Mother knows best
Análisis

ANÁLISIS | I Am Mother

Netflix le sigue dando cabida a realizadiores debutantes, esta vez, de la mano de un maternal thriller de ciencia ficción. 

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Por: Jessica Blady

¿Cuántas películas con “buenas intenciones” tiene Netflix para ofrecer en su catálogo original? A esta altura podemos decir que muchas, pero que pocas han logrado trascender ese mote. Lo mejor de este sistema de producción siguen siendo las posibilidades que tienen los realizadores menores al poder expresarse en una plataforma tan grande que llega a millones de hogares al mismo tiempo. Sin dudas, en este caso, todo el mérito va para el debutante Grant Sputore, director que con muy pocos recursos y buenas actuaciones, logra crear un buen clima de suspenso en medio de un escenario apocalíptico bastante desolador.

El problema principal de “I Am Mother” (2019) es que plantea muchísimas opciones posibles y, al final, nos deja con la más facilista y menos interesante. El guionista Michael Lloyd Green se toma su tiempo (estas dos horas le quedan enormes) para desarrollar los misterios alrededor de esta “madre” del título, pero termina cayendo en un pozo sin fondo de lugares comunes (o demasiado vistos en este tipo de historia) y el recurso constante del plot twist para sacudir un poco las cosas o, mejor dicho, despabilarnos cuando la monotonía y la repetición se apoderan de su relato.    

Estamos en un futuro bastante oscuro donde la humanidad, aparentemente, se extinguió, pero en esta instalación dedicada a la repoblación del planeta, hay unos 63 mil embriones dispuestos a nacer. Para ello, el sistema activa a Madre (voz de Rose Byrne), un robot muy cariñoso que se va a encargar de darle vida y todos los cuidados necesarios a su Hija, el primer bebé de esta nueva camada. El tiempo pasa y la nena va creciendo, al mismo tiempo que el cyborg desarrolla su “instinto maternal” para darle la atención requerida, física y emocionalmente. Así, Hija se convierte en el único humano sobre la faz de una Tierra inhabitable y venenosa.

Con la adolescencia, empieza a crecer la curiosidad de Hija (Clara Rugaard) sobre ese inaccesible mundo exterior. Madre se asegura de que obtenga una educación privilegiada y de que se mantenga en forma, pero hay cuestiones inherentes al ser humano que ya no puede manejar. Todo cambia cuando ese mundo exterior toca a la puerta en forma de una Mujer (Hilary Swank) herida, una inexplicable sobreviviente de la extinción que tiene una historia muy diferente para contar sobre este tipo droides, conocidos como Demoledores.

Todo el conocimiento y la experiencia de Hija choca con estas nuevas revelaciones y así se empieza a poner a prueba la estrecha relación que tiene con su “madre”. A partir de acá, “I Am Mother” empieza a retorcer un poco más las tuercas, con la única intención de llegar a esa instancia final que, de alguna forma, se nos presenta predecible casi desde el comienzo.  

Como dijimos, los planteos de Green y Sputore son interesantes y efectivos en el primer tercio de la película donde se construye la interacción entre estos dos seres tan diferentes, pero parecidos, entre sí. La humanización del robot y la automatización del humano, sumado a las actuaciones de Rugaard e incluso la de Byrne, abre un mundo de posibilidades para este relato con mucho homenaje hacia “En la Luna” (Moon, 2009); pero pronto se desinfla, un poco por culpa de la forma en que estira cada uno de sus momentos con la única intención de puntualizar la tensión dramática. Así, la historia se va ralentizando y chocando con encrucijadas narrativas que no siempre toman el mejor atajo.   

Madre hay una sola

Sputore sabe cómo aprovechar los escenarios -bah, el único escenario- para representar esa cotidianeidad familiar en un ambiente tan estéril. La atmósfera de thriller de ciencia ficción le sienta muy bien, pero su inexperiencia tras las cámaras se hace notar cuando llega el momento de redondear las ideas y crear un impacto que no tenga que ver con los efectismos narrativos o visuales. Tiene a los actores para la tarea, pero desaprovecha los elementos que le da la historia para llevarla a un mejor puerto. “Buenas intenciones”, aunque con resultados mediocres que podrían funcionar mucho mejor como un capítulo acotado dentro de alguna antología televisiva.  

Mención especial para el diseño y personificación de Mother (interpretado por Luke Hawker), un robotito que se asemeja a tantos otros (alguien dijo “Three Robots”), pero transmite una gran personalidad y carácter, justamente, porque no se trata de una creación en CGI, lo cual lo convierte en un personaje más atrayente y palpable para sus coprotagonistas y para el espectador.    

  

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