. 

Otra novedad de esta secuela es el combate. Lejos de atacar tibiamente como en el primero, Ori ahora cuenta con una espada y diversas magias para hacer frente a los bichos más picantes del bosque. Cada una de estas criaturas contará con agresivos patrones de ataque los cuales hay que descifrar con detenimiento, ya que lo único que vamos a lograr si blandimos nuestro sable a ciegas es perder vida. Lo inteligente del título, es que no sólo contamos con todas estas habilidades, sino que todo lo que pueda hacernos daño del entorno, también lastima a nuestros adversarios, logrando que si jugamos con inteligencia, toda la pantalla se transforme en un gran arma. 

La cosa se puso peluda...

Por suerte, ya sea para las secciones de plataformas, los escapes - que están de regreso y tan épicos como en Blind Forest - o las arenas de combate y los jefes, el juego cambió el sistema de checkpoints generados por el usuario a coste de magia, por un guardado automático super permisivo, que nos permite reintentar de apenas unos metros atrás del lugar donde perdimos la vida. Y esto es un acierto por todos lados, ya que lejos de hacerlo más fácil, lo que lo hacen es más divertido, permitiendo que el jugador pueda ser mucho más arriesgado, temerario y creativo a la hora de buscar la solución a los problemas que se nos plantean. 

La última adición a esta historia son los memorables personajes que iremos conociendo, los cuales no solo nos irán poniendo en contexto de lo que sucedió en este lugar alejado del bosque, sino que tendrán distintos pedidos para hacernos. En sí nos transforman en un cadete glorificado como en cualquier juego, lo que puede ser agobiante en principio, tentándonos a obviar estas misiones. Sin embargo, al continuar avanzando notaremos que todo siempre nos queda de camino, transformando los pedidos en una cadena de favores que no sólo enriquecen con las recompensas a las habilidades de Ori, sino que elaboran un subtexto de cómo estos animales abandonados van recuperando la fe en nuestro personaje y su especie abandónica. 

Porque si, el sistema de combate está tan ajustado como en cualquier juego de acción y las plataformas no tienen nada que envidiarle a títulos como Celeste o The Messenger, pero la historia sigue siendo sumamente importante en Ori. Historia que cuenta con un montón de matices y no sólo nos hará reír y llorar - de nuevo -, sino que también cuenta con secuencias que pueden llegar a generar pesadillas. Will of the wisps es una montaña rusa emocional en la cual no vamos a dejar de gritar durante el viaje, pero de la cual tampoco nos queremos bajar. 

Nada me hubiera gustado más que darle un puntaje perfecto a esta aventura pero, mientras que los problemas que tiene algún día serán anecdóticos, al momento de realizar el análisis fueron un gran contratiempo. La optimización del producto final no es la ideal, generando varios glitches de audio y eventuales crasheos del juego en momentos de alta concentración de elementos en pantalla. Estas cuestiones a veces son de esperar cuando se recibe un código previo al lanzamiento oficial, pero cuando al día uno un parche que pesa la mitad de lo que pesa el título no arregla prácticamente nada, estamos hablando de una mancha difícil de quitar. Doy mi palabra cuando afirmo que estos problemas técnicos no llegan a opacar todo lo que el juego tiene para ofrecer, pero no deja de ser una incomodidad que se transforma en una experiencia un tanto accidentada

Lo importante no es el destino, sino el viaje.

Puede ser que Ori & the will of the wisps sea más de lo mismo a simple vista. Y en parte, ahí radica su genialidad. Porque todos los sistemas recién comentados funcionan con tal armonía, que podemos sentir que revivimos la misma gran experiencia del primero, pero con todos los cambios que necesitaba bien disimulados. En una industria dominada por un público hambriento por más de lo mismo pero que a su vez todo sea completamente distinto y novedoso, Moon Studios alquimizó esta contradicción en una piedra preciosa que todo jugador debería llevar prendida cerca del corazón. Probablemente Warzone, Doom Eternal, Animal Crossing y Half-Life Alyx sepulten este gran exclusivo de Microsoft (los cuales son pocos), pero que no queden dudas de que Ori & the will of the wisps es el primer gran juego de 2020.

9.0

ORI AND THE WILL OF THE WISPS

MOON STUDIOS - 11/03/2020

Completé Ori & the will of the wisps en un 84% - lo que incluye su historia completa y misiones secundarias - en 13 horas. Deje de lado algunos desafíos como las carreras, ya que no me terminaron resultando entretenidas. Jugué la versión de PC en una copia suministrada por Microsoft, la cual lamentablemente contó con varios problemas técnicos, por lo que se terminó retrasando el análisis final. Al día de hoy, varios de estos problemas fueron parcheados, pero el juego funciona mejor en la versión de Xbox que en la de PC. 

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