No hay calma, ni antes ni después de la tempestad
Análisis

ANÁLISIS | Chernobyl S01E02: Please Remain Calm (Spoilers)

Con dos episodios adentro, ya estamos en condiciones de afirmar que Chernobyl es de los mejorcito en materia televisiva, en lo que va de este 2019. 

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Por: Jessica Blady

¿Se puede superar un episodio tan contundente como “1:23:45”? “Chernobyl” nos demuestra que sí con una entrega igual de dramática y tensa, sin la necesidad de la urgencia del horror y el desastre que tanto nos impactó en el estreno de esta miniserie de HBO. Es más, la sombra del accidente en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin sigue más que latente, y no es algo que se vaya a desvanecer de la noche a la mañana, aunque los altos mandos así lo deseen. Por eso, el eje central de “Please Remain Calm” va a venir por el lado de la falta de contención y la revelación hacia el resto del globo, o simplemente aquellos que más allá de Prípiat. Un segundo capítulo que sigue jugando con nuestros nervios y nuestra impotencia ante lo que se nos presenta, incluso sabiendo que es una versión ficcionalizada de los verdaderos hechos ocurridos el 26 de abril de 1986.

“Please Remain Calm” añade nuevos escenarios, personajes y aristas a esta catástrofe de la que el mundo empieza a tomar conciencia una vez que los estragos radioactivos aterrizan en lugares un tanto distantes. Por un lado, tenemos a Ulana Khomyuk (Emily Watson), científica del instituto de energía nuclear de Bielorrusia, en Minsk, que junto a un colega detectan algunas partículas de Uranio-235 en el aire, lo que sugiere, de entrada, algún tipo de ataque enemigo o un accidente en una planta lejana. Sus miedos y dudas chocan de frente con la burocracia y el encubrimiento del gobierno, pero Ulana es de esas personas que ponen la salud por encima de la ideología del Estado, y se hace camino, a riesgo de ser arrestada, primero hasta las autoridades locales y después a las de Chernóbil, donde el peligro todavía es enorme.

A horas de la explosión que sacudió la madrugada de Prípiat, la ciudad sigue siendo un caos, todavía ignorante de los verdaderos riesgos que corren, justamente, por la intervención gubernamental que insiste en minimizar el problema y el alcance de la radiación. En Moscú, Valery Legasov (Jared Harris), experto del Instituto de Energía Atómica de Kurchatov, es una de las tantas personalidades que tiene la tarea de indagar el desastre, siempre y cuando se acomode a la versión oficial. Revisados los primeros informes del accidente, Legasov entra en alerta y choca de frente con la imponente figura de Boris Shcherbina (Stellan Skarsgård), un político designado por el Kremlin para liderar esta comisión investigadora.

Radiografía del caos

Entre datos incorrectos, un poco de autoritarismo y lealtades puestas a prueba, Valery logra imponer sus preocupaciones ante el mismísimo Mikhail Gorbachev (David Dencik). El secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética no se deja influenciar por ninguna de las partes, en cambio resuelve que ambos hombres viajen hasta la central nuclear para tener las pruebas de primera mano. Legasov sabe que una vez expuesto a la toxicidad de la zona, sus días estarán contados, pero igual intenta convencer al incrédulo Shcherbina de la importancia de evacuar a todos lo antes posible.

Mientras tanto, en el hospital hacen su mejor esfuerzo para atender a los heridos de la explosión, los bomberos afectados y a los residentes que ya empiezan a mostrar signos de contaminación. Nadie dentro del nosocomio está preparado para ocuparse de este tipo de casos, pero no por ello dejan de hacer su mejor esfuerzo, muchas veces a sabiendas de los riesgos que corre su propia salud. Aislados del resto, sin comunicaciones ni posibilidad de salir de la zona, los habitantes empiezan a caer en la paranoia y la incapacidad de controlar sus propias vidas.

Hasta que ocurre lo que tenía que ocurrir: el mundo se hace eco del accidente de Chernóbil (empezando por Suecia) y la Unión Soviética ya no puede esconder la catástrofe ambiental más importante de la historia debajo de la alfombra. Legasov y Shcherbina descubren que los niveles radiactivos son enormes (sí, el medidor traspasó por mucho ese 3,6 inicial) y el incendio en el reactor número cuatro todavía seguirá ardiendo por varias semanas más. Mientras idean un plan para apagar el fuego y evitar que la tragedia se haga más grande, a las treinta y seis horas de la explosión, el gobierno finalmente declara el estado de emergencia y obliga a todos los residentes a evacuar la zona.

Dos cabezas piensan mejor que una

Las imágenes del realizador Johan Renck y el director de fotografía Jakob Ihre no tienen nada que envidiarle a las obras apocalípticas más desoladoras. De repente, Prípiat se convierte en tierra de nadie, augurando de alguna manera, no sólo la debacle de una ciudad, sino la de una potencia. El guión de Craig Mazin nunca se aparta del drama humano tan tangible, y tan indivisible del escenario político en el ocaso de la Unión Soviética. Acá, los discursos del estado se vuelven ambiguos para el pueblo ante la catástrofe, pero todavía surten algo de efecto cuando se trata de hacer un último sacrificio.

Claro, después del éxodo todavía queda tiempo para un poco más de tensión ya que la intervención de Khomyuk no es arbitraria. La científica descubre un nuevo problema con los tanques de agua de la planta eléctrica, un asunto que podría hacer estallar el resto de los reactores y acabar de un plumazo con el continente europeo. “Chernobyl” da lugar a estas ‘exageraciones’ y licencias narrativas sin que las sintamos de manera forzada porque la realidad de este desastre supera cualquier ficción. Dudamos que alguien le haya dado siquiera bolilla a las teorías de una mujer dentro los parámetros de aquel régimen, pero desde acá celebramos las elecciones de Mazin, alejándonos un poco de un relato tan plagado de protagonistas masculinos.        

“Please Remain Calm” nos deja con el corazón en la boca, sufriendo por esos tres valientes técnicos que se vuelven a adentrar en las entrañas de la central para salvar al resto de sus compatriotas. Una secuencia que vuelve a retomar todos esos elementos terroríficos del primer episodio, esta vez desde otro punto de vista. Sabemos que su misión va a tener algún tipo de éxito porque Europa sigue estando en su lugar, pero ninguno de estos conocimientos minimiza el impacto de las imágenes y la construcción narrativa del que podría ser uno de los mejores productos televisivos de este 2019.  

   

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