El arte de la guerra
Análisis

ANÁLISIS | Catch-22 S01E01: Episodio 1

Hulu prueba suerte con una nueva miniserie, un gran elenco y una de las mejores novelas del siglo XX como base. 

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Por: Jessica Blady

Está claro que nada bueno se rescata de un conflicto armado: ni la violencia, ni el patriotismo exacerbado a lo Michael Bay, ni siquiera la búsqueda de libertad/independencia/o el fin que justifique estos medios…, pero es un mal necesario. En este contexto, la Segunda Guerra Mundial es más fácil de asimilar porque del otro lado estaban los nazis, los verdaderos villanos, pero la novela de Joseph Heller se queda de este bando, mostrando que no hace falta pisar el campo de batalla para encontrar locura y crueldad. “Catch-22” (1961) relata de forma satírica las peripecias de un grupo de oficiales que ya no quieren formar parte de la ofensiva, pero tampoco se pueden librar de la “burocracia” que impera dentro del ejército.

Con esta premisa tan antibélica, Hulu se la juega con una miniserie homónima de seis episodios, que tiene entre sus productores al mismísimo George Clooney. El punto de vista principal que tenemos es el del oficial John Yossarian (Christopher Abbott), bombardero del cuerpo aéreo de los Estados Unidos que, tras varias incursiones en Italia, está listo para volver a casa, pero todavía tiene que cumplir otras nueve misiones de las 25 asignadas. Los alemanes ya están en retirada, aunque los peligros y los horrores no cesan, de ahí que Yo-Yo trate de encontrar alguna excusa médica para zafar del asunto. Por este lado viene lo de Catch-22 (Trampa-22), una regla absurda y ambigua relacionada a la salud mental de los soldados. En pocas palabras, no hay manera de librarse de este embrollo, a menos que termines en una bolsa para cadáveres.

El relato, al igual que en el libro de Heller, nos llega desordenado para que poco a poco podamos unir las piezas del rompecabezas. De alguna manera, la historia de Yossarian y sus compañeros comienza con un estricto entrenamiento, donde es más importante mantener el ángulo de los brazos al marchar, que la supervivencia en el campo de batalla o, en este caso, en el aire. El director Grant Heslov -responsable de “Hombres de Mentes” (The Men Who Stare at Goats, 2009) y muchas de las publicidades de Nespresso- se esmera en demostrar lo caricaturesco del coronel Scheisskopf (Clooney), un oficial de pocas luces y adicto a su estatus de poder, que no puede evitar lanzar todo tipo de improperios para degradar a los jóvenes soldados.

Y acá aparece el primer gran error de esta versión moderna de “Catch-22”. Entendemos el contexto de la década del cuarenta, sus modismos y la gran puesta en escena -por algún extraño motivo normalizamos que la Segunda Guerra Mundial se ve en tonos de sepia-, pero incomoda a esta altura del siglo XXI que en una serie (cualquier serie) se sigan utilizando palabras como “homosexual” y “retardado” como insulto, aunque sea desde la sátira y el humor negro. Hay un amplio abanico de posibilidades para llegar al mismo punto, pero Heslov y sus coguionistas (Luke Davies y David Michôd) toman el camino fácil del chascarrillo estereotipado para lograr un efecto que, la mayoría de las veces, no llega. Lo mismo ocurre con las pocas figuras femeninas, acomodadas para cumplir con ciertos arquetipos, siempre en función de los protagonistas masculinos.

Claro que esto es parte de la intención de la miniserie y sus realizadores, pero qué molesto y anticlimático nos resulta. Mientras los oficiales de alto rango se dedican a denigrar a sus subordinados, estos intentan sobrevivir a sus misiones, en este caso, sobrevolar y bombardear Italia. Tareas que parecen casi rutinarias en este escenario, hasta que empiezan a hacer mella en el protagonista.

Abbott, que viene juntando buenos papeles con “Viene de Noche” (It Comes at Night, 2017) y “El Primer Hombre en la Luna” (First Man, 2018), no está mal como el artillero descreído que ya no encuentra razones dentro del caos. Si bien, trata de buscar una vía de escape salvadora con la locura como excusa, va a llegar a ese punto donde no pueda distinguir la realidad de la farsa. Esto apenas se vislumbra en este primer episodio no tan orgánico y rítmico como nos gustaría, pero nos despierta la curiosidad necesaria como para darle una segunda oportunidad a lo que sigue.        

O Captain! My Captain!

Lamentablemente, “Catch-22” no arranca con un capítulo sublime y esto daña la apreciación del primer vistazo, tampoco le hace completo honor al material original, quedándose en las formulas establecidas, sin indagar en los temas principales, y cómo replantearlos (y analizarlos) en los tiempos que corren.   

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