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ANÁLISIS | Xenoblade Chronicles 3 eleva el nombre de los JRPG

¿Qué es lo que hace que una obra sea llamada obra maestra? ¿Su innovación? ¿Su capacidad de evolucionar conceptos? ¿Es la suma de sus componentes, creando algo único? Quizás es el impacto que tiene dentro de un contexto generalizado, o tal vez lo es la suma de todos estos factores los que hacen que algo trascienda y quede impregnado en la historia como uno de los juegos que quedan registrados al pasar los años. No me siento capacitado, desde mi lugar tan subjetivo, como para definir lo que conforma a una obra maestra, pero sí puedo alegar que al terminar Xenoblade Chronicles 3 sentí que estaba ante una.

El nuevo título de Monolith Software, estudio que Nintendo adquirió en 2007, y se dedicó prácticamente en exclusiva a desarrollar cosas relacionadas a la franquicia de Xenoblade. Es el resultado directo de dos grandes precuelas que supieron darle aire fresco a un género que suele ser un poco repetitivo pero que no lograron mostrarse como obras impolutas del mismo. Así, esta nueva entrega nos presenta una obra que tiene muchísimos condimentos de ambas experiencias pero se gana un nombre propio y todo lo hace de una manera tan fina y pulida que sorprende de principio a fin.

Momentos después de apretar el botón de “comenzar” nos encontramos con una escena que nos cuenta sobre Aionios, la región en la que se van a desarrollar los hechos de esta historia. Allí, las naciones de Keves y Agnus se encuentran en una dura y constante guerra que arrasa con todo a su paso. Los personajes, comprometidos con su destino, viven sólo 10 años en este mundo ficcional y se dedican a tratar de destruir la nación rival para conseguir el Éter, esa fuerza vital que desprende una persona al morir en el multiverso Xenoblade. Así se empieza a desarrollar la narrativa críptica que se nos presenta: todos viven para matar y matan para vivir. Se sienten orgullosos de dedicar su vida a la pelea por su patria, su escudo, su fe. Y después de esos 10 años de entrega, realizan el ritual de la “llegada a casa”, donde la reina correspondiente los convierte en Éter. Después de 10 años de servicio, simplemente mueren en función de su pueblo. Con este desesperanzador acto iniciamos la aventura.

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En las primeras líneas de este análisis hablé de obra porque me cuesta llamar a esto simplemente videojuego, porque estamos ante un producto cultural que trasciende el formato y lleva esta experiencia a otro lugar, empezando justamente por el componente más básico que engloba a las obras de arte: el mensaje. Y Xenoblade Chronicles 3 está repleto de mensajes. Para empezar, y siguiendo con el sentimiento patriótico que tienen los personajes, hay una fuerte y consistente critica a occidente y más puntualmente a la filosofía nacionalista de Estados Unidos. Nuestros enemigos, los Moebius, una suerte de pandilla illuminati que gobiernan ambas naciones y solo quieren ver caos, disfrutan y ven la guerra desde una pantalla de cine enorme, digna de producciones de Hollywood. Hay apología a la teoría de la conspiración, del nuevo orden mundial, una concisa crítica a las guerras armadas y mucha analogía detrás del odio que gobierna al mundo actual, potenciado por las redes sociales.

Pero este Xenoblade también es mucho más que eso. La historia nos lleva a una construcción de personajes y una profundización más allá de lo habitual. Nos ponemos en la piel de Noah, Lanz, Eunie, Mio, Taion y Sena; los 6 protagonistas de esta historia, mientras que conocemos sus miedos, sus deseos, sus frustraciones y sus aciertos. Somos conscientes de que viven en una burbuja que ignora lo verdaderamente importante de la vida: vivir. Y así, nos metemos en debates que nos hacen reflexionar sobre quienes somos. ¿A qué venimos? ¿Hacia dónde vamos? Realmente el entramado es muy fino y no miento al decir que es posiblemente una de las mejores historias que vi plasmada en un fichín, digna de ser contada y escuchada. Hay cinemáticas de personajes que no cobran sentido hasta horas después de ser vistas, primeros planos de las pupilas de un personaje que después le dan el trasfondo al plot twist más importante y escenas que tardan tanto en formarse que al llegar a destino logran hacerte llorar. Muchas veces suelo usar la expresión “nos metemos en la piel de” para hablar de la sinopsis de cualquier videojuego, pero realmente se siente como si viviéramos lo que este grupo vive y la analogía con el mundo real y las preguntas que todo humano se hace al vivir le agrega un condimento filosófico que demuestra la elocuencia en la dirección artística y la certeza en la forma de plasmar todo esto frente al jugador.

