ANÁLISIS | Mortal Kombat 11
Análisis

ANÁLISIS | Mortal Kombat 11

En toda la pera.

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Por: Mariano Rizza

Mortal Kombat es una obra intrínseca de la cultura gamer argentina. Ya sea por como Top Kids organizaba torneos televisados donde niños competían en el juego que todos los padres deseaban prohibir o por su cualidad destronadora, a la hora de representar el primer digno competidor de Street Fighter en la era donde los Arcades todavía reinaban, es imposible negar que nos adjudicamos como propia la creación de Ed Boon y John Tobias. Tan innegable como su extraño viaje a través de las generaciones. De millonario a mendigo, de estrella a bufón, a lo largo de 27 años este juego supo estar en todas las posiciones de la tabla. Hoy, completamente reivindicado, podemos discutir si su regreso triunfal es por el golpe de humildad recibido, por el amor de sus desarrolladores y fans o porque simplemente todo es cíclico. Lo que queda fuera de toda duda es que sin ser un título perfecto, Mortal Kombat 11 hace historia. Una historia que arrancó el ocho de octubre de 1992 y que recién ahora cierra capítulo con una epicidad digna de Avengers o Game of Thrones.

Acomodar un universo entero puede ser laborioso y confuso. Por más veces que el propio Boon dijo que la “X” del juego anterior no significaba “10”, este si es el decimoprimero aunque en la cuenta total con colecciones y spin-offs sea el vigesimocuarto. Lo que a nosotros nos tiene que importar es que los sucesos que nos traen a este juego comienzan en 2011 con el título que devolvió el oxígeno a la franquicia de NetherRealm al tiempo que reinventó como contar una historia en un juego de pelea. Surcando el mar de sangre cuya marea dejó a los protagonistas dispersos en distintos bandos, llegamos a la actualidad casi en el momento preciso donde termina el juego anterior. Con un Raiden corrompido por el amuleto de Shinnok y la mayoría de nuestros héroes muertos o resucitados pero en el bando equivocado, una suerte de diosa del tiempo llamada Kronika se convierte en la nueva amenaza para el universo MK. Buscando reiniciar la historia misma, con el fin de alcanzar la visión despótica de un mundo mejor y de paso cobrarse un par de venganzas personales, utiliza sus poderes para traer del pasado a los personajes más relevantes de este cuento, ofreciéndoles un destino mejor al que tuvieron si la ayudan con su cometida.   

Esta Opus Magnum de la explotation y la “Clase B” deglute conceptos de las “Crisis” de DC y los encontronazos de Dragon Ball Super para vomitar un cuento que parece guionado por Tommy Wiseau pero dirigido por James Wan. Partiendo de la base que cualquier cosa que se parezca a un reglamento común a obras similares del género queda de lado cuando cualquier ataque medianamente efectivo es más violento que una Fatality en sí, Mortal Kombat construye sobre sus propias hipérboles, generando un lenguaje muy personal, él cual solo sus propios creadores saben cómo domar. La historia de Mortal Kombat 11 es todo lo que está bien y todo lo que está mal, pero tomando una frase prestada de la cultura popular: funciona a muchos niveles.

Mortal Kombar contundente consigo mismo.

Más allá del mega balde de pochoclos que ofrece esta sanguinaria narrativa, su valor está en el comentario que elige hacer. El viaje en el tiempo y tener a nuestros personajes encontrándose con versiones más jóvenes de sí mismos, va más allá del gimmick de ciencia ficción. Este relato no es ni más ni menos que Mortal Kombat haciéndose cargo de su legado, de su rol como generador de algunos de los estereotipos más negativos de la cultura de los videojuegos. Pocas veces recuerdo haber visto semejante madurez por parte de un grupo de personajes ficticios, de los cuales nadie esperaba nada. Y hablo de un verdadero crecimiento no por simplemente hacer un par de acotaciones políticas, sino por aprovechar su estatus de Triple A extremadamente popular y tomar la decisión de dejar un buen mensaje, aún sabiendo que la gran mayoría de su público se lo va a tomar a mal - como terminó sucediendo.

