Tres robots piensan mejor que uno
Análisis

ANÁLISIS | Love, Death & Robots –Temporada 1: Episodio 1-6

Netflix sigue sumando proyectos copados a su grilla, en este caso, una serie antológica con todo lo que nos gusta. 

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Por: Jessica Blady

Amor, muerte, robots y animación es lo que tiene para ofrecer esta nueva serie antológica de Netflix que rejunta diferentes cortometrajes de fantasía, ciencia ficción, terror y comedia bajo el paraguas creativo de David Fincher, Jennifer Miller, Joshua Donen (“House of Cards”) y Tim Miller, director de “Deadpool” (2016) y la próxima entrega de Terminator. Diferentes historias, personajes y estilos estéticos que empezamos a recorrer con “Sonnie's Edge”, relato cyberpunk que nos sumerge en el mundo clandestino de las peleas de “beastie”, criaturas orgánicas controladas a través de la mente de sus “entrenadores”. Algo así como “Gigantes de Acero” (Real Steel, 2011), pero con kaijus y muchísima más sangre y tripas involucradas.

En este contexto, Sonnie (voz de Helen Sadler) y su bestia, Kharnivore, llevan las de ganar, literalmente hablando, ya que no han perdido ninguno de sus combates. ¿Por qué? Justamente por la ventaja con la que corre esta chica, quien sale al ‘ring’ con todas las intenciones de ganar y sobrevivir, después de haber sido atacada y violada por una pandilla que dejó su cuerpo marcado, pero su espíritu bien intacto. Antes de una de estas peleas, Sonnie recibe una oferta muy jugosa de dinero para dejarse vencer por su oponente, pero la negativa va a poner de muy mal humor a Dicko (Time Winters), un mafioso poderoso que cree que todo en esta vida tiene un precio y puede ser comprado.   

“Sonnie's Edge”, dirigida por Dave Wilson, tiene una estética hiperrealista muy videojueguil, un brutal enfrentamiento de criaturas cargado de gore y referencias a otros bichos muy conocidos del imaginario cinematográfico, y una protagonista que no se deja amedrentar. Más allá de los combates y el sci-fi, y una atmósfera cargada de detalles, la acotada historia pergeñada por Peter F. Hamilton habla del empoderamiento, la violencia de género y el instinto de supervivencia de la víctima. Un mensaje un tanto forzado por momentos, pero que le calza muy bien a estos tiempos que corren donde, todavía, tenemos que salir a defender el heroísmo y la importancia de los personajes femeninos.    

Dame un besito

  

El arranque de “Love, Death & Robots” no es un game changer, pero tiene lo suficiente para engancharnos (acción, suspenso, buenos, malos y un giro inesperado), despertar nuestra curiosidad, y seguir adelante con esta propuesta no apta para menores, pero sí para fans de los géneros y la animación. La siempre recurrente vibra de “Blade Runner” (1982) -qué mal (o bien) nos hiciste Ridley Scott-, se mezcla con los diseños de monstruos terroríficos y el espíritu del #MeToo y Time’s Up, un poco agarrado de los pelos (sobre todo en medio de tanta misoginia), pero al final no queda tan mal en vista de los resultados.      

No todo es oscuridad, kaijus asesinos, sangre y violencia en “Love, Death & Robots”. El segundo cortometraje dentro de esta serie antológica animada de Netflix, “Three Robots”, es un deleite de humor bastante negro, protagonizado por tres robots (los del título) un tanto sarcásticos, que tratan de entender las costumbres humanas en un futuro donde ya nos extinguimos como especie.   

Victor Maldonado y Alfredo Torres -que ya están desarrollando “W.I.S.H. Police”- son los españoles responsables de dirigir esta historia de John Scalzi, el viaje turístico de estos tres compañeros metálicos, que se internan en una ciudad cualquiera, arrasada por el apocalipsis. Entre las fotitos de rigor con los paisajes más deprimentes, o los esqueletos humanos que todavía reflejan el fin de la civilización, los robotitos K-VRC (una mole kubrickiana que se las sabe todas), XBot 4000 (androide de temer por su parecido al T-800, pero tan inofensivo como sus parientes lejanos, las consolas videojueguiles), y 11-45-G (la versión futurista de un monitor para bebés) atraviesan los escenarios tratando de descifrar los hábitos más comunes de los ex habitantes del planeta.

Robots y gatitos, ¿qué más querés?

Claro que estos seres de inteligencia superior no terminan de entender para qué sirve una pelota (ni el placer de hacerla rebotar contra el suelo), el proceso alimenticio que entraba por un agujero y salía por algún otro, o el extraño proceso de acariciar a un gatito, al parecer, las únicas criaturas que sobrevivieron al fin del mundo.    

Desde la mirada brutalmente honesta y cínica de estos protagonistas, los realizadores analizan una sociedad autodestructiva (cuando no), dependiente de la tecnología, pero que disfrutaba de los pequeños placeres, esos mismos que estos robots no logran asimilar por su propia naturaleza. Acá, la animación hiperrealista es un personaje más de la pequeña historia, aunque son los diálogos y el humor irreverente los que se llevan el premio mayor de esta segunda entrega, especialmente diseñada para amantes de los robots… y los gatitos.    

La cosa se pone picante con “Testigo” (The Witness), una historia policial -tengan en cuenta que el promedio de estos cortos es de 12 minutos- escrita y dirigida por Alberto Mielgo, centrada en una joven que debe escapar del hotel donde se hospeda después de atestiguar un brutal asesinato. El responsable decide seguirla, pero ella logra llegar a la seguridad de su lugar de trabajo, una suerte de prostíbulo donde el fetiche y las dominatrices están a la orden del día. Finalmente, el asesino da con ella y así comienza una persecución por las calles de la ciudad tan futurista como surreal, que bien podría formar parte de una pesadilla.  

