Volver al futuro, ¿o es el pasado?
Análisis

ANÁLISIS | Nos vemos ayer

Viajes temporales, diversidad y comentarios sociopolitos se mezclan en esta aventura que entretiene y, de paso, nos deja tela para reflexionar. Eso sí, qué efectos tan chotos, muchachos. 

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Por: Jessica Blady

Por suerte, todos los lugares comunes y las incoherencias narrativas de “Nos Vemos Ayer” (See You Yesterday, 2019) pasan un tanto desapercibidas cuando nos concentramos en los verdaderos temas que quiere afrontar el debutante Stefon Bristol, quien junto a su coguionista Fredrica Bailey, basaron esta aventura de ciencia ficción en su propio cortometraje homónimo de 2017. El último estreno exclusivo de Netflix se mete con un tropo bastante conocido y explotado como son los viajes en el tiempo y sus consecuencias, pero lo hace desde un ángulo sociocultural muy distinto, y es ahí donde está su mejor logro.

A esta altura no tendríamos que andar “celebrando” la inclusión y la representación en los medios, ya que debería darse como algo natural. Pero el mundo no es ese lugar justo que pretendemos idealizar, por eso se aplaude cada vez que la plataforma de streaming se la juega por estos proyectos, más allá de su calidad audiovisual. Ese es otro asunto que ya discutiremos.

Tampoco sorprende que detrás de esta historia tengamos un nombre como el de Spike Lee, reciente ganador de su primer Oscar (lo queríamos decir) y un realizador que nunca deja de lado las cuestiones raciales y los subtextos políticos bien contundentes. “Nos Vemos Ayer” bien podría haber sido un aventura familiar de la década del ochenta, protagonizada por un dúo (o grupo) de jóvenes nerds amantes de la ciencia que descubren la manera de viajar en el tiempo, superando cualquier proyecto de escolar. ¿La diferencia? Estos protagonistas son Claudette 'CJ' Walker (Eden Duncan-Smith) y Sebastian J. Thomas (Dante Crichlow), amigos de hierro, compañeros de una escuela científica del Bronx y vecinos de Flatbush (Brooklyn), un barrio mayoritariamente habitado por afroamericanos, latinos y otras minorías.

Este es el contexto que nos plantea Bristol, metiéndonos de lleno en la idiosincrasia de sus personajes principales, sus familias y este distrito que exuda magia, música y colores jamaiquinos, suponemos, en parte como homenaje a su protagonista (una activista hecha y derecha, además de ser la hija de Lauryn Hill y Rohan Marley). C.J. y Bastian son dos prodigios que descubrieron la forma de aplicar las teorías científicas más complicadas y construir un Paquete de Reubicación Temporal (PRT), más conocido como una máquina del tiempo que puede, por ahora, trasladarlos 24 horas atrás.

Después de infinitas pruebas, el dúo logra su primer viaje exitoso y ya empiezan a fantasear con becas universitarias y futuros maravillosos. Pero como ya nos han enseñado infinidad de obras previas, el tiempo no es algo con lo que se deba jugar, ni mucho menos tomar a la ligera. Las ramificaciones éticas y morales de esta experiencia pronto golpean a los adolescentes, mucho más cuando la realidad que los rodea los supera.

Hasta acá, “See You Yesterday” es una típica aventura fantástica, con chistecitos, referencias y una protagonista poco convencional (sí chicos, mujer y afroamericana). Una historia un tanto inofensiva e ingenua, alejada del mundo que nos toca vivir. Pero Bristol y Bailey se aseguran de que no sea así por mucho tiempo y empiezan a colar una triste realidad: la del racismo y la extrema violencia policial que abunda en los Estados Unidos, el “primero disparo y después pregunto” que acaba con la vida de los jóvenes e inunda las tapas de los diarios yanquis.   

No todos los héroes usan capa

Claudette  y Sebastian no tienen mucho tiempo para festejar su gran hallazgo porque la tragedia vuelve a golpear la vida de los Walker: después de perder a papá en alguna guerra, Calvin (Parish Bradley), el hermano mayor, se convirtió en el “hombre de la familia” y el sobreprotector de su hermana, aunque esta sea mucho más inteligente. Pero Calvin es confundido con un ladrón y asesinado por la policía de Nueva York, evento que afecta no sólo a la chica y a su mamá, sino a todo un barrio cansado de estas injusticias.

Como el dolor es más fuerte, C.J. va intentar revertir esta situación, viajando al pasado para salvar a su hermano y, en el proceso, crear nuevas situaciones de peligro que pueden alterar gravemente el presente. Sí, volvemos al viejo truco de la tostadora de Homero, pero acá ya no importan las aventuras espacio-temporales, sino cada una de las consecuencias que atestiguamos, ligadas a una dolorosa realidad sociopolítica.    

Bristol se rodea de un gran elenco de notables desconocidos con los cuales podemos empatizar y acompañar ante sus frustraciones. Lamentablemente no logra escapar de los clichés más gastados (algunos a consciencia, otros no tanto), algunos baches narrativos que sólo intentan reforzar (y forzar) el drama, un final tan frustrante como esperanzador, y una puesta en escena bastante berreta cuando se trata de los efectos especiales. Estos pequeños detalles deslucen una gran película que se agarra de un subgénero muy conocido para expresar sus ideas políticas y llegar a todos los hogares desde el sistema de streaming que le sigue apostando a la diversidad, aunque la inversión sea tan mínima.  

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