ANÁLISIS | Doom: Sigil
Análisis

ANÁLISIS | Doom: Sigil

Para celebrar el 25 Aniversario de Doom, John Romero nos regala un capítulo adicional para el FPS clásico

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Por: Maximiliano Baldo

El Tiempo es cruel y tirano, en especial en los medios modernos y digitales. Hoy todo es pasajero, fugaz; el éxito de hoy será el olvido de mañana, siendo reemplazado por la Nueva Moda. En una era tan acelerada como la actual, pocos juegos tienen la gran fortuna de permanecer en el imaginario popular por más de dos años; quizá tres; cinco, si tiene muchísimo éxito…

…ni digamos veinticinco.

Años dorados...

Doom cumplió un cuarto de siglo y sigue vigente en la industria gamer, ya sea gracias a los recientes títulos exitosos de la franquicia como también por los constantes aportes de una comunidad de diseñadores de nuevos mapas y contenido; a veces tomando el concepto del juego original y transformándolo en entidades propias, como el visceral Brutal Doom o el extraño pero funcional experimento de DoomRL, que pone a nuestro querido DoomGuy a recorrer mapas procedurales en una aventura roguelike que no tiene derecho de ser tan divertida.

En serio, funciona demasiado bien

Pero cuando todo está dicho y hecho, siempre volvemos al original, al juego base, al que lo inició todo. El primer Doom, el clásico de 1993 que tentó a más de uno con su primer capítulo totalmente gratuito en formato Shareware. ¿Alguien hubiera imaginado que, después de tanto tiempo, el juego tendría una especie de expansión semi-oficial? Ni siquiera el propio John Romero… pero eso es justamente lo que nos ofrece con SIGIL, un megawad que básicamente añade un quinto capítulo a los cuatro originales del juego base… y es totalmente gratuito; aunque también hay disponibles ediciones de colección pagas que poseen muchos productos adicionales, incluyendo la banda sonora oficial a cargo de Buckethead, una estatuita de la cabeza de John Romero en una pica, y hasta una hermosísima caja de colección con fantástico arte del mismísimo Christopher Lovell.

Desde luego, debemos tener una copia original de Doom para jugar Sigil (puede ser la versión Ultimate Doom) y luego seguir una serie de pasos que—para aquellos que no están al día con la utilización de mapas de usuarios en el juego—se siente un poco compleja, debiendo descargar un programa adicional, copiar archivos de una carpeta a otra y finalmente arrastrar un archivo específico a un ejecutable para “cargar” el nuevo capítulo. Si hacemos todo bien tendremos en nuestras manos un nuevo desafío basado directamente en el juego original; y “desafío” es la palabra precisa, ya que Sigil confía en que ya sabemos a lo que nos atenemos y no pierde tiempo en hacernos sufrir de lo lindo, incluso en dificultades menores. Prepárense para una fiesta de tripas.

Hay tripas en el suelo, por ejemplo

Volver a Doom luego de tanto tiempo—para aquellos que no han estado explorando mapas de usuarios, es decir—puede resultar en una inesperada curva de dificultad. La jugabilidad moderna en títulos de FPS nos ha hecho olvidar las tosquedades de antaño; inconvenientes que los lanzadores modernos de Doom intentan compensar en base a nuevos sistemas de control por mouse y otros beneficios. Es chocante volver y recordar que el Doom original no permitía mirar hacia arriba o abajo con facilidad; y olvídense de saltar, el DoomGuy original no hacía eso. Pero será cuestión de un par de minutos y media centena de disparos para recuperar el estilo y revivir glorias pasadas.

No hay mucho que decir en términos generales respecto a Sigil, excepto que es más Doom, y siempre hay lugar para más Doom. En este agregado a la narrativa original, Baphomet corrompe el transportador final que debía llevar a nuestro héroe de regreso a la Tierra, y en su lugar lo manda a las peores zonas del infierno. Es cuestión, entonces, de encontrar otro camino de vuelta a casita, y para eso vamos a tener que arrasar con otra horda de bichos. No hacen falta más excusas, y es en esa simplicidad que Doom se mantiene icónico.

Doom: resolviendo problemas a escopetazo limpio desde 1993

Sí hay algunos añadidos a la jugabilidad, aunque no directamente ligados a comandos específicos. Los mapas que componen este nuevo capítulo hacen especial énfasis a encontrar y disparar a cierto símbolo específico para abrir nuevos accesos y poder continuar hasta el final. También los mapas sufren de una excesiva dosis de expansión constante, con nuevas áreas, pasillos, habitaciones y sectores apareciendo a pedida que activamos botones y alcanzamos puntos específicos. Esto puede llegar a resultar en una navegación un poco confusa, principalmente por algunos segmentos de oscuridad profunda y alguna que otra trampita en el diseño de los niveles.

Las trampitas no se limitan a potenciales callejones sin salida, sino también a la súbita aparición de poderosos monstruos cuando menos lo esperamos, repentinos movimientos de algunos terrenos, y una sección específica colmada de áreas en las que el techo nos aplasta, que resulta ser la instancia más detestable de todas. John no tiene reparos a la hora de subir la dificultad de su nuevo capítulo, que nos va a hacer recordar de la manera más brutal que el juego realmente no salva automáticamente la partida. Tengan presente salvar cada pocos minutos, porque un giro en una esquina puede revelar una sorpresa desagradable en forma de colmillos afilados y bolas de fuego astrales.

Disparar a estos símbolos abre nuevos accesos

Sigil es exactamente lo que podíamos esperar de un quinto capítulo para el juego que hizo escuela, y si bien su dificultad puede tomarnos desprevenidos, no deja de ser una magnífica expansión de un juego que todavía hoy sigue siendo entretenido, y que de paso sirve de excusa para volver a instalarlo y descubrir la ferocidad de sus nuevos niveles. Muchas gracias, John Romero; y felices 25 años, Doom.

LO MEJOR:

  • Siempre hay lugar para más Doom.
  • El episodio es gratuito.
  • La edición de coleccionista es hermosa.

LO PEOR:

  • La instalación puede ser un poquito compleja para los que no están acostumbrados a cargar WADs.
  • Algunos picos de dificultad; en especial las trampitas de enfrentamientos sorpresa.
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