Armada y peligrosa
Análisis

ANÁLISIS | Jett S01E01: Daisy

Carla Gugino es la protagonista absoluta de este drama de súper acción, una ladrona muy profesional que tiene varios problemas por enfrentar en el horizonte.  

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Por: Jessica Blady

Que muchas cadenas televisivas o servicios de streaming no dependan de formatos estrictos en cuanto a la duración de sus productos se refiere, puede ser tan beneficioso como perjudicial para el resultado final. Hay horas de TV que se hacen eternas, otras que encuentran la cadencia perfecta y algunas que necesitan llenar cada minuto para que la historia resulte atractiva al espectador. Pasan tantas cosas en el primer episodio de “Jett”, que cuesta creer todo lo que se viene en esta primera temporada del drama de acción creado por Sebastian Gutierrez para Cinemax. Igual, Carla Gugino nos conquista en cada una de sus escenas, aunque “Daisy” se sienta como el argumento de media película inconclusa.

“Jett” sigue las aventuras de Daisy 'Jett' Kowalski (Gugino), ladrona de profesión que acaba de salir de la cárcel y, a pesar de estar determinada a mantener el bajo perfil mientras cría a su pequeña hija Alice y trabaja como camarera en un bar, los problemas no parecen querer alejarse de ella. Bueh, ella tampoco los evita, que digamos. El destino quiere que vuelva a cruzar caminos con su ex empleador y amante de medio tiempo, Charlie Baudelaire (Giancarlo Esposito), quien necesita de sus refinados servicios para robarle un anillo a un matón de Europa Oriental llamado Miljan Bestic (Greg Bryk) que hizo rancho en La Habana, Cuba.

A Daisy no le quedan muchas opciones, y el hecho de cobrar una cuantiosa suma de dinero, tampoco la empuja a negarse. Pero para llevar a cabo semejante tarea necesita de los servicios de Rufus ‘Quinn’ Quinton (Mustafa Shakir), experto en cajas fuertes y ex amante de la chica, que en estos momentos se encuentra cumpliendo sentencia. Los secuaces de Baudelaire y su hijo Charlie Jr. (Gentry White), son los encargados de idear el plan que lo va a sacar de prisión, un conjunto de acciones que no siempre salen como lo planeado y requieren un poquito de violencia extra.

Finalmente, la pareja parte rumbo a la isla del Mar Caribe con un plan bien aceitado, pero a pesar de los recaudos,  las cosas se complican demasiado para nuestra protagonista, quien nunca duda en poner el cuerpo si la situación lo amerita. A lo largo de más de una hora, el mismísimo Gutierrez (director y guionista de esta primera entrega) nos ofrece secuestros, más secuestros, encuentros amorosos, asesinatos, torturas, complejos escapes de prisión (aunque la seguridad de esa cárcel sea un tanto dudosa), policías encubiertos y un abanico de criminales demasiado extenso para listar.

Nada de esto le quita ritmo ni acción al episodio, pero en un punto se convierte en un exceso, más si tenemos en cuenta que estamos ante un producto televisivo que, todavía, tiene toda una temporada por delante. El realizador mezcla todos los condimentos del género, sin dejar de lado el humor y un poquito de absurdo, y permite que el peso de su historia recaiga en su protagonista, con partes iguales de elegancia, seducción y girl power. Jett no es ninguna damisela en peligro, conoce los riesgos de su oficio, pero trata de no exponerse más de la cuenta, por su hija y su amiga María (Elena Anaya), pseudo niñera/compañera.         

Como cadena “menor” de HBO, Cinemax igual pone su mejor esfuerzo desde la producción y la puesta en escena. Hasta su falsa Habana tiene onda y escapa un poco a las típicas realizaciones de estudio. Gugino es el punto más alto del elenco, dentro de un papel que la deja brillar y hacer buena química con sus compañeros masculinos, que no siempre son los más sagaces del conjunto.

Armas de mujer

Los “malos”, tal vez, están un poquito estereotipados, pero “Jett” no pretende ser un drama realista que describe el mundo criminal. Muchas veces cae en la parodia, y otras tantas en la violencia más morbosa, desequilibrando por momentos una historia que no sabe que tono prefiere adoptar. Igual, “Daisy” nos entrega un primer vistazo un tanto frenético, que deja bien en claro el ritmo y la singularidad de este relato que no conoce esa mentada frase de que “menos siempre es más”.

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