City on fire
Análisis

ANÁLISIS | City on a Hill S01E01: The Night Flynn Sent the Cops on the Ice

Boston vuelve a ser el centro de una historia policial en el nuevo drama de Showtime, protagonizado por Kevin Bacon y Aldis Hodge. 

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Por: Jessica Blady

Hay más de un elemento en común entre “City on a Hill” y “Atracción Peligrosa” (The Town, 2010). Ambas toman como punto de partida la violencia (real o ficticia) en las calles de Boston (Massachusetts), y ambas tienen detrás a Ben Affleck, obviamente, obsesionado con el tema. El nuevo drama criminal de Showtime, una idea original de Affleck y el debutante Chuck MacLean, parte de un hecho policial acontecido en 1989, cuando la policía arrestó a un ciudadano afroamericano, acusándolo de un asesinato que no cometió. Un caso con muchas implicancias raciales que sacudió la opinión pública y empezó a enderezar la situación sociopolítica de una ciudad desbordada por la corrupción, en parte, el combustible de esa violencia incontrolable.

“The Night Flynn Sent the Cops on the Ice”, dirigido por Michael Cuesta (“Dexter”, “Homeland”), arranca en los primeros años de la década del noventa, tratando de evidenciar esos pequeños cambios dentro de lo que se llamó “El Milagro de Boston”. La inclusión (no tan bien vista por los rudos agentes de la ley) es uno de los factores primordiales de este cimbronazo, gracias a la llegada de Decourcy Ward (Aldis Hodge), fiscal de distrito venido de Brooklyn con sus ideales a cuestas que, en seguida, va a chocar con los modos de la policía local, sus compañeros abogados y, sobre todo, con Jackie Rohr (Kevin Bacon), un corrupto veterano del FBI empecinado en mantener el statu quo.

Rohr es tan admirado como repudiado (y temido) entre los suyos, es una especie de héroe intocable para el buró, pero también un ser humano carente de ética alguna, sin ningún pudor a la hora de justificar los medios para alcanzar sus fines. En realidad, ambos persiguen un objetivo parecido (mantener las calles limpias de criminales), pero son los métodos los que los distinguen.

Después de arrancar con el pie izquierdo durante un caso criminal que favorece al agente -el acusado es uno de sus informantes y logra “disuadir” al oficial que hizo el arresto (Kevin Chapman) para que cambie su testimonio-, Ward quiere tomar una investigación resonante que puede cambiar su carrera con miras a caminos más políticos. Una mano la lava a la otra, y como el caso es federal, al fiscal no le queda otra que intentar hacer equipo con Rohr, quien tiene sus propios intereses en este asunto.

Todo se resume al robo de un camión blindado en Charlestown. Tanto el vehículo como sus tres guardias están desaparecidos y las autoridades creen firmemente que se trata de un crimen violento. Y no se equivocan. Frankie Ryan (Jonathan Tucker) lidera la banda que llevó a cabo este golpe. La idea original no era asesinar a los ocupantes, pero las cosas se salieron de control. El problema es que el atraco no le dejó los frutos monetarios que imaginaba, y ahora planea una nueva embestida.

Esta vez quiere incluir a su hermano Jimmy (Mark O'Brien), un joven drogadicto que no para de meterse en problemas. Esta oveja negra de la familia no le cae muy bien al resto de sus cómplices, pero Frankie está empecinado en no darle la espalda y ayudarlo a salir adelante. Ryan es un padre y esposo amoroso, tiene un trabajo como repositor de tienda, pero la criminalidad corre por sus venas desde chiquito, y no parece poder (ni querer) sacudírsela ya que la ciudad le enseñó que este era el “camino más fácil”.       

Las dos caras de la ley, ponele

“City on a Hill” toma los tropos más duros de las series policiales de los ochenta y noventa (tal vez llevados al extremo) para que el impacto coyuntural sea más palpable. A MacLean no le interesa separar la narración en buenos y malos, sino mostrar los grises de estos personajes y el entorno que los marca. No podemos dejar de pensar en “Atracción Peligrosa”, que se nos viene en seguida a la cabeza con esa banda enmascarada, pero también en historias como “Río Místico” (Mystic River, 2003) que revuelven sobre estos mismos temas.  

La serie de Showtime no viene a aportar nada nuevo a la grilla televisiva, pero trae de regreso un poco de ese clasicismo tan propio del viejo policial, un tanto más testoteronico y añejo, que choca bastante con las apreciaciones actuales y nos invita al debate y el análisis. Un punto de inflexión para este drama que debe mostrar los incipientes cambios de la época, y a aquellos que no se pueden adaptar. Una hora de TV bien llevada y bien filmada, que logra presentar su abanico de protagonistas (y sus grandes intérpretes) sin aburrir, pero sin destacarse de otros tantos relatos parecidos. Es un “aprobó con lo justo”, sin necesidad de volver en marzo.      

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