Un justiciero (des)enmascarado
Análisis

ANÁLISIS | Arrow - Séptima temporada (Spoilers)

Porque soltar es para los blanditos (¿?), aprovechamos una semana con pocos estrenos televisivos para repasar en detalle algunos finales de temporada. Arrancamos con el arquero prque con él empezó el Arrowverso. 

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Por: Jessica Blady

Como todas las series superheroicas de The CW, “Arrow” tiene sus altos y bajos, sus mejores y peores temporadas, pero casi siempre se las apaña para mantener un promedio bien arriba, más que nada por el compromiso y el carisma de sus protagonistas, y un universo televisivo que se sostiene gracias a su coherencia interna y una infinidad de referencias comiqueras. Sí, a veces esos 22 episodios se sienten pesados, pero este es el esquema de producción de la cadena, como tantos otros productos de acceso masivo.

Igual, las cosas están a punto de cambiar en Star City, ya que la próxima entrega de las aventuras del arquero color esmeralda, será la última y en formato de sólo diez episodios, suponemos, coincidente con la finalización del crossover anual con sus hermanas superheroicas. El desenlace viene con gustito agridulce pero satisfactorio, porque sabemos que Oliver Queen bien cumplió su ciclo desde aquel vigilante oscuro (y bastante violento) que regresó, tras pasar cinco años en el infierno, para salvar a su ciudad del caos y la corrupción.

Desde aquel entonces pasó mucha agua, alianzas, amenazas y villanos bajo el puente. El Vigilante se convirtió en “alguien más, algo más”, pero nunca abandonó su misión justiciera y redentora. La séptima temporada lo encontró enfrentando un nuevo escenario: Oliver tuvo que terminar revelando su identidad secreta al público para poder salvar a su equipo y sus seres queridos, además de la promesa del FBI para atrapar al escurridizo Ricardo Diaz (Kirk Acevedo), su último mayor oponente.

Un héroe tras las rejas

Su paso por la prisión de máxima seguridad de Slabside cambió un poquito las reglas del juego para el héroe y para la serie. Mientras detrás de las rejas, Ollie lidiaba con los mismos criminales que él mandó a la cárcel y la impotencia de no poder hacer mucho, afuera se estaba gestando una nueva amenaza con Dante, terrorista investigado por A.R.G.U.S., al mismo tiempo que un nuevo arquero tomaba el manto de Green Arrow.   

La gran novedad de esta temporada llegó con los saltos al futuro. Los flashforwards nos llevaron veinte años hacia adelante, donde un crecidito William (Ben Lewis) busca la ayuda de Roy Harper (Colton Haynes) en Lian Yu, siguiendo las pistas de Felicity. Esta travesía, finalmente, los transporta de vuelta a una decrepita y caótica Star City, donde se produce una inesperada reunión familiar con Mia Smoak/Blackstar (Katherine McNamara), media hermana de la que no tenía ni noticia. Así, esta séptima entrega nos pasea entre presente y futuro, uniendo historias personales y tramas que repercuten en ambas líneas temporales. Un poco rebuscado por momentos y emotivo durante otros, pero acá pueden residir las claves para un spin off basado en estos jóvenes justicieros que toman el manto de sus padres.

Volviendo a lo que sí sabemos, y de regreso en 2018, Oliver logra el perdón y una liberación temprana, y comienza sus días como héroe retirado hasta que se convierte en “ayudante” de la policía como única manera de evitar las leyes anti-vigilantes que ahora están en vigencia. Viendo que no pueden evitar el accionar de Team Arrow cuando las papas queman y las autoridades no pueden lidiar con los villanos de turno, el equipo deja la clandestinidad y se une a la fuerza que, de alguna manera, empieza a hacer la vista gorda a sus métodos más extremos. Esta relación no siempre funciona en la práctica ni en la narrativa, pero es la única manera que tienen los realizadores para que sus muchas tramas funcionen sin desviar la atención en estos pequeños detalles.  

De tal padre, tal hija

Con Diaz fuera de escena, y después de un crossover para los anales, “Arrow” regresa del parate con nuevos enemigos en potencia (El Séptimo Círculo) y la revelación de que la nueva Green Arrow es Emiko Queen (Sea Shimooka), media hermana de Ollie que tiene su propia venganza entre manos. Como dijimos, esta temporada giro alrededor de la familia y trajo de vuelta muchos conflictos del pasado que retumban en este presente y en el futuro de 2040, uniendo el relato a través de los legados, familiares y no tanto, cuando pensamos en Archer, ese programita creado por Smoak que crea demasiados problemas en ambas líneas temporales.   

No vamos a andar detallando todos los acontecimientos de estos 22 episodios (para eso pueden leer las reseñas semanales), pero si a destacar las cosas que mejor funcionaron durante esta entrega. Por ejemplo, la importancia del trabajo en equipo, siempre tan esquiva para Oliver, y la imposibilidad de mantener a flote esta doble vida cuando se trata de proteger a la familia y cumplir con el deber justiciero. Si algo sabemos es que los superhéroes no siempre logran el balance entre la “normalidad” y sus trabajos extracurriculares. Esta disyuntiva es la que aleja a William de su papá, y a Mia del conocimiento de la mayoría del Team Arrow.  

Con Beth Schwartz a la cabeza como nueva showrunner de la serie, la séptima temporada de “Arrow” se animó a jugar con diferentes géneros y narrativas. Estos pequeños desvíos del esquema más tradicional, se convirtieron en algunos de los mejores capítulos de la temporada y del show en general, como la celebración del episodio número 150 con “Emerald Archer”, un recuento de la vida justiciera en formato de falso documental; “Star City 2040”, ambientado íntegramente en el futuro; o “Confessions”, una trama policial contada a través de diferentes puntos de vista, sólo para nombrar algunos.

La familia se sigue agrandando

Un poquito de aire fresco para la serie más longeva del Arrowverse, esa punta de lanza que dio inició a uno de los universos comiqueros más consistentes de la TV. ¿Qué va a pasar con esta gran “franquicia” cuando Oliver ya no esté? Ese es el gran misterio que nos trae el futuro, pero lo bueno de esta entrega es que deja bien sentadas las bases para la octava y última temporada y, obviamente, para el evento de “Crisis on Infinite Earths” al marcar mínimamente los planes de The Monitor. Mientras vamos preparando los pañuelos para la despedida, está bueno recordar los pequeños logros de la travesía de Ollie y compañía: aquella serie que arrancó en el año 2012 cuando las pantallas (las grandes y las chicas) todavía no estaban inundadas de héroes en spandex, y la creación de Greg Berlanti, Marc Guggenheim y Andrew Kreisberg (bueh, había que nombrarlo) se parecía mucho más a un Bruce Wayne televisivo que al justiciero del arco y las flechas.

El personaje, al igual que la serie y el universo compartido que se cargó al hombro, evolucionó hasta encontrar un tono más ameno y relajado (por supuesto que sigue siendo la más oscura y violenta del conjunto). Claro que Oliver nunca va a poder ser ese héroe hecho y derecho que todos quieren admirar y celebrar, pero no son pocos lo que ven el sacrificio que hace día a día por los suyos y una ciudad que lo define, para bien o para mal. Además, ¿quién puede negar que Stephen Amell nos da todo al 110%?

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