ANÁLISIS | Forager
Análisis

ANÁLISIS | Forager

Un nuevo indie argentino llega a nuestras manos y nos envicia con su relajante jugabilidad. Aquí te contamos lo bueno y lo malo del ciclo vicioso que es Forager

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Por: Maximiliano Baldo

Uno de mis géneros de juegos favoritos es aquel en el que nuestro protagonista debe ir poco a poco mejorando sus habilidades y expandiendo sus dominios mediante la recolección de recursos y la fabricación de nuevas estructuras y herramientas para facilitar labores. Usualmente se los conoce como juegos de Supervivencia, o “Survival Games”; títulos que generan una extraña sensación Zen en su jugabilidad usualmente repetitiva pero ultimadamente satisfactoria. Minecraft y Terraria son dos excelentes ejemplos, aunque la exploración también forma un componente mayor en sus núcleos; mientras que cosas como Factorio se acercan más a ese género ideal, con la salvedad de que diseñar una base automatizada es cualquier cosa menos Zen. Luego está el caso de los infames “Idle Games”, o “Clickers”, que nos incitan a desperdiciar una inconmensurable cantidad de nuestro valioso tiempo en ver números ir más allá de toda cuenta posible, al punto que los valores pierden significado y el entretenimiento restante reside en limitar nuestra interacción a loguear unos pocos minutos cada día, reclamando nuestra efímera recompensa para apagar el juego hasta dentro de 24 horas más.

Y luego existe el género híbrido.

Estos son juegos que aluden a una actitud más “Clicker”, pero añadiendo jugabilidad sencilla para mantener al jugador interesado. Son títulos como Crashlands y Vostok Inc., que ofrecen enormes facilidades al jugador (inventario infinito, controles sencillos, reglas simples) para engancharnos con recompensas constantes que van facilitándonos la vida cada vez más. Y ahora, Forager se une a este ciclo de vicio hermoso.

Este colorido juego de supervivencia es obra de Mariano Cavallero, quien desarrolló la primera iteración del mismo para una Game Jam de Game Maker, evento en el que obtuvo el segundo puesto en la competencia. A ese prototipo le siguió un considerable tiempo de desarrollo, durante el cual pudimos disfrutar de una impecable Demo que nos dejó con ganas de mucho más; y ahora, al fin, podemos dar veredicto sobre lo que es el producto final. ¿Y qué se puede decir de Forager tras haber explorado sus profundidades? Primero, que es tanto o más enviciante de lo que esperábamos; y segundo, que tal vez es una experiencia demasiado sencilla, aunque no por ellos menos adictiva.

Todo empieza aquí

En esta aventura nuestro simpático protagonista—cuyo diseño nos recuerda al Gomez de FEZ—comienza su periplo en una pequeña isla, con apenas un pico en sus manos y un manojo de recursos a su alrededor. Picar algunas piedras nos dará suficiente material para construir un horno, y a partir de aquí podremos empezar a fundir metales y a industrializar nuestra vida. Golpe tras golpe de pico ganaremos experiencia que, eventualmente, nos hará pasar de nivel, momento en el que podremos entrar al menú de habilidades para activar una entre todas las mejoras disponibles, la cual revelará las habilidades adyacentes para futuras elecciones.

Uno de los elementos de evolución principales de Forager toma lugar en esta misma pantalla. Tendremos a nuestra disposición un total de 64 Habilidades a descubrir, divididas en cuatro áreas principales: Industrialización, Finanzas, Recursos y Magia. Cada habilidad activada puede desbloquear nuevos edificios y recetas, así como otorgar mejoras a edificios y habilidades ya existentes. Dependerá de nuestro estilo de juego elegir qué habilidades elegimos primero. ¿Estamos más inclinados a construir? ¿Preferimos obtener más recursos del mundo? ¿O quizá nos interesa sacar más ganancias de nuestras monedas? Es nuestra elección, teniendo en cuenta que es perfectamente posible ir por caminos que activen edificios para los que todavía no contamos con los medios para generar los materiales necesarios para su construcción; pero el juego no nos castiga severamente en ningún momento, sino que todo es cuestión de esperar a la próxima subida de nivel para intentar mitigar el error previo.

¿Qué camino seguiremos?

Muy pronto obtendremos valiosas monedas de oro, primariamente de fabricarlas nosotros mismos al fundir barras de oro y forjarlas en el yunque, más adelante al derrotar enemigos y generarlas en nuestros bancos. El dinero será de gran utilidad para adquirir algunos productos en las tiendas que eventualmente podremos construir, pero será mucho más importante para comprar nuevas tierras adyacentes a nuestro territorio actual. El valor de estas nuevas islas va en constante aumento, y cada una trae contenido aleatorio en su superficie.

