La heroína que NO necesitamos
Análisis

ANÁLISIS | Jessica Jones S03E02: A.K.A You're Welcome (Spoilers)

Krysten Ritter debuta tras las cámaras con un episodio centrado en Trish Walker y sus primeros pasos por el camino del heroísmo. 

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Por: Jessica Blady

Antes de despedirse de la serie superheroica, Krysten Ritter pudo darse el gustito y debutar tras las cámaras de este segundo episodio de la tercera temporada de “Jessica Jones”. Si “A.K.A The Perfect Burger” acomodó las cosas y planteó lo que se viene desde el punto de vista de la protagonista, “A.K.A You're Welcome” hace lo propio con Trish Walker, repasando los sucesos previos que la llevaron a ese ‘reencuentro’ con su amiga en la residencia de Andrew Brandt (Matt Weiss). La segunda entrega de la serie creada por Melissa Rosenberg nos dejó la peor versión de Patsy, con miras a convertirse en Hellcat. Un personaje insufrible que afectó bastante al conjunto de la trama.

Este episodio pretende mejorar las cosas y, sobre todo, la imagen de esta aspirante a heroína, pero hay algo que termina molestando dentro de la historia, y es su incapacidad de convertirse en un personaje empático. No importa cuanto lo intente, por ahora, Trish no da pie con bola, y gastar una hora de TV mostrando sus primeros ensayos y errores, complica más la cadencia de una narración que necesita empezar a mostrar sus mejores cartas para enganchar a la audiencia.

El planteo de Ritter y el guionista Hilly Hicks, Jr. no está mal, pero se pierde en secuencias eternas de entrenamiento, la búsqueda del disfraz perfecto (excusa para mostrar el atuendo original de Hellcat que no pasa muy desapercibido por la ciudad de Nueva York), o los constantes encontronazos con mamá Dorothy. Todavía no nos queda muy en claro que tipo de poderes ostenta Walker, ya que ni el exhaustivo ejercicio y preparación que lleva a cabo dan indicios de esas habilidades que empezaron a emerger en la segunda temporada.

Golpea primero, golpea fuerte, sin piedad

Su nueva filosofía consiste en dejar su vieja vida atrás, los lujos y los departamentos súper seguros, manteniendo un perfil muchísimo más bajo. Claro que esto se le hace imposible a la ex estrella infantil, que todavía logra reconocimiento en las calles. Lo ocurrido con la madre de Jessica la empuja a replantearse sus objetivos morales y a querer hacer equipo con su compañera, combatiendo las pequeñas injusticias del día a día. Supone que Jones está más abierta a convertirse en esa “heroína” que todos esperan que sea o, al menos, a ayudar a aquellos indefensos que lo necesitan.        

Mientras espera la reconciliación con su amiga, Trish comienza a transitar el camino del vigilantismo, interceptando las llamadas policiales e intentando frenar algún que otro pequeño crimen ocasional. Sus primeras tentativas son un fisco y hasta termina siendo demandada por un ladrón al que golpea y, que obviamente, reconoce su famosa cara. Entre problemas legales -que la conectan con Jeri Hogarth y los servicios de Malcolm-, la presión de sus mamá para encaminar su vida, y su necesidad de enmendar los errores con Jess (o sea, el asesinato de Alisa), la brújula moral de Walker empieza a desbalancearse, sin entender por completo la responsabilidad de cargar con estas habilidades extraordinarias y sus consecuencias.

Finalmente, encuentra un caso al que quiere dedicarle toda su atención y espíritu justiciero: el brutal ataque a una mujer, supuestamente, a manos de su hermano Andrew Brandt. Trish se obsesiona para encontrar las pruebas necesarias y atraparlo, una tarea más difícil de lo que cree a primera vista. Las aburridas horas de vigilancia, la investigación exhaustiva… Walker empieza a comprender el día a días de la vida de Jones, y siente que las dos podrían hacer un  gran equipo. Claro que Jessica no está lista para perdonarla (justamente porque Trish no entienda la dimensión de sus actos), y ahí es donde aparece el nuevo punto de quiebre para el personaje.

Manteniendo el anonimato, pero no la seriedad

Cuando la detective es embestida en su departamento, le pide a Malcolm que la contacte. Trish tiene la esperanza de que sus anhelos se hagan realidad, pero olvida que a su amiga no le gusta trabajar en equipo. Lo único que quiere Jones es el nombre completo de Brandt, creyendo que es el responsable del ataque, una fría actitud que no le cae nada bien a la Walker, propiciando ¿un nuevo desequilibrio emocional? Con ella nunca se sabe, ya que su personaje nunca está bien delineado. Uno de los errores que la serie viene arrastrando desde su segunda temporada con el único fin de crear más conflictos y momentos shockeantes.    

Ritter hace un gran trabajo con la narrativa de un capítulo que nos muestra otra cara, pero poco aporta al argumento. El punto de vista de Trish se convierte en otro episodio de relleno, cuyas acciones podrían haber sido más efectivas, tal vez, contadas desde otro ángulo que lo sostenga mejor. Acá sólo vemos sus arduas horas de entrenamiento para convertirse en “heroína”, un desarrollo bastante repetitivo y torpe para un personaje que no parece encontrar su verdadero espacio para brillar dentro de la historia.  

  

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