No hay mejor representación de esto que el canoso y adolorido Cage cortandole el mambo constantemente al Johnny de los noventas con humos de estrellita. Esto es directamente Mortal Kombat hablándole a Mortal Kombat en un mea culpa pocas veces visto con anterioridad ¿Es irónico que un juego que te permite desmembrar a alguien de cincuenta y dos maneras distintas sea el que mejor da el mensaje de la inclusión, la madurez y la lucha comunitaria por un futuro mejor? Puede ser, pero cuando una obra como tal pega un giro de ciento ochenta grados y el jugador no, quizá quien deba cuestionarse un par de cosas es quien tiene el control en las manos. Sin embargo, esta nueva entrega tiene mucho más para ofrecer que su modo historia.

No es Apocalypto pero es igual de cinematográfica.

Comenzando con lo que estrictamente define al género, Mortal Kombat 11 se siente un tanto distinto a sus antecesores a la hora de pelear. Con una cámara mucho más encima de los combatientes y una velocidad levemente modificada, el juego apunta más a la interpretación de los espacios y la invitación a animarse a encadenar combos. El combate a distancia y los ataques especiales siguen formando parte de la experiencia y su utilización es tan instintiva como siempre, pero en esta nueva entrega se nota más lugar para la estrategia y la cabeza fría en cada round, otorgándonos las herramientas para romper la defensa de nuestro enemigo, salir de sus agarres y disfrutar de encuentros adecuadamente equilibrados entre la vida y la muerte, en lugar de transformarnos en una pelota de goma con la cual nuestro rival podría hacer malabares en un semáforo.

Este ritmo un tanto más pausado no sólo aplica a las mecánicas de juego directamente sino que es aprovechado para imprimir una espectacularidad cinematográfica que realmente subraya cada momento destacable en las peleas. Los ataques X-Ray dejan de ser un movimiento especial para darse de manera orgánica en esas ocasiones específicas donde metemos una golpe bien puesto, acentuando desde lo audiovisual el daño y realmente impactando sobre el jugador. Ocupando el lugar del ataque recién mencionado, una vez que nuestra barra de vida llegue al último cuarto podremos optar por un “Fatal Blow”, mezcla cinemática entre Fatality y Brutality que funciona como ataque de desesperación y sólo puede ser efectuado una sola vez por combate, resultando ideal para dar vuelta una pelea en el último momento. Y finalmente, como broche de oro a estos detalles de ritmo, cada vez que entreguemos el golpe final en el segundo round, toda se volverá más lento en nuestra pantalla mientras las letras escarlata sentencian “Finish Him”, para inmediatamente volver a la normalidad y darnos lugar al estúpidamente divertido catálogo de fatalities de turno.

Este nivel de detalle para que cada pelea sea una única y tenga un factor inolvidable - además de ser más atractivas a la vista para quien no está jugando, lo que le asegura cierta popularidad en los circuitos competitivos y plataformas como Twitch -, se multiplica en el clásico modo Torre y en las Torres del tiempo. Estas últimas irán presentando nuevos desafíos regularmente, aplicando una serie de modificadores que sin importar si aparecen como misiles, antorchas, veneno u otro obstáculo, siempre se traducen en algo que nos quita salud y en la gran mayoría de los casos, la devuelve al enemigo. Como jugadores contamos con herramientas para protegernos de estas trampas, aplicando ítems que contrarresten estos estados y que obtenemos a medida que jugamos más y más. Este loop dopamínico alimenta en parte al necesario valor de rejugabilidad, pero es verdad también que en el momento que tenemos el item necesario para combatir un efecto, nulificado el problema, nos quedamos pensando por qué no jugar a las torres clásicas y ya.

Todo es debatible, pero nada falla a la hora de las batallas. 

La respuesta a esto son las recompensas. Desde el momento que encendamos el juego, todas nuestras acciones van a traducirse en premios. Ya sean monedas o cristales para la Krypta, ítems para las Torres del Tiempo o ataques y objetos estéticos para customizar a nuestros personajes favoritos, toda acción tiene una reacción en forma de recompensa. Sin embargo, esta sensación de victoria puede llegar a disiparse rápidamente cuando todo lo que estamos recibiendo no es necesariamente útil a menos que le pongamos varias horas encima al juego. Tomemos la Krypta, por ejemplo.

Este lugar introducido hace un par de entregas, donde en formato de mini juego podemos abrir cofres para obtener beneficios, dice presente de nuevo pero en tercera persona y con algunos puzzles que decoran la experiencia. Sin embargo, todo lo que obtengamos de estas loot boxes gratuitas es bastante aleatorio, haciendo que salgamos a pescar más que a la caza de algún objeto específico. Para quienes estén buscando esa máscara especial de Scorpion o el ataque clave de Jax, esto puede convertirse en una pérdida de tiempo a causa de un grindeo excesivo, lo que al fin y al cabo nos puede llevar a discutir la mera esencia de este título en sí.

