Nunca juzgues un libro por sus tatuajes
Análisis

ANÁLISIS | Doom Patrol S01E04: Cult Patrol (Spoilers)

La Patrulla Condenada no deja de meterse en problemas, y la búsqueda del Jefe entra en pausa cuando tienen que proteger a un adolescente capaz de acabar con todo el mundo.  

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Por: Jessica Blady

A los responsables de “Doom Patrol” se les nota la clara influencia de Grant Morrison… o el uso excesivo de drogas alucinógenas, en su defecto, casi lo mismo. Es la única manera de entender las extrañas aventuras a las que someten a sus protagonistas semana tras semana y, por ende, a los espectadores que ya no sabemos con qué locura nos vamos a encontrar en la pantalla. En “Cult Patrol”, el creador Jeremy Carver se da el gustito de mezclar a su particular grupo de superhéroes con otra de las series por las que pasó (“Supernatural”),  añadiendo esa cuota paranormal que le faltaba a este menjunje televisivo.

Como Constantine anda ocupado paseando con las Legends of Tomorrow, nos tenemos que conformar con Willoughby Kipling (Mark ‘Crowley’ Sheppard), caballero templario y detective especializado en lo oculto -claro que es la versión morrisonesca del amigo Juancito-, que llega hasta la mansión Caulder buscando la ayuda del Jefe para prevenir el fin del mundo. En cambio, se encuentra con sus criaturas, todavía recuperándose del viaje a Paraguay e imposibilitadas para formar ese equipo justiciero que tanto anhela Cyborg. ¿Por qué? Porque ninguno de ellos se considera un héroe digno de tal. Ni Rita, que trata de mantenerse al margen (todavía nos falta saber por qué), ni Larry que no puede lidiar con su huésped radiactivo, ni siquiera Cliff, que empieza a verse a sí mismo como un verdadero monstruo asesino, ¿o es así como lo percibe Jane?, esa figura que viene a reemplazar a su pequeña hija.

Problemas psicológicos aparte, Kipling logra convencer a esta patrulla de condenados  a que le den una manito para secuestrar a Elliot Patterson (Ted Sutherland), adolescente de 18 años repleto de tatuajes, que creció convencido de su misión de héroes para salvarnos a todos. Bueno, parece que mamá y papá le mintieron un poquito porque, en realidad, el pibe es la pieza central del apocalipsis y el Culto del Libro no Escrito (Cult of the Unwritten Book), cuyos miembros deben leer cada palabra grabada en su cuerpo para poder invocar al Decreator (Decreador), una entidad interdimensional que llegará para destruirlo todo. Se entiende, ¿no?

La peor figura paterna

Mientras Victor pone todo su armamento (y su ciencia) a disposición para proteger la casa, Willoughby hace sus hechizos para evitar que los malos posen sus manos sobre Elliot -una mezcla de elementos cotidianos como hilo dental y rosarios, condimentos de cocina y canciones de los  Beatles (¿?)-; al mismo tiempo que Cliff y Jane/Hammerhead parten hacia España en busca del sacerdote cuyos estigmas se convirtieron en la entrada hacia la ciudad perdida de Nurnheim, de donde viene todo este quilombo. La dupla no llega a concretar la misión de coser las heridas del cura y, en cambio, va a parar derechito a esta extraña dimensión encerrada en un globo de nieve (sí, pura droga).

Steele y Jane poco pueden hacer mientras la alta sacerdotisa de Nurnheim (la mamá de Elliot) juega con sus cabecitas y manda a sus asesinos a recuperar a su hijo/libro. En la mansión, las cosas no mejoran y en medio del caos, a Trainor le toca hacer de niñera y lidiar con su alter ego, quien trata desesperadamente de comunicarse con él a través de las viejas grabaciones del doctor Caulder. El ente liberado se suma a la batalla, pero ni uniendo fuerzas entre todos logran detener al culto que empieza a convocar al Decreador, un ojo gigantesco que aparece en el cielo de Covington.

A “Cult Patrol”, dirigido por Stefan Pleszczynski -que esta semana también se lució con “King Shark vs. Gorilla Grodd”- no le faltan bizarreadas como un caballo azulado y cantarín en modo oráculo, pero tampoco los dilemas morales de sus protagonistas, luchando contantemente entre resignarse como “monstruos” o en dar ese pasito adelante para convertirse en verdaderos héroes. El capítulo, tal vez, se pierde un poco en todas estas extrañezas y abandona su lado más humano, aunque no deja de entretener a costa de las reacciones de los personajes.  

Este siempre rodeado de quilombos sobrenaturales

Todavía está por verse qué va a pasar con esta nueva amenaza con ganas de destruir el mundo, un cliffhanger que nos puede llevar para cualquier lado, pero también no aleja del misterio principal: ¿dónde está el Jefe? ¿Habrá alguna relación con Eric Morden o sólo se tomó un descanso mientras planea su próximo golpe contra la Doom Patrol?

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