La vuelta del pibe pródigo
Análisis

ANÁLISIS | Arrow S07E20: Confessions (Spoilers)

Más cerquita del final de temporada, "Arrow" se despabila y nos entrega un gran episodio con la vuelta de Roy Harper en acción. 

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Por: Jessica Blady

Sabemos que, a estas alturas, es difícil mantener el ritmo de una temporada de 22 episodios, sobre todo de una serie que lleva siete entregas al aire. “Arrow” ya decidió bajar el telón después de su octavo año, pero todavía nos guarda un par de sorpresas bajo la manga. Veníamos de un par de capítulos un tanto flojitos, pero “Confessions” vuelve a dar el volantazo, sacando a relucir lo mejor del show comiquero, y trayendo de vuelta a la acción del presente a uno de sus personajes más queridos: Roy Harper/Arsenal (Colton Haynes).

Los mejores capítulos de esta temporada son los que más riesgos se tomaron en cuanto al tratamiento de sus temas o su narrativa. “Emerald Archer” sigue estando allá en lo más alto, pero este episodio dirigido por Tara Miele le pega en el palo con su estructura “a lo ‘Rashōmon’ (1950)”, o sea, una historia que esconde un misterio por resolver, el cual vamos conociendo desde diferentes puntos de vista, aunque los narradores no sean para nada confiables a la hora de exponer sus versiones del hecho. Por ahí pasa lo simpático de esta entrega: ver como el Team Arrow se confabula y esconde la verdad ante la policía. Una verdad que viene con varios giros inesperados y bien aceitados para elevar la apuesta de este (casi) final de temporada.

La séptima entrega de “Arrow” trajo el desenmascaramiento (literal) de Oliver Queen y su equipo, que ahora trabaja codo a codo con los oficiales de Star City, muy a pesar de que muchos todavía no ven con buenos ojos a estos vigilantes reformados. Dinah sigue siendo la que más riesgos corre si algo se desmadra con los justicieros, ya que como capitana debe responder primero ante las autoridades. Así arranca este episodio, con Drake y el sargento Bingsley (Danny Wattley) interrogando a Ollie y compañía sobre el brutal asesinato de dos guardias de seguridad en la estación de metro, durante una operación donde lograron prevenir que el Noveno Círculo activara su arma biológica, pero no la muerte de los dos individuos, supuestamente, a manos de Emiko Adachi.

Ollie bajo la lupa

Durante el interrogatorio nos enteramos que el equipo decidió reclutar a Roy y sus destrezas para ayudarlos a frenar el atentado, pero tras la huida de Virgil las cosas se desmadran un poco. Uno a uno, los integrantes del Team Arow (Oliver, Felicity, Diggle, Rene y Harper) nos dan su versión de lo que pasó en la estación, dejando afuera un par de detalles más que importantes como que Dinah también estuvo presente y fue testigo del ataque de ira de Arsenal cuando este fue sorprendido por los guardias de seguridad.

Sí, después de alinear sus historias y quedar libres por falta de pruebas, la verdad sale a la luz: todos decidieron mentir para proteger a Roy y, en parte, resguardar las acciones del equipo que podría volver a ser proscripto por las autoridades, incluso antes de acabar con Emiko y el Noveno Círculo. ¿Pero qué impulsó al sidekick a semejante furia desbordada? El primer pensamiento que cruza por la cabeza de Oliver son los viejos efectos del Mirakuru, pero la realidad es muy diferente. La última vez que los vimos Harper, Thea y Nyssa salieron en misión para destruir cualquier remanente del Pozo de Lázaro y su poder. Durante esta cruzada Roy fue asesinado por miembros del Sindicato de Thanatos, y sus compañeras decidieron revivirlo, más allá de conocer los efectos secundarios.

De ahí que Roy todavía no haya podido controlar su sed de sangre, y a pesar del remordimiento que lo persigue, no todos están tan dispuestos a apoyarlo después de ocultar semejante información. A riesgo de perder la venia de la policía, el Team Arrow sigue adelante con la mentira y culpa a Emiko de los asesinatos, pero la chica tiene sus propios planes para hundir definitivamente a su hermano y hacerlo pagar por los “pecados” de su padre.

Toda la verdad y nada más que la verdad

Todo está fríamente calculado para esta villana para nada improvisada. Mientras el equipo arma sus historias y coordina sus versiones, Adachi envía la grabación de seguridad de la estación de metro al oficial Bingsley revelando toda la mentira y poniendo en evidencia a Oliver y Drake. Y así, toda esa confianza que los justicieros lograron construir ante las autoridades y la opinión pública se desvanece, dejando al Team Arrow, una vez más, parados al otro lado de la ley.

Igual, no se dan por vencidos y saben que la única esperanza de demostrar su inocencia es capturando a Emiko y frenando sus planes malvados. Las pistas los guían hasta el cuartel general del Noveno Círculo en Star City, una zona de edificaciones abandonadas a las afueras, donde los espera una nueva trampa… y un conjunto de revelaciones.

Creyendo poder convencer a la chica, y atraerla al lado luminoso de la Fuerza, Oliver hace un último intento por confrontarla, pero choca con la dolorosa verdad de que Emiko hizo todo esto para destruirlo a él, su legado y su cruzada justiciera. De paso le revela su implicancia en el atentado al Queen's Gambit y, por consiguiente, la muerte de papá Robert, un giro demasiado rebuscado, pero que igual logra su cometido en el ya mancillado estado anímico de Ollie, quien termina enterrado bajo una pila de escombros después de que su hermanastra decide volar el edificio con todos adentro. De esta manera, Green Arrow y su equipo están destinados a morir como villanos.

Este justiciero no tiene paz

“Confessions” tiene todo a su favor: mucha acción y peleas cuerpo a cuerpo, mucho riesgo para los protagonistas y un buen desarrollo de la trama, que nos va desviando por pequeños atajos hasta la revelación final. Todos pueden ser culpables hasta que se demuestre lo contrario, y ahí reside el gran logro de los realizadores: mantener su narrativa bien aceitada hasta el mismísimo desenlace. Una acumulación de tensión y giros que rinde sus frutos, y deja picando la pelota, al menos, hasta la resolución del próximo capítulo. Acá, la ausencia de flashforwards se agradece, y nos mantiene bien enfocados en este conflicto del grupo, ya sea con la policía (una relación poco explotada hasta el momento) y con ellos mismos que, a pesar del camino recorrido, hoy más que nunca, tienen mucho para perder. Además, ¡Aguante Roy Harper!

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