Aprendiendo de las entregas anteriores - incluyendo la saga Injustice - NetherRealm incorpora la posibilidad de customizar en extremo a nuestros personajes, al tal punto que hasta podemos agregarles ataques específicos, para construir un peleador a nuestra medida. Ahora bien, para lograr la mejor versión de esto, se requiere una necesidad intensiva de horas de juego y el título lo sabe, ya que incluye una modalidad donde la máquina puede utilizar a nuestro personaje en cinco peleas diarias contra una IA, con el fin de grindear por nosotros. Sin embargo, al día de hoy me cuesta un poco tildar esta situación de impráctica o injusta. Es verdad que existe la posibilidad de adelantar procesos con dinero real y la cantidad de trabajo podría tentar a uno a hacerlo, pero la realidad es que todo lo que son mecánicas básicas se encuentran completamente gratis dentro del título. Un editor de personajes siempre es entretenido, y este nivel de personalización realmente multiplica exponencialmente las variantes que podemos llegar a encontrar en las peleas en línea, pero personalmente no es la principal experiencia que vengo a buscar en un Mortal Kombat, por lo que cual no creo que sea un aspecto negativo, por más denso que pueda tornarse el trabajo para quienes sí persigan esta meta.

Al que quiera un Kano pirata, que le cueste.

Porque al fin y al cabo, si hay algo que este título definitivamente logra es que de una manera u otra recorramos todos sus modos. Desde los combates normales hasta el modo historia, pasando por las variantes de torres, todo es aprovechable en esta entrega. Incluyendo y destacando el tutorial, ya que no sólo encontraron la manera de lograr que no se vuelva un ancla a la hora de iniciar la experiencia, sino que también se destaca por encima de cualquier otro tutorial de juego de peleas por su simpleza, practicidad y por realmente intentar interiorizar a los jugadores más nuevos a conceptos básicos del género en sí, para que no se sientan simples turistas en esta oportunidad, sino que empiecen a considerar la posibilidad de perderle el miedo a los modos competitivos y el ominoso online.

Mortal Kombat 11 es inclusivo hasta de esa manera. Es un juego sin ningún tipo de elitismo, que abre la puerta para que tanto los fans de la vieja escuela como los recién llegados se puedan sumar y divertirse. En tiempos donde el nivel de dificultad de los juegos es el tema de discusión por excelencia, Mortal Kombat elige dar las herramientas de como pasarlo en lugar de modos dificultad para que se pase solo. Dale a alguien un pescado y lo alimentarás por un día. Enséñale a pescar y vas a tener un nuevo fan que no va a dejar de experimentar tu juego por miedo a las barreras de ingreso o la comunidad experimentada.

Existen cualidades negativas en esta entrega, pero cuando se limitan a aspectos técnicos, en este caso pueden tornarse anecdóticas. El doblaje latino es malo al punto que es preferible ponerlo en otro idioma y no entenderlo antes que sufrirlo en nuestra lengua madre. Por otro lado, teniendo en cuenta que la performance varía en las distintas plataformas, la decisión de fijar las cinemáticas a 30 cuadros por segundo para volver a saltar a 60 en las peleas, genera unos hipos visuales que incomodan la inmersión en las secuencias. Y una vez más, que las casi incontables opciones de customización se vean bloqueadas tras paredes de horas de juego puede ser cuestionable, pero a riesgo de repetirme, un servidor no siente como algo negativo tener una buena excusa para poder pasar más tiempo con un juego tan sólido como este.

Este juego es una delicia.

Pero mientras que todo es subjetivo y queda a gusto e interpretación de cada jugador y jugadora, que las sumas de las partes de esta entrega no otorguen un resultado perfecto para una platea unificada, no significa que este no sea el Mortal Kombat más pensado, más logrado y más consciente de sí mismo en la historia. El Mortal Kombat que no se preocupa sólo por el juego que tiene que se dentro de su año fiscal, sino que se enfoca en el pasado, presente y futuro. Esto puede resultar sorprendente para algunos y hasta innecesario para otros, pero en una era donde reinan la inmediatez y las tendencias, semejante apuesta a abrir el género para todo el mundo sin sacrificar ni un ápice de calidad debe ser valorada. Mortal Kombat 11 eligió su destino y, por más que no haya sido una victoria impecable, definitivamente tiene con qué volar varias cabezas.