Parte de ese contenido es la aparición de NPCs que nos ofrecerán una recompensa a cambio de cumplir ciertas misiones, usualmente darles X cantidad del ítem Y. Más allá de lo mundano de esta estructura de quests, las recompensas suelen ser muy buenas; en especial cuando se trata de ítems que aceleran la obtención de recursos o que mejoran significativamente parte de nuestro equipo. Si bien estos personajes son simpáticos, no ofrecen mucho a la construcción de un mundo o una historia, y en ese sentido su presencia es más circunstancial que cualquier otra cosa.

Suelen tener diálogos agradables, también

Otro contenido aleatorio son islas que poseen un acertijo a resolver. En general las pistas para resolver el enigma están bien a la vista, pero en un caso en particular las pistas están desperdigadas por múltiples zonas del mapa. Son una interesante adición y una linda forma de sacarnos momentáneamente del flujo principal del juego para hacernos pensar, y esa desviación de la rutina se agradece mucho. Una vez más, las recompensas por solucionar estas incógnitas son muy satisfactorias y recomendables.

Finalmente, otros fragmentos de nuevo terreno nos darán acceso a una serie de mazmorras que podremos explorar, haciendo referencia a las mazmorras de la saga de Zelda, casi siempre obteniendo una nueva arma especial al superarlas. Por desgracia, estas instancias no sólo son mucho más escasas de lo que querríamos, también son—salvo uno o dos casos excepcionales—extremadamente sencillas; tanto o más como los jefes que esperan al final de las mismas, que en ningún momento me dieron algún tipo de problema para masacrarlos, lo que fue decepcionante.

Nada que una flecha explosiva no pueda solucionar

Los elementos ya mencionados forman todo el conjunto de la jugabilidad: obtener materia prima para edificar y fabricar ítems, conseguir oro para adquirir nuevas tierras, resolver puzles y mazmorras para ganar ítems especiales. Con el correr de las horas nuestro protagonista irá mejorando su equipamiento, expandiendo la capacidad de su mochila, aumentando el valor de las monedas recolectadas, y haciendo más eficientes sus herramientas de trabajo: el pico, la pala, la espada y el arco. Estos últimos dos vienen a formar parte del sistema de combate de Forager… que tampoco ofrece grandes desafíos.

Honestamente, la variedad de enemigos en el juego no es grande y son todos bastante fáciles de derrotar con las armas básicas, y para cuando lleguemos a las etapas más avanzadas, con pociones especiales que causan efectos a nuestro alrededor y armas mucho más poderosas, nuestro protagonista será una genuina fuerza de destrucción absoluta, barriendo el mapa de enemigos y recursos con un par de golpes de espada o una certera flecha explosiva.

Cada recompensa otorga beneficios considerables

Habiendo dicho todo esto, ¿qué hace que Forager sea tan recomendable? Pues que es un juego severamente enviciante y satisfactorio. Todo el tiempo hay una enorme sensación de avance; cada nuevo ítem y habilidad descubierta nos genera una sensación de evolución constante; y todas estas mejoras están distribuidas y distanciadas una de otra de tal forma que nunca llegaremos a aburrirnos. ¿Mencionamos que nuestro protagonista puede volverse sumamente poderoso con el paso del tiempo? Ir por ahí limpiando el área y básicamente reventando la materia prima de cada objeto nos da una sensación de poder fantástica; aunque hay que admitir que, llegado a cierto punto, la jugabilidad de Forager cae en una repetición notable… pero no en un aburrimiento notable; esa es la gran diferencia: Forager es un juego extremadamente accesible que es muy difícil de dejar de jugar, y es capaz de hacernos pasar horas con peligrosa rapidez.

¡Pensar que empezamos con un hornito!

Es notable el trabajo y esfuerzo que Cavallero ha puesto en este juego, y nosotros podemos ver parte de ese desarrollo en la sección de Extras de Forager, que va habilitando viñetas e historietas a medida que obtenemos Logros en la partida. Es un lindo detalle que da gusto tener, incitándonos a jugar más para desbloquear nuevos segmentos. Ultimadamente, Forager es un título construido con amor, por más cliché que suene la frase… Pero no por ser cliché significa que no sea verdad.

Tal vez no haya una gran historia de fondo, pero realmente no la necesita. Forager existe en su propia jugabilidad y en las pequeñas alegrías que el jugador tiene al ir descubriendo nuevas habilidades, nuevas tierras, nuevos ítems y nuevos poderes. Es jugar por el simple deseo de jugar, divirtiéndonos momento a momento. He allí el elemento Zen que mencionaba al principio; la sensación de relax cuando dejamos que el flujo de la jugabilidad nos lleve de la mano, a su propio ritmo. Y es, también, el peligro de entrar a este mundo para pasar un par de minutos y terminar descubriendo que nuestra habitación está a oscuras, porque el sol hace rato que le dio paso a la noche… y viceversa.

Vamos a volvernos súper poderosos

Es el tipo de peligros que un buen juego es capaz de darnos. Y Forager es un muy buen juego cuando se trata de eso.

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