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Análisis

ANÁLISIS | Legends of Tomorrow S04E015: Hey, World! (Spoilers)

Las Leyendas se despiden hasta la próxima temporada entre dragones, criaturas mágicas con talentos ocultos y un parque de diversiones que es la envidia de Walt Disney. 

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Por: Jessica Blady

“DC’s Legends of Tomorrow” es la última serie del Arrowverse en cerrar su temporada y, al igual que sus compañeras de cadena, suma pistas para el próximo crossover… y chistes, claro, porque las Leyendas no fueron parte de “Elseworlds” y ahora quieren reivindicarse en “Crisis on Infinite Earths”. ¿Cómo? Todavía no lo sabemos, pero en el momento más crucial de “Hey, World!” estaban siendo observados por un incrédulo y entretenido The Monitor (LaMonica Garrett).

Habiendo hechos las paces con Gary y enviado a Nora en plan Hada Madrina hasta el Infierno para rescatar Constantine, el resto del equipo debe idear un plan para detener las artimañas de Neron, que busca causar pánico entre los humanos, demostrando la peligrosidad de las criaturas mágicas. Como todas fueron rescatadas y encerradas en la Waverider, al demonio no le queda otra que utilizar a Charlie. La metamorfa se hace pasar por un político que se opone a esta caza de brujas, pero la influencia de Tabitha la convierte en el destructor Tagumo -creación del ficticio Ishirō Honda- a la vista de todos. Por suerte, sus compañeros logran rescatarla y averiguar las verdaderas intenciones del villano, que van más allá de recolectar las almas de aquellos que bajaron su famosa aplicación telefónica.

La idea de Neron es utilizar la energía negativa que genera el miedo de la gente para abrir un portal y desatar el verdadero infierno sobre la Tierra. Lo único que les queda por hacer a las Leyendas es buscar la forma de contrarrestar tanto pánico y odio, despertando la empatía por todos esos bichitos mágicos y sus habilidades. La solución les llega cuando ven las reacciones positivas de un video del dragón criado por la pequeña Zari, en las redes sociales. Así, la apertura de Heyworld -el parque de diversiones imaginado por Henry Heywood- se convierte en la respuesta perfecta, utilizando un poquito de marketing engañoso superheroico, y el mismo cuaderno mágico de “Tagumo Attacks!!!”.

¿Qué hiciste ahora Barry?

Mientras tanto, Nora logra rescatar a Constantine, y con la ayuda de Astra recobrar la moneda de cambio para reclamar el alma de Ray, quien pasa sus días jugando al Jenga con el mismísimo Vandal Savage (Casper Crump). El problema es que Neron sigue ocupando el cuerpo de Palmer, y la única manera de revertir esta situación es completando el sacrificio (el de Nate) por el cual entregó su alma en primer lugar. Una complicación entre tantas de las que aparecen en este episodio que amenaza con dejarnos sin una Leyenda.       

¿Por qué? Porque Heywood tiene que morir si queremos volver a ver a Ray, y por otro lado, la tolerancia que están practicando y enseñando nuestros héroes empieza a alterar las líneas temporales, borrando ese horrible futuro distópico de 2042 donde conocimos a la adulta Zari, quien acepta el manto justiciero tras la muerte de su hermano Behrad. Todo un quilombo que se agrava cuando Neron y Tabitha irrumpen durante el acto principal de Heyworld, creando pánico y confusión entre los asistentes gracias al dragón de Zari, pudiendo tomar toda esa energía para abrir el portal hacia el Inframundo.

Pero Constantine y Nate logran engañar al demonio, que cree haber asesinado a John cuando en realidad se trata de Heywood disfrazado. Esto anula el pacto entre Ray y Neron, eyectando al demonio de su cuerpo, oportunidad que aprovecha Constantine para destruirlo completamente. Con Palmer de vuelta a la vida y el portal cerrado, las Leyendas se pueden anotar otro triunfo, aunque la victoria tenga gustito amargo a causa de la muerte de Nate.

Un Hada Madrina y un Demonio entran a un bar...

No todo es tristeza para el superhéroe metálico que en el más allá tiene la oportunidad de reencontrarse con su papá, pero el destino le tiene una sorpresa preparada. Si el báculo de Tabitha puede extraer la energía que provoca el miedo y traer de vuelta a los malos del Infierno, también puede hacer lo contrario con sentimientos más nobles, ¿no? Así es, el amor de sus amigos, las criaturas mágicas y el público reunido a su alrededor logran revivir a Nate, en uno de esos momentos tan emotivos como bizarros a los que la serie nos tiene tan acostumbrados, “Sweet Baby James” de James Taylor incluida, aunque esté mal entonada.

Lo malo de todo esto es la pérdida de Zari, que en esta nueva línea temporal es reemplazada por su hermano y borrada de la memoria de todos, excepto de la de Heywood. Una vez más, el final feliz (o agridulce) asoma en el horizonte, mientras en el Infierno, Astra decide darles una nueva oportunidad a criaturas despreciables de la historia como Gengis Kan y Iósif Stalin recuperando sus almas con las monedas de cambio robadas.

Esto ya nos da un mínimo indicio para la próxima temporada que, además, también estará encauzada hacia el crossover anual. Suponemos que de esta manera cerramos el capítulo de las criaturas mágicas sueltas y peligrosas, para abrir una nuevo, repleto de figuras históricas malévolas y desaforadas con ganas de cambiar el destino del mundo. Constantine resultó ser una de las mejores adhesiones de este año y seguro veremos mucho más de él. Ahora hay que ver cómo resuelven la falta de Zari y su particular sentido del humor (¿será Behrad?), y ni hablar de un nuevo corazón roto para Nate.  

Un ambiente demasiado festivo para estos dos

“Hey, World!” no es el mejor episodio de esta temporada (que tuvo algunos de los mejores de toda la serie), pero deja al show muy bien parado antes de la próxima entrega, un equipo bien sólido que suma a Nora del bando de los buenos (y reemplaza de alguna manera a Tala Ashe), y sin amenazas concretas a la vista… todavía. Eso sí, entregó momentos de dramatismo y sensibilidad de esos que no abundan (a diferencia de los más bizarros), bien equilibrados con las clásicas ocurrencias de estos protagonistas, sus eternas referencias pop  y metidas de pata que los hacen únicos en su especie superheroica.

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