ANÁLISIS | Ape Out (PC, NS)
Análisis

ANÁLISIS | Ape Out (PC, NS)

¿Saben, saben lo que hizo el famoso mono liso?

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Por: Rippy Rizza

Ape Out es un juego que tal vez se les escapó. Mientras que los seguidores de Devolver Digital tal vez lo tenían en la mira, la gran mayoría del público se perdió su anunció al quedar este sumergido bajo la avalancha de trailers que salieron en la semana de The Game Awards 2018. Por si no lo tienen visto aún hoy, podríamos decir que esta aventura que nos pone en el pelaje de un gorila que debe escapar de su cautiverio es una suerte de Hotline Miami. Inclusive podría hasta describirse como una versión del mismo juego, pero reemplazando el espíritu de la música electrónica por el del jazz. Pero en realidad es mucho más que eso.

Les guste o moleste la designación “Juego Arte”, Ape Out es exactamente eso. En ocasiones limitadas el apartado audiovisual, la narrativa, la edición de sonido y el medio en sí a través de mecánicas bien implementadas y controles super ajustados, se conjugan en una experiencia interactiva tan satisfactoria, valiéndose de recursos expresivos que provocan una variedad de emociones. Y cuando hablo de emociones no me refiero específicamente a sentirnos mal por el pobre monito cautivo, ya que si hay algo para lo que este primate no califica, es para pobre.

La herramientas para nuestro sueño de libertad es la furia cruda de un gorila descarrilado, el cual controlaremos con el stick izquierdo, dirigiendolo lo más rápido posible a la salida de cada escenario, intentando atravesar con nuestros puños a una gran cantidad de guardias. Esto último no es un requerimiento explícito ya que inclusive el instinto de supervivencia tal vez hasta nos llevaría a esquivar el conflicto, pero la satisfacción que ofrece golpear a los adversarios para que se conviertan en pulpa contra una pared o entre ellos mismos es demasiada como para ignorarla. Si decidimos sumergirnos en el frenesí asesino, es menester aprender a controlar las únicas dos mecánicas restantes del juego, el giro sobre nuestro propio eje con el stick derecho y el botón de agarre para hacernos de escudos. Sin son humanos, mejor.

El asesinato en masa nunca tuvo tanto swing

No tendremos ningún tipo de indicador en pantalla de nuestro progreso, rumbo o probabilidades de salir con vida. Todo lo que sucede está intervenido en el propio estilo artístico de la obra, logrando una inmersión fantástica que nunca nos saca del juego. Nuestro medidor de vida, por ejemplo, es la sangre que derramamos a medida que nos disparan. Con un disparo serán algunas gotas que dejaremos caer. Con dos serán grandes lamparones que ejemplifican a la perfección la desesperación, el peligro y la crueldad a la hora de enfrentar una muerte segura. Con el tercero, será comenzar desde el principio una vez más.

Es por esto que no es difícil quedarse sin aire jugando Ape Out. A medida que avancemos los escenarios se van haciendo cada vez más intimidantes. Claro, no sabemos esto al comenzar la pantalla, pero cuando nos quiten la vida, cosa que va a pasar incontables veces, la pantalla que con cuatro letras grandes nos sentencia como fallecidos en ingles, trae consigo un plano que nos bendice con una noción de nuestros entornos al tiempo que se burla de nosotros mostrándonos cuan cerca estábamos de la puerta de salida.

La ayuda siempre llega después de que la necesitábamos

Memorizar rápidamente el mapa antes de que se vaya es primordial. Vale aclarar que lo vamos a sacar nosotros de pantalla por la intensidad y alevosía con la que vamos a estar presionando el botón de acción para empezar de nuevo. Una partida más. Una vida más. Un intento más. De todos modos, si no confían en su memoria para semejante tarea, no se preocupen. El juego modifica mínimamente cada plano entre muerte y muerte, para que conservemos la idea de donde está la salida, pero no podamos buscarla por el mismo camino dos veces.