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Cuando pasamos a los joycons por primera vez, nos encontramos directamente con nuestra primera batalla. En esta secuencia, en medio de una guerra que funciona de primer tutorial, nos van explicando los conceptos básicos que tendrá el sistema de combate que, spoiler alert, es sumamente complejo. Nunca dejas de aprender cómo combatir. Nunca dejan de aparecer mecánicas. Estamos acostumbrados a que haya un tutorial hasta cierto punto donde nos enseñan los conceptos básicos de la lucha para poder aplicarlos a lo largo del camino, sobre todo en los JRPG. En esta ocasión, no es así. Es como si se transformara a lo largo del recorrido, cada vez sumando más condimentos y evolucionando las ideas que plantea previamente. Es un combate sumamente complejo y aún así muy entendible, tiene una progresión muy pacífica y tiene el balance difícil de lograr que todo gran videojuego tiene: que algo sea lo suficientemente básico para que cualquiera pueda jugarlo pero lo suficientemente complicado para poder depender de tu habilidad. Un acierto completamente.

Así, el nivel de expertise que generes en esta mecánica es lo que va a definir cómo vas a transitar tu historia en Aionos: si respetas el posicionamiento, los cambios de estado, haces combos y aplicas bien tus habilidades, posiblemente puedas enfrentar mano a mano a cualquier enemigo. Si no estás muy ducho en el arte de la pelea, vas a tener que grindear y subir varios niveles por sobre el de tus enemigos para poder afrontar un duelo justo. Es también muy gratificante para quien anteriormente haya jugado Xenoblade Chronicles encontrarse con que las tropas que provienen de Keves tienen un estilo muy parecido a la primera entrega de la saga mientras que los Agneses cuentan con otro más similar al de la segunda entrega. Me encantaría contarles las referencias que hay detrás de esto y cómo conecta narrativamente, pero estaríamos develando sorpresas que cada uno debe desentrañar.

Vamos al hueso del combate. El golpe básico se realiza de manera automática y en tiempo real. A su vez nuestros personajes poseen artes que son habilidades especiales. Pero también están las artes personales que son únicas del personaje, y las Artes Maestras que son las que conservamos cuando llevamos una clase al nivel máximo. Está la pelea mediante fusión, las Artes de Fusión, las órdenes a los compañeros y los combos mediante ataques. Hay una variedad enorme de mecánicas para aprender y van apareciendo tan paulatinamente que no es agobiante, ni molesto. Más allá de todo, hay una mecánica principal de combate que son los ataque en cadena, donde el combate en tiempo real pasa a pausarse y nos deja seleccionar diferentes cartas de movimiento dependiendo los personajes y clases que tengamos. No solo sirve para dar un respiro, sino que muchas veces simplifica todo y cambia muchísimo respecto al resto del combate para ofrecernos mucho más dinamismo en una pelea que puede llegar a durar 30 o 40 minutos en los momentos más decisivos.

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Los personajes también entran en este concepto mediante la modalidad de clases. Hay tres tipos que engloban a todas las clases: los healers que funcionan de support, los defenders que funcionan de tanques y los meele que funcionan como luchadores. Hay muchas variables y no todo es tan blanco o negro, pero a grandes rasgos son los tres tipos que hay. Dentro de esos tipos, cada personaje tiene su clase única y original pero todos los personajes pueden usar la clase del resto. Así, las opciones para armar la party son muchísimas teniendo en cuenta la cantidad de balances que se pueden armar dependiendo de cómo quieras jugar. Y todo eso se complejiza cuando llegan los héroes.

Más allá de los seis personajes protagonistas que componen habitualmente nuestra party, podemos disponer de un séptimo integrante llamado “héroe” que se desbloquea mediante las Hero Quest. En estas historias secundarias (y algunas obligatorias), conocemos un pequeño tramo de historia de un personaje sideral en este presente bélico y lo ayudamos en cierta tarea necesaria. Sus historias son tan trascendentales como el camino principal, y no sólo se nos permite usar al héroe después de estas misiones sino que también desbloqueamos su clase para que cualquier otro personaje pueda usarla y así seguir ampliando las posibilidades que ofrece esta enorme jugabilidad. Aprender a aplicar todos estos conceptos, que siempre están explicados de una manera muy orgánica y progresiva, es esencial para poder luchar más y mejor.

