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Análisis

ANÁLISIS | Legends of Tomorrow S04E011: Séance and Sensibility (Spoilers)

Un dios hindú suelto en la Inglaterra Georgiana, así de complicada y bizarra es esta nueva aventura de las Leyendas del Mañana. 

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Por: Jessica Blady

Ahora sí, el amor está en el aire y “Legends of Tomorrow” retoma su mejor forma, esa que rescata la humanidad de los personajes y, al mismo tiempo, tira todo el absurdo sobre el asador. La combinación perfecta para una serie superheroica que se ríe de todo, incluso, de sí misma, mezclando géneros y todas las referencias de las que puedan echar mano. “Séance and Sensibility” continúa ahí donde nos habíamos quedado, pero se las ingenia para hablar del dolor, la pérdida, las complicaciones del amor y, de paso, meter un numerito musical muy al estilo de Bollywood, en medio de la Inglaterra del siglo XIX que convierte a este en uno de los mejores episodios de la temporada.  

A pesar de que Hank escondía sus chanchullos bajo el brazo, las Leyendas deciden apoyar a Nate y acompañarlo en el funeral de su papá. Con una mezcla de sentimientos encontrados, el joven Heywood debe intentar hacer las paces con ese hombre que nunca llegó a conocer, tratando de no dejar entrever todo su rencor y desconfianza, al menos, durante la despedida familiar. Pero las cosas nunca son tan sencillas para estos héroes desprolijos y Constantine percibe que el espíritu de Henry todavía pulula por este mundo con algunas cosas para decir.

Tras descubrir que Nora no fue la verdadera responsable de este asesinato, Ray logra contactar con ella y ponerla a salvo en la Waverider, un poco a la vista de todos. Pero nadie le presta mucha atención a la extraña conducta de Palmer porque una nueva criatura mágica anda suelta y haciendo estragos en la línea temporal. Gracias a su incansable espíritu romántico, Mona se da cuenta que algo anda pasando en la Inglaterra Georgiana, al ver que las heroínas de las obras de Jane Austen empiezan a desaparecer de la historia de la literatura. Y hasta allá se dirige junto a Sara, Charlie y Zari, quien tras fingir su enamoramiento con Nate, ya no está tan escéptica en este temita del romance.  

Ni orgullo ni prejuicio

Las chicas aterrizan en 1802, donde se lleva a cabo una de esas tantas bodas que adornan la obra de la escritora británica. Claro que acá el cuento de hadas se transforma en una escena caótica cuando la novia en cuestión, y el resto de los asistentes, deciden proclamar su verdadero amor, no siempre el que les imponen sus parientes o la sociedad. Todo muy simpático, pero demasiado liberal para los estándares de la época, y una anomalía que las Leyendas deben reparar entre clichés literarios y buenas costumbres.

Zari descubre que Sanjay (Sachin Bhatt), en posesión de las cenizas de Kamadeva -dios hindú del amor-, es el ser que anda causando estragos y consigue apresarlo, justamente, porque su cinismo no le permite caer bajo sus influencias. Pero este pequeño triunfo no logra reparar el anacronismo, que tiene que ver con las propias desilusiones de la autora. Ahí es donde va a entrar en juego el romanticismo incurable de Mona, actitud que no piensa abandonar a pesar de las traumáticas circunstancias que tuvo que atravesar con Konane. Su determinación es la que acaba convenciendo a Austen (Jenna Rosenow) de que sus propias historias valen la pena, muy a pesar de la cursilería.     

Este momento -ni los chistes sobre el test de Bechdel- ni siquiera están cerca de ser lo mejor de este genial episodio que encuentra el punto más alto en las escurridizas tácticas de Sanjay, cuando este deja escapar sus polvitos mágicos dentro de la nave, esparciendo pasión en cada uno de los protagonistas. Nadie puede huir de este sentimiento tóxico, ni siquiera Ray y Nora; mucho menos Zari, que decide bajar su coraza y entregarse por completo a los brazo de Kamadeva. Los resultados son hermosamente hilarantes, bizarros y camp cuando todo casi termina en casamiento.

Y que tal si salimos todos a bailar

Y sí, Disney y Bollywood llegan al rescate para un número musical que encuentra a Zari y Sanjay rumbo al altar: bailarines, trajecitos de colores y una cuarta pared que se rompe cada dos estrofas. Esto es lo que queremos ver de “Legends of Tomorrow”, aunque sabemos que de vez en cuando tienen que mantener la compostura. Alexandra La Roche hace un trabajo excelente detrás de las cámaras, con la ayuda del guión de Grainne Godfree y Jackie Canino, un capítulo que lidia con el duelo (ya sea un padre o una relación amorosa), pero no deja de lado la extravagancia, el humor y algunos momentos terroríficos.

En la Waverider todo vuelve a la normalidad, pero John tiene que lidiar con algo más que el arrepentido espíritu de Hank que, a través del cuerpo de Mick, confiesa su alianza con un demonio que quiere echar mano de las criaturas mágicas apresadas por el Buró del Tiempo. Para sorpresa de Constantine, el ente malvado en cuestión resulta ser su viejo archienemigo Neron, ahora ligado al alma de Desmond, aquel amor trunco.

Esta es la trama que trajo de visita al personaje de Matt Ryan y sus “monstruos de la semana”, pero fueron las circunstancias creadas por estas criaturas las que le dieron vigor a la serie, y algunos de sus mejores momentos. En la conjunción y el balance, la Legendas encuentran el punto más alto, y los personajes (y sus intérpretes) sus escenas de lucimiento.   

Salvo por nuestro detective paranormal, todos quedaron bastante bien parados y satisfechos durante esta aventura, incluso Nate, que logra quedarse con la mejor versión de su papá, ese que quería construir el parque temático de sus sueños de infancia. Ahora, ¿podemos meter más musicales dentro del Arrowverso?

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