De la misma manera todos los elementos del escenario pueden parecer decoración, pero de vez en cuando podremos interactuar con tan solo unos pocos, sorprendiendonos con la posibilidad de improvisar planes de último segundo, evitando que nos casemos con un solo estilo de juego. Ape Out es un roguelike tan sutil que por más que sabemos que lo es, podríamos afirmar lo contrario. En la velocidad, el frenetismo y la intencionalidad en la vibración de la pantalla - al punto que se puede seleccionar la intensidad de la misma en el menú de opciones - todo parece nuestra vida entera pasando una y otra vez en un flash ante nuestros ojos.

Nuestra mejor arma son nuestros propios enemigos

Esto es obra de la sobreestimulación constante de nuestros sentidos, a través de los efectos de sonido y el estilo visual fuertemente inspirado en el trabajo de Saul Bass y sus posters para las películas de Hitchcock - entre otras -, además de la adaptabilidad de la música a nuestras acciones, sumergiéndonos en un tipo de trance similar al del deportista de competición. Cada cambio de ambiente, colores o ritmo, tiene una implicancia mecánica y argumental al mismo tiempo, contándonos nuestra historia sin decir más palabras que los nombres de cada escenario, que simultáneamente son los tracks en los lados A y B de los discos que fraccionan al juego en capítulos. Esto es simplemente una decisión artística, pero que no sólo cierra dentro de la presentación del juego, sino que lo dota de una identidad única en el medio hasta el momento, o al menos hasta donde me da la memoria

La música tiene mucho que ver en Ape Out. No sólo como fuente de inspiración, sino que es el principal vehículo que va a sugerir la intensidad con la que deberíamos encarar cada nivel. Sin ser un juego rítmico en el sentido que no es necesario empatar nuestras acciones a la banda sonora, el maridaje de nuestras acciones a la musicalización de cada pantalla logra que realmente se destaque cuan única es la experiencia de cada intento. Esto es síntoma de la maestría en la programación que se deja asomar de vez en cuando, mostrando cómo el título busca conservar el flow en una serie de detalles no tan pequeños, siendo probablemente uno de ellos la capacidad de más permisivo luego de una racha de derrotas, para motivarnos de nuevo y mantenernos en un ritmo de máquina de movimiento constante.

Yo no estoy encerrado con ustedes. Ustedes están encerrados conmigo.

Otro ejemplo de esto son nuestros captores. Uno diría que los comportamientos de los enemigos varía muy poco entre las distintas clases de acuerdo a como actúan, pero en la simpleza de su accionar se esconde una programación muy calculada, como ocurría con los fantasmas de Pac-Man. Es verdad que se toman su tiempo para disparar, pero distraídos por lo errático de sus movimientos, no nos damos cuenta en un principio que están buscando rodearnos o arrinconarnos. Algunos de los personajes de esta fuerza de seguridad son sacrificios humanos inclusive y otros nos envalentonan con la cobardía de su huída solo para que descubramos demasiado tarde que nos expusieron ante diversos grupos de enemigos mientras los perseguíamos cegados por la adrenalina y el orgullo

Pero lo mejor de Ape Out es que más allá de la simpleza de su propuesta, es un título con mucha sustancia. Por momentos es un juego de sigilo. Por momentos es Gorilla Tokyo Drift. Por momentos es una fantasía de Atari y por momentos el abanderado de la identidad y el progreso del desarrollo independiente al año 2019. Ape Out es un juego de autor, que luego decidió juntarse con otros autores y juntos formaron una banda. Un cuarteto de jazz videojueguil improvisado que nos pone a nosotros de bateros sin más información que la necesidad de darle con todo para adelante. Entendiendo la contradicción, podríamos decir que su peor defecto es que a la larga se hace corto. En el calor del momento puede parecer que hicimos una pantalla mil veces, mientras que una vez terminado toda la experiencia nos resulta escasa. Pero a no confundirse porque esto no es más que un golpe de efecto, ya que otra manera de verlo es que Ape Out siempre deja con ganas de más y el deseo de que la banda no deje de tocar.

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