ANÁLISIS | Dark S02E01: Beginnings and Endings
Análisis

ANÁLISIS | Dark S02E01: Beginnings and Endings

Dark es ahora aún más difícil de seguir, pero el esfuerzo vale la pena

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Por: Florencia Orsetti

Netflix tiene ese poder único de volver popular a aquellas series que, en otra plataforma o servicio, habrían estado destinadas a ser glorias de nicho. La primera temporada de Dark cautivó a un público masivo que se maratoneó los capítulos y terminó exigiendo respuestas, algunas que parece que llegarán en la nueva temporada. Hoy toca hablar de “Beginnings and Endings”, el primer episodio de la segunda parte, que mantiene la oscuridad y la melancolía de la cinematografía alemana, y arranca fuerte, invitándonos instantáneamente a seguir viendo.

Lo que voy a decir puede parecer una obviedad para cualquier serie, pero en el caso de Dark hay que tomarlo como una verdad absoluta: hay que mirar la primera temporada para ver la segunda. Y no solo eso, hay que tenerla fresca. Este primer capítulo arranca asumiendo que sabemos de memoria cada línea temporal, cada relación familiar y cada secreto.

“Beginnings and Endings” comienza en el pasado, en un año que todavía no habíamos visitado. 21 de junio de 1921. Pronto, esa fecha se volverá crucial para la trama, que ahora además de viajes en el tiempo, tiene una promesa de apocalipsis.

Este primer episodio se centra en el predicador Noah. Justamente, terminamos sabiendo que el joven asesino de la línea temporal de 1921 es él. Este predicador fue uno de los personajes más oscuros de la primera parte y ahora parece que sabremos sobre su pasado. El imaginario religioso es una pieza vital en Dark, porque con personajes como Noah la trama se permite vivir en un gris entre lo sobrenatural y la ciencia ficción. Y le sigue funcionando muy bien.

Además de los sucesos en 1921, se suma la línea temporal de Jonas, en el futuro destruido, un post-apocalipsis literal, víctima del suceso misterioso que mencionan en todo el capítulo, que sucede el 27 de junio de 2020.

Ahora no solo tenemos tres líneas temporal, sino que hay un mínimo de cinco. Dark se convierte en una serie incluso más complicada de ver. No me malinterpreten, el trabajo de los showrunners Baran bo Odar y Jantje Friese es magnífico. Ninguna serie, que yo recuerde, pudo darse el lujo de ser tan confusa, de requerir tanto del espectador, y aún así ser popular.

Sin embargo, aunque la mitología de viajes en el tiempo y sacrificios religiosos se muestra aún más atrapante en Beginnings and Endings”, no pude evitar sentir que el drama personal de cada personaje terminó en un segundo plano. Con más líneas de tiempo, hay más “versiones” de cada uno de ellos y se vuelve imposible empatizar. Aunque algunos como Noah se ven beneficiados de esto –porque se dedica tiempo a reforzar su faceta de villano y a darle importancia en toda línea temporal–; a otros los perjudica, porque tienen peso en una sola línea de tiempo, y en las demás se reducen a ser una cara más vieja o más joven.

Dark mantiene la coherencia en el episodio debut de su segunda temporada, pero le quita peso a los dramas personales de muchos personajes. El tropo “pueblo chico, infierno grande”, ahora es menos dramático, es más bien mitológico y casi que nos obliga a olvidarnos de algunos personajes secundarios que eran muy queridos en la primera parte. Veremos cómo sigue la temporada. Por lo pronto, un primer episodio más que atrapante.

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