Con un vino todo es mejor
Análisis

ANÁLISIS | Entre Vino y vinagre

Amy Poehler debuta en la pantalla grande con esta comedia que reúne a un gran elenco femenino, pero se queda en la mitad del camino en cuanto a humor y narrativa. 

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Por: Jessica Blady

Olvidémonos por un momento de este título local tan desafortunado y poco marketinero, para centrarnos en la historia que nos quiere contar “Entre Vino y Vinagre” (Wine Country, 2019), debut cinematográfico de Amy Poehler que reúne a algunas de las mejores actrices/humoristas de su generación. La comedia distribuida por Netflix tiene puntos a favor y en contra, pero su problema principal es la falta de una trama consistente que nos lleve de la mano por esta reunión de amigas que deciden pasar unos días de festejo y reflexión.

Abby (Poehler), Naomi (Maya Rudolph), Val (Paula Pell), Catherine (Ana Gasteyer), Jenny (Emily Spivey) y Rebecca (Rachel Dratch) se conocen desde la década del noventa cuando trabajaban juntas como camareras en una pizzería de Chicago. El tiempo las fue llevando por diferentes caminos y ocupaciones, pero siempre se mantuvieron en contacto, y ahora tienen la mejor excusa para el reencuentro: el cumpleaños número cincuenta de Becca, terapeuta casada con un hombre que no está bien visto por sus amigas.

Abby es la encargada de hacer todos los arreglos, que incluyen un fin de semana en Napa (California) -el llamado “país del vino”-, el alquiler de una casa donde todas van a hospedarse, y un montón de actividades cronométricamente programadas. Claro que es imposible que seis mujeres de “cierta edad” se pongan de acuerdo, así que los planes se empiezan a desacomodar apenas ponen un pie en la hermosa propiedad de Tammy (Tina Fey). El resto es un tanto predecible: entre excursiones a los viñedos, muchas resacas y algunos desacuerdos, nos vamos enterando sobre los conflictos personales de cada una, muchas veces imposibilitadas de compartirlos con las demás. Pero el desmadre nunca llega, ni siquiera una confrontación que genere un punto de giro, y todo queda en un relato anecdótico que sólo ayuda a comprender las disyuntivas de un grupo de protagonistas que ya pasó sus cuarentas (protagonistas blancas).

A pesar del guión de Liz Cackowski y Emily Spivey, a “Entre Vino y Vinagre” se le notan sus muchos momentos de improvisación. Algunos dan en el clavo y subrayan la naturalidad de sus protagonistas en las escenas más orgánicas y reales de la película, y otros se acercan peligrosamente a un mal sketch de “Saturday Night Live”, de donde vienen muchas de estas comediantes. Al final, la historia es un conjunto de clichés a medias (la madre y ama de casa que quiere unos días de descanso, la empresaria que no puede dejar el trabajo atrás, la obsesiva y controladora, la neurótica, y así) de la que podríamos esperar un “¿Qué Pasó Ayer? (The Hangover) femenino (o una “Bridesmaids”), pero esa no es la intención de las realizadoras, que se quedan con una narración demasiado simple y carente del humor que semejante elenco, de entrada, nos promete.

“Wine Country” tiene buenas intenciones y acierta en el reflejo de abordar este “envejecer con gracia” femenino, sobre todo en contraste con las nuevas generaciones y sus preocupaciones tan banales y disimiles. Las protagonistas de Poehler son mujeres más “reales y creíbles” (digamos que están en el extremo opuesto de “Sex and the City”), hasta que caen en su propia parodia sin alcanzar el efecto narrativo deseado. Las reflexiones son buenas, el cómo las lleva a cabo y el resultado final, no tanto, y ahí es donde la película empieza a perder su consistencia.

Nuestro problema principal es que estamos todo el tiempo esperando una trama que desvíe, un giro, un algo que no llega, y lo único que puede hacer la directora es reunir diferentes situaciones que se van encadenando hasta que este fin de semana llega a su conclusión. Una gran oportunidad desaprovechada -al igual que intérpretes como Cherry Jones y Jason Schwartzman, que a esta altura vive constantemente en una película de Wes Anderson- para correrse de la norma del rejunte de “chicas lindas” o “muchachos desenfrenados”, y aproximarse a tópicos más propios de una serie televisiva (que puede desarrollarlos a lo largo de varios episodios) que a un comedia pasatista que se nos cruza en nuestra plataforma de streaming más conveniente.

Amigas a prueba de alcohol 

Linda banda sonora para los amantes de “Aspen”, algunas referencias pop -porque estas mujeres no viven en un Tupper-, y consideraciones sobre nuestra forma de comunicarnos, justamente en la ‘era de las comunicaciones’, también evitan que “Wine Country” sea un completo desastre; pero teniendo a estas brillantes mujeres delante y detrás de las cámaras, uno quisiera ufanarse de la calidad de la comedia femenina encabezada por intérpretes maduras que ya no deben rendirle cuentas a nadie. Lamentablemente, este no es el mejor ejemplo.    

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