La lucha del bien contra el mal
Análisis

ANÁLISIS | Good Omens S01E01: In the Beginning

Se viene el apocalipsis y es la tarea de un ángel y un demonio hacer lo posible para evitarlo... o, aunque sea, guiar al Anticristo por el buen (o mal) camino. 

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Por: Jessica Blady

Si no te alcanza con la dosis de Neil Gaiman que tiene para ofrecer “American Goods”, Amazon Prime Video y BBC Studios te traen la adaptación de “Good Omens”, comedia fantástica y bastante absurda, basada en la colaboración conjunta entre Gaiman y Terry Pratchett: “Good Omens: The Nice and Accurate Prophecies of Agnes Nutter, Witch”. Como la narradora de turno (Frances McDormand), alias Dios, lo anuncia desde entrada, la historia se remonta miles y miles de años atrás, cuando Eva y Adán fueron expulsados del Paraíso por ese delicado asuntito de la manzana y el pecado original. Obvio que la culpa no fue estrictamente de la primera mujer, sino de un demonio metiche llamado Crowley (David Tennant), enviado a la Tierra para hacer sus desmanes.

En la vereda de enfrente, interviniendo lo menos posible y siempre con la mejor de las intenciones, está Aziraphale (Michael Sheen), un ángel demasiado acostumbrado a la vida entre los humanos, incluso después de todas las desgracias, tragedias y triunfos que le tocó atestiguar. Acá estamos, once años atrás del presente de 2018 y el comienzo del apocalipsis, fecha crucial para estos dos seres que mantienen una extraña ¿amistad?, la cual se pondrá a prueba con la llegada del Anticristo.    

Todo muy en modo “La Profecía” (The Omen, 1976) mezclada con “Sopa de Gemelas” (Big Business, 1988), a Crowley le toca la tarea de entregar al pequeño y futuro Rey de las Tinieblas a la familia de humanos que se va a encargar de su crianza. Las confusiones no se hacen esperar y el demoniaco (pero dulce) chiquitín termina en las manos equivocadas. Claro que nadie se percata de este error, ni siquiera Crowley, quien no está muy entusiasmado con la idea de propiciar el fin del mundo.

Al igual que su colega angelical, el demonio se acostumbró a vivir y disfrutar de los placeres de la Tierra, de ahí que decida advertir a su colega del advenimiento del apocalipsis, y urdir un plan conjunto para acompañar y guiar al pequeño Warlock. Pasados los diez años, el nene (o sea, el Anticristo) deberá tomar la resolución final sobre el destino del mundo  y la batalla definitiva entre el cielo y el infierno.

El mismísimo Gaiman está detrás de esta producción que, por ahora, promete resolver el dilema en sólo seis episodios, acotando bastante el material original. “In the Beginning”, dirigido por Douglas Mackinnon -responsable de “ingrese aquí la serie inglesa que más le guste”-, funciona como una acelerada introducción que nos plantea el problema principal (la lucha del bien contra el mal), pero más que nada la idiosincrasia de estos dos personajes principales, que acatan su naturaleza, pero están (un poquito) dispuestos a ir más allá y desafiar a las autoridades si se les presenta la oportunidad de salvar su querida Tierra.

El arranque de “Good Omens” es un tanto tibio, y aunque nos deja bien en claro el estilo de humor (muy negro) y los extremos con los que piensa jugar, la irreverencia se queda corta y nosotros con ganas de un poco más. Lo mismo ocurre con la puesta en escena en general que, por momentos, es más parecida a una escenografía teatral que a la Inglaterra de 2018.    

Una extraña pareja

Nadie espera realismo en una comedia sobre el anticristo y el fin del mundo, pero a diferencia de la novela -y el estilo de Pratchett, en general-, da la impresión de que “Good Omens” se refrena en cada una de sus escenas y remates. Entonces, el peso de la historia y del humor recae sobre el histriónico Tennant y el contenido Sheen, que hacen sus pasos de comedia en modo “extraña pareja” y, por momentos, con una actitud bastante infantil. Imposible no celebrar las incursiones del sagaz y agudo relato de McDormand, pero este también se va volviendo redundante a medida que avanza la historia, como si recalcar cada frase o momento gracioso fuera inevitable para los realizadores.

Esta falta de confianza en su propio relato termina repercutiendo en un producto que no nos da lo mejor que tiene para ofrecer desde el principio. La primera aparición de Jon Hamm como el arcángel Gabriel pasa casi desapercibida, y ni hablar de lo molesto que resulta Nick Offerman en el papel del embajador norteamericano destinado a convertirse en el papá adoptivo del hijo de Satán. Detalles que se van acumulando a lo largo de una hora que pasa entretenida y con ritmo, pero que nunca nos termina de convencer y llevarnos de la mano para disfrutar de este peculiar universo donde las fuerzas del bien y del mal prefieren emborracharse juntas, en vez de luchar por el dominio de la Tierra.

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