ANÁLISIS | 198X
Análisis

ANÁLISIS | 198X

Smells Like Teen Sprites.

Avatar de Mariano Rizza

Por: Mariano Rizza

Todo empezó con pasar algunas canciones viejas en las radios y hacer un par de fiestas de disfraces temáticas y, para cuando nos quisimos dar cuenta, los ochenta estaban de regreso. La cultura de la nostalgia está completamente instalada en nuestra vida y lo interesante es que funciona en distintos niveles. Por un lado, es la evocación a otros tiempos, generalmente recordados a través de un filtro de bienestar. Por el otro, es toda ese Look & Feel retro, pero aplicado al día de hoy. En el medio de esa encrucijada encontramos a 198X.

Con la angustia adolescente como bandera, esta novela visual nos cuenta las desventuras de The Kid, un adolescente promedio de Suburbia, quien atrapado dentro de los confines de su pueblo chico y el infierno grande que lo rodea, siente la imperiosa necesidad de aspirar a algo más. La fijación de este adolescente es salir de la incubadora de conformismo en la que se revuelve todos los días y tomar la autopista hacia The City, donde los sueños se hacen realidad. 

La Gran Manzana Pixelada.

Siendo todo tan genérico este argumento, los suecos de Hi-Bit Studios hicieron muy bien en no avergonzarse de caer en estos lugares comunes, para que de esta manera el rol protagónico de la aventura sea de un talle que nos cabe a todos. Otro sentimiento de pertenencia que cualquiera que esté leyendo este análisis en este sitio podrá compartir, es que la única luz de esperanza en la oscura cotidianeidad de The Kid, viene de los rayos catódicos de los monitores curvos de un salón de arcade. 

Mientras que la vida de nuestro personaje es relatada a través de pequeñas animaciones donde no tenemos control alguno, cada vez que se escapa de su casa para recurrir a este sótano lleno de niños problema, humo de cigarrillo y la sinfónica cacofonía de varios gabinetes gritando al mismo tiempo, nuestro rol entra en juego. Homenajeando a grandes nombres de la historia de los videojuegos, las partes interactivas de esta novela son reimaginaciones de clásicos como Streets of Rage, R-Type, Out Run y otros próceres de los fichines.

Mucho amor, poco hitbox.

Por más que hayamos visto mil versiones de estos géneros, acá la variante se activa cuando The Kid imagina su vida a través de estos juegos y, de repente, la Ferrari con la que corremos no va por paradisíacas playas pixeladas, sino que toma la autopista que lo llevaría a la ciudad de sus fantasías. Cada uno de estos émulos arcadosos están diseñados con una jugabilidad y un imaginario tal que podrían ser lanzamientos en sí mismos sino fuera porque, con buen tino, apenas nos dejan disfrutar de un par de niveles en cada uno de ellos y que encima nuestro personaje los interviene alterando la percepción de los mismos de vez en cuando. Como obras maestras inconclusas, nos queda un delicioso gusto a poco que hasta conviene no repetir y alimentar a base de nuestra imaginación.

Y tal vez un día podamos hacerlo. 198X es una historia inconclusa que nos tienta con un continuará luego de un cliffhanger muy bien colocado, el cual no sólo promete que a futuro  esta obra puede inclusive tomar otros matices, sino que también nos hace preocuparnos por este pibe. Podríamos criticar que en ningún momento se aclara si las próximas partes están incluidas en el precio que pagamos o si serán entregas independientes, pero aún así vale la pena experimentarlo sin importar cual sea el modelo de negocios final. 

Clásicos que jamás existieron.

Hablando de críticas, tal y como en la vida de este muchacho, los problemas existen y no podemos escapar de ellos. La secuencia de Beat’em Up tiene los peores controles de la experiencia y siendo la primera del paquete, desalienta por momentos. Quienes compren por el lado del arcade y se encuentren con unos tiempos narrativos bastante pausados pueden llegar a sentirse incómodos y, para colmo de males, nuestro personaje masculino tiene una voz femenina que rompe la inmersión en el juego. Por mas que me pese aclarar, no digo que haga un mal trabajo y hasta alabó su manera de relatar con una superficial profundidad, pero no hablamos simplemente de una actriz de doblaje haciendo la voz de un varón como en famosísimos casos como Gokú o Bart Simpson, sino que es una voz de mujer en un cuerpo de hombre y por momentos confunde. Por suerte son todos inconvenientes fáciles de perdonar, una vez terminado el juego. 

Nostalgia de Neón.

198X es un lindo experimento. Podríamos llamarlo la versión occidental de The Friends of Ringo Ishikawa, pero merece un reconocimiento sin comparaciones. La frase “carta de amor a los videojuegos” está muy trillada, pero acá no es una alegoría sino una definición textual. A pesar de que la vida de The Kid no tenga ningún problema real aparente, los videojuegos son lo único que le traen alegría y eso está bien transmitido al jugador. Incluso alguien que no tenga interés por esta cultura podría llegar a entenderlo si se vuelca a esta experiencia de hora y media. Cada secuencia animada es como ver una colección de los mejores gifs de Tumblr curados por las mentes detrás de cuentas de redes sociales como Archillect y su musicalización Retro New Wave lo convierten en una pieza audiovisual sumamente disfrutable. Un juego que se parece a muchos, pero entrega como pocos. Sin fecha de lanzamiento anunciada para el segundo capítulo, solo podemos esperar para ver si está a la altura, pero la calidad de esta entrega rankea fácil en la tabla de los High Scores.