Acá, corriendo por tu vida

Mielgo juega con la narración, el punto de vista, y la percepción de los hechos (la nuestra y la de sus protagonistas), así como con los escenarios y su estética tan genial y particular, muy al estilo de “Spider-Man: Un Nuevo Universo” (Spider-Man: Into the Spider-Verse, 2018), entre realista y comiquera. Hay inspiración asiática, algo de Gaspar Noé, y un giro hitchcockiano que puede resultar un tanto previsible, pero no le quita originalidad y shock a este relato que, digamos todo, podría evitarse los primeros planos de las partes íntimas femeninas, aunque sean animadas.  

Y sí, a Mielgo le gustan los close-up de vaginas y tetas, la violencia, los ángulos extremos y la cámara vertiginosa, un conjunto que funciona muy bien dentro de este formato, nos mantiene atrapados y también nos incomoda.  

Nada mejor que una clásica (y condensada) historia de extraterrestres invasores y exoesqueletos para combatirlos. Al mejor estilo de “Aliens: El Regreso” (Aliens, 1986), mezclado con “Invasión” (Starship Troopers, 1997), Franck Balson se despacha con “Suits”, un relato de granjeros que tienen que hacerle frente a una plaga más complicada que los cuervos o las langostas que pueden llegar a arruinar sus cosechas.

Esta aventura futurista, con una hermosa animación al estilo tradicional y toda la acción y el drama que podemos pedir en apenas quince minutos, nos lleva al seno de una comunidad que, además de ocuparse de sus sembradíos y animales, también debe estar alerta ante cualquier aparición de una brecha por donde suelen colarse los DeeBees, unos insectos enormes y sanguinarios que destruyen todo (y a todos) a su paso.

A Ripley le gusta esto

La noche viene bastante calma, hasta que suena la alarma de otra incursión. Hank no lo duda, se sube a su mecha casero y sale a inspeccionar los terrenos donde las vaquitas pastan tranquilas. Los DeeBees son más de los que puede manejar y su esposa Beth pide ayuda a otros granjeros vecinos, cada uno con su propio y personalizado exoesqueletos, dispuestos a defender el frente a como dé lugar, sin importar el tamaño de la amenaza que se asome por la brecha.

La narración de Steven Lewis mezcla ciencia ficción con un ambiente muy cotidiano. Imposible no simpatizar con estos personajes y estar al borde del asiento mientras le dan pelea al voraz enemigo, más allá de algunos lugares comunes y conocidos dentro del género. Igual, logra guardarse algunas sorpresas para el final y dejarnos con ganas de una segunda parte.

Un grupo de mercenarios, un arqueólogo y un cerebrito entran a una antiquísima tumba… y ya sabemos que las cosas no van a salir nada bien. En “Vendrá por tu Alma” (Sucker of Souls), los protagonistas desatan la furia de una legendaria criatura sedienta de sangre y, claro, van a tener que pagar las consecuencias. ¿Acaso no vieron ninguna de las películas de Indiana Jones?

La historia de Kirsten Cross, dirigida por Owen Sullivan, mezcla elementos clásicos del genero terrorífico y clichés del cine bien ochentoso (ex militares haciéndose los bananas y contando chistes verdes, cuando no) para entregarnos un mini relato a pura acción, tensión y gore, que suma referencias pop y humor en los momentos menos pensados.

Más mininos robando cámara

Todo arranca cuando el doctor Wehunt descubre, justamente, lo que andaba buscando durante su expedición arqueológica, sólo que no logra medir el tamaño de las consecuencias de despertar a este monstruo conocido como el Empalador. Su joven asistente es el primero en pagar los platos rotos y desde ahí todo es cuesta abajo para estos expedicionistas que ahora deben buscar la manera de escapar intactos. ¿Su mejor arma? Un gatito, porque todos saben que los felinos son más potentes que ajo y las cruces a la hora de combatir chupasangres (¿?).

“Sucker of Souls” juega con el constante punto de vista de los personajes y la vertiginosidad de la cámara que nos mete de lleno en la acción, una animación de trazos tradicionales y momentos hemoglobínicos que no tienen nada para envidiarle a Quentin Tarantino y su famosa exageración.

La sátira política viene en todos los tamaños y sabores. Victor Maldonado y Alfredo Torres se vuelven a hacer presentes en “Love, Death & Robots” con otra historia de John Scalzi, “El Yogurt que Conquistó el Mundo" (When The Yogurt Took Over). Algo así como Skynet, pero en vez de súper computadoras, acá la culpa la tienen los lácteos que, tras la intervención de los científicos, adquieren consciencia propia.

En escasos cinco minutos, este dúo de realizadores nos cuentan la debacle: cómo después de los experimentos fallidos, y la intervención de unos cereales, el Yogurt se volvió inteligente y decidió compartir sus ideas con el gobierno de los Estados Unidos a cambio de… Ohio. Este manojo de leche fermentada hasta logró hallar la solución para salvar la economía y así, poco a poco, fue apropiándose del resto del mundo. Era una joda y quedó, como Donald Trump, pero el Yogurt tiene planes muy específicos para su futuro y la dominación global.    

Lácteo superior domina mente inferior

Si nos descuidamos, “When The Yogurt Took Over” puede pasar por un cortito de Pixar gracias a su estética casi infantil, pero su nivel de sarcasmo y acidez lo alejan hasta el otro extremo del estudio de la lamparita, y nos lleva a reflexionar sobre nuestro deber como ciudadanos y votantes. Humor, ciencia ficción y política, una fórmula tan ganadora como la que logró que un producto lácteo se convirtiera en el ser supremo de nuestro planeta.

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