ANÁLISIS | Doom Patrol S01E08: Danny Patrol (Spoilers)
Análisis

ANÁLISIS | Doom Patrol S01E08: Danny Patrol (Spoilers)

¿Qué tienen en común una calle consciente, Kelly Clarkson y Kinky Boots? Doom Patrol, obviamente. 

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Por: Jessica Blady

El espíritu de Grant Morrison sigue pululando por los episodios más demenciales de “Doom Patrol”, como debe ser. Si un burro interdimensional o el ojo del Decreador en el cielo de Cloverton no fueron suficientes para tu nivel de absurdo extremo, entonces una calle consciente, viviente y queer capaz de teletransportarse a cualquier parte del mundo, debe cubrir todas tus casillas. Sí, Danny the Street (Danny, la Calle) hace acto de presencia en la serie del DC Universe, desparramando encanto y bizarres por partes iguales. O sea, es una calle.    

Después de la terapia de grupo del episodio anterior, la patrulla y sus sentimientos revueltos tienen una nueva misión, bah, al menos Victor y Larry que se cruzan con el pedido de ayuda de Danny, viejo amigo de Niles Caulder, quien podría darles alguna información del paradero del buen doctor. La dupla llega a hasta Springfield, Ohio, sólo para descubrir un pueblito fantasma y una calle principal que parece tener todas las respuestas a sus dudas inmediatas.

El alma de esta vía es el Peeping Tom’s Perpetual Cabaret, lugar regenteado por Maura Lee Karupt (Alan Mingo, Jr.), una drag queen que debe mantener las puertas abiertas y el ánimo de los habitantes (los “Danny-zens”) bien arriba para que Danny siga con vida. ¿Por qué? Porque la calle es un refugio que le da la bienvenida a todo aquel que lo necesita, permitiéndole a cada uno sentirse más cómodos con ellos mismos. Algo que supo pasarle a la mismísima Maura tiempo atrás, cuando irrumpió en este extraño escenario siendo Morris Wilson, agente del Departamento de la Normalidad (Bureau of Normalcy) al servicio de Darren Jones (Jon Briddell), empecinado en acabar con esta anomalía plagada de “indeseables”.

Las callecitas de Ohio tienen un no sé qué

Al llegar a Danny the Street, Morris encontró su verdadera identidad y ahora su único propósito es mantenerla a salvo de las garras del buró, de ahí que necesite la colaboración del Jefe o, en su defecto, sus nuevos discípulos, que deben hacerla de héroes aunque no quieran. Pero hay algo más. Resulta que el Departamento de la Normalidad también está ligado con el pasado de Trainor y algo de esa tortura de la que el ente que lo habita ya nos mencionó. Al igual que Danny, Larry también fue objeto de la persecución de Jones, quien supo echar mano de violentos experimentos sobre el ex piloto, con el único propósito de despertar a su alma radioactiva y explotar esos poderes en épocas de la Guerra Fría y la crisis de misiles en Cuba.    

Así y todo, Trainor todavía no se permite concebirse como ese héroe que todos esperan, un empujoncito que puede darle Danny y Maura, numerito musical de por medio. Claro que ayuda que Matt Bomer tenga la voz apropiada (y el carisma) para estar a la altura de la tarea, y entonar a dúo “People Like Us” de Kelly Clarkson junto a Mingo, la Lola de “Kinky Boots” versión Broadway. Todo queda en fantasía para el piloto de pruebas que, por ahora, sólo se permite soñar y no darle rienda suelta a su verdadero yo.  

Finalmente, Jones y sus agentes encuentran la locación de Danny, pero Karupt se le planta en toda su gloria y glamour con la asistencia del resto de los habitantes, de Vic y Trainor, que empieza a dar ese primer paso hacia el heroísmo y la identificación. Ya veremos si él y Darren vuelven a cruzarse para saldar cuentas, pero lo importante de “Danny Patrol” es la influencia positiva que dejó esta callecita en nuestro condenado, bastante menos oscuro al final del episodio.  

Karen es puro amor

La narración de “Doom Patrol” no parece estar más cerca de arrimarnos al rescate del Jefe, pero esta “demora” llena con episodios que cumplen cada uno de sus objetivos, dándonos a entender que la desaparición de Niles es una excusa para que cada uno de sus “hijos” encuentre el camino, y juntos aprendan a relacionarse y trabajar en equipo.

Después de la incursión del Admirial Whiskers (el ratoncito que le alteró los circuitos a Cliff, literalmente), Jane vuelve a huir de la mansión con rumbo desconocido. Una llamada, pronto los alerta de su paradero y su nueva identidad, ahora usurpada por Karen, una personalidad enamoradiza y amante de las comedias románticas de los noventa (y todos sus clichés, jeje), que toma el control cada vez que la chica se deprime. Karen tiene el poder de hacer que la gente la adore, y así vuelve a reencontrarse con su viejo novio Doug (Brent Bailey), con el que ahora planea casarse sin rendirle cuentas a nadie.  

Rita y Steele tienen la tarea de tratar de evitar esta fantochada y lograr de Jane vuelva a tomar el control, una trama bastante menos interesante que la de Danny, que al final sólo nos sirve para conocer a Karen y su poder. También para darnos cuenta que algo anda nada bien dentro de la agitada cabecita de la chica que debe lidiar con el rechazo, la pedida de Niles y todas estas personalidades entrometidas.  

Dermott Downs vuelve a hacerse cargo de un gran episodio que juega con el absurdo de sus personajes, pero nunca olvida su parte más humana aunque se trate de una calle). La serie nos sigue demostrando que ser héroe no es nada fácil, sobre todo para este grupo de marginados que primero deben elevar un poquito su autoestima. Encontrar al Jefe y derrotar a Mr. Nobody se tornó en una tarea titánica y una especie de búsqueda del tesoro donde, para alcanzar el objetivo, primero, tienen que sortear una serie de obstáculos, en muchos casos (en la mayoría de los casos), ellos mismos.  

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