La muñeca no se cansa de asustar
Análisis

ANÁLISIS | Annabelle 3: Viene a Casa

Los juguetes siguen invadiendo la pantalla, aunque esta vez con ínfulas más diabólicas. Annabelle vuelve para cerrar un círculo que comenzó junto con la franquicia de "El Conjuro". 

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Por: Jessica Blady

Blumhouse Productions tendrá sus exitosas sagas terroríficas de bajo presupuesto, pero Warner Bros. no se quedó atrás y, de paso, creó un universo compartido de relatos clásicos cargados de sustos y artefactos endemoniados. Sin darnos cuenta, llega la tercera entrega de la muñeca más maldita después de Chucky, una continuación que, de alguna manera, cierra el círculo que arrancó con “El Conjuro” (The Conjuring, 2013). Ahí, en la primera película de James Wan dentro de esta mega franquicia, conocimos superficialmente la historia de Annabelle, antes de que Ed (Patrick Wilson) y Lorraine Warren (Vera Farmiga) aceptaran el caso de los Perron.

Después vendría la primera aventura en solitario de la muñeca poseída, un caso ambientado en Santa Monica, a finales de la década del sesenta, protagonizado por una parejita muy afecta a coleccionar estos  juguetes antiguos; y “Annabelle 2: La Creación” (Annabelle: Creation, 2017), precuela donde David F. Sandberg cuenta sus orígenes, allá por mediados de la década del cincuenta. Ahora, todo vuelve al principio (¿o es al final?), ya que la historia nos vuelve a transportar a principios de los años setenta, cuando Annabelle llega por primera vez al hogar de los Warren para dejar de causar problemas. O eso es lo que nos quieren hacer creer.

De entrada, Lorraine comprende que este no es un “artefacto” más de su colección de objetos malditos. Annabelle no está estrictamente poseída, sino que es un conducto para que otros entes malignos hagan de las suyas; por eso deciden resguardarla bajo una serie de protecciones en el sótano de su casa, incluyendo su famosa caja de vidrio sagrado y unas cuantas bendiciones de un sacerdote. Así, la muñeca ya no puede hacer daño, al menos que alguien meta la pata.

  

Como el terror más banal no puede evitar estos lugares comunes, “Annabelle 3: Viene a Casa” (Annabelle Comes Home, 2019) deja de lado a los Warren para concentrarse en su pequeña hija Judy (Mckenna Grace), quien en vísperas de su cumpleaños se siente un tanto contrariada, ya que sus compañeritos de la escuela le tienen un toque de miedo al descubrir a qué se dedican sus papás. Mientras la opinión pública y los vecinos, deciden si Ed y Lorraine son héroes o puro fraude, la nena tiene varias experiencias sobrenaturales que no la ayudan mucho a sociabilizar.

Mamá y papá deben salir durante el fin de semana y ahí es cuando Judy se queda al cuidado de Mary Ellen (Madison Iseman), la niñera que, a pesar de todo, la va a hacer pasar un buen rato. Pero también de la metiche Daniela Rios (Katie Sarife), amiga de Mary, muy interesada en los artefactos de los Warren. Resulta que la chica acaba de perder a su padre y anda necesitando comunicarse con el más allá para mitigar su dolor y sus culpas.  

Ya se imaginarán lo que viene. Daniela se autoinvita a la casa de los Warren y empieza a meterse donde no la llaman. Tras revolver la oficina de Ed descubre las llaves del sótano, donde el matrimonio guarda los objetos más malignos que tuvieron que enfrentar. No importa que la puerta tenga veinte trabas y cerraduras, la chica hace caso omiso y empieza a toquetear cada uno de los objetos hasta llegar a la vitrina de Annabelle, la cual dice expresamente: “No abrir bajo ninguna circunstancia”. Error, la cajita de cristal queda abierta y así los espíritus mala onda se empiezan a desmadrar, incluyendo muchos de estos artefactos diabólicos.

Qué inquieta que resultó la muñeca

“Annabelle 3: Viene a Casa” es una historia de terror demasiado convencional, incluso, dentro de la franquicia. Gary Dauberman, guionista de “It (Eso)” (It, 2017) y “La Monja” (The Nun, 2018), debuta detrás de las cámaras y no deja cliché con cabeza. El director logra armar un microcosmos terrorífico dentro del acotado espacio de la casa, jugando en las diferentes habitaciones con las consecuencias de estos objetos embrujados que empiezan a influir en las chicas. Lo sobrenatural se apodera del escenario, pero no evita los clásicos jump scares y los lugares comunes del género con sus linternas y luces que se apagan, elementos que levitan, nieblas misteriosas y alguna fantasmal aparición ocasional.

Las motivaciones narrativas de la historia, al igual que su desenlace, son bastante pobres y torpes,  y sólo nos demuestran la estupidez adolescente -tan bien llevada en “La Cabaña del Terror” (The Cabin in the Woods, 2012)-. Annabelle termina siendo un ente que se mueve de acá para allá alterando el orden de la casa, con la clara intención de poseer a alguno de sus ocupantes.

Lo más rescatable de esta entrega es la breve intervención de Farmiga y Wilson; la pequeña Grace, que este año hizo acto de presencia como la joven Carol Danvers en “Capitana Marvel” (Captain Marvel, 2019), y la recreación de época con sus programas de TV y su musiquita. Por lo demás, el guión de Dauberman resulta una propuesta aburrida, aunque sepa mantener el ritmo y entretener a los amantes de terror menos exigentes.            

A Carol Danvers también le toca lidiar con espíritus malignos

“Annabelle 3: Viene a Casa” es una buena excusa para seguir expandiendo este universo con historias baratas y sencillas que duplican y triplican su dinero en las taquillas del mundo. Suponemos que este es el cierre definitivo para la trayectoria de la muñeca, ya que acá queda bien en claro que no hay mucho más para contar sobre este “personaje” que generó más de una pesadilla en la audiencia.   

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