En cuanto a los enemigos, hay cuatro tipos a enfrentar: los normales y los minibosses respetan sus estándares clásicos. Los “élite” son réplicas de los enemigos normales pero mucho más fuertes y, por ende, entregan mejores recompensas. Los “especiales” son una suerte de réplicas random que se generan y también dan botines fuera de lo común, generando que grindear también tenga ese condimento especial simulando la experiencia shiny hunting de Pokémon.

La otra gran pata de la jugabilidad es el inmenso mundo que se nos presenta y la exploración necesaria para avanzar con la historia. El mapa es gigante y el diseño es sorprendente, dejando varios puntos memorables a lo largo del camino y presentando biomas diferentes con su propia flora y fauna. En todo momento hay misiones secundarias, peleas donde tenemos que elegir los bandos, loot boxes que caen del cielo de manera aleatoria, una inmensa cantidad de enemigos. El mundo está completamente vivo y es dinámico: nosotros nos movemos con él. La interfaz de usuario ayuda muchísimo a no perdernos en ningún momento y no solo hay una guía que nos ayuda a saber a dónde ir en caso de habernos olvidado, sino que hay un sistema de fast travel que facilita todo en cuanto a recorrido. Aprender de las entregas anteriores fue un paso clave para hacer que la exploración sea lo entretenida que es.

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Pero todas estas experiencias, sean lúdicas o narrativas, no tendrían el mismo impacto si la dirección artística no fuera tan interesante como es. A nivel visual no sólo se trata de que estamos ante uno de los mejores en Nintendo Switch por como se ve, sino que la dirección en las cinemáticas es sublime y tienen el nivel que cualquier película buscaría tener. La banda de sonido es excelente, como los JRPG nos tienen acostumbrados, y la actuación de voz le suma un matiz a los personajes que le da un nivel de realismo mucho más interesante del que tendrían si no estuviera. Debo decir que el defecto más grande que tuve en la experiencia fueron los saqueos técnicos que hay entre bajadas de frames cuando hay muchos assets en pantallas, pérdida de animaciones frente a algunos biomas muy cargados y ciertas gráficas que no están del todo acorde con las excelentes visuales, pero considero que es una cuestión de hardware y la exigencia que representa una apuesta tan ambiciosa para la consola. Para dar una idea, la híbrida de Nintendo tiene un cooler que rara vez se activa de manera portátil cuando se sobrecalienta mucho, durante mis casi 100 horas de Breath of the Wild sólo se encendió una vez. En Xenoblade Chronicles 3 se encendía cada vez que jugaba. Creo que gran parte del problema viene por este lado y no por el título en sí, pero no deja de ser una pequeña mancha dentro de una obra casi impoluta.

Sin dudas esta experiencia forma parte del reducido grupo de indispensables de esta consola. No solo por lo que es, por lo que representa y por todo lo que mencioné, si no por lo abierto que es a todos los usuarios: en todo momento podes seleccionar la dificultad que quieras y cambiarla sin ningún tipo de penalización. La mayoría de las mecánicas, salvo en las peleas definitorias con bosses, se pueden dejar haciendo automáticamente. No pude realizar la mayoría de cosas secundarias y terminar el recorrido me llevó unas 60 horas aproximadamente, pero estimo que con todo lo que hay para hacer se puede estirar hasta 120 o 130 fácilmente, y nada se siente contenido de relleno u horas vacías.

Como dije al principio de la nota, hay pocos videojuegos que logran imponerse entre lo mejor de su género, de su consola o incluso de su año de lanzamiento. Posiblemente Xenoblade Chronicles 3 no sólo esté dentro del abanico de esos tres factores, sino que es una obra consistente por sí sola con grandes ideas perfectamente ejecutadas y una historia que deja una huella grande en la historia del gaming. Va a pasar muchísimo tiempo hasta que pueda dejar de pensar en todo lo que Noah y Mio vivieron en Aionos. Todavía me queda mucho contenido que disfrutar. Es probable que, al igual que sus antecesores, con el paso del tiempo este título que pertenece a un género, muchas veces considerado de nicho, vaya ganando más peso y renombre. Se lo merece totalmente, porque es una de esas obras en las que es fácil perderse y difícil de olvidarlas. Uno de esos videojuegos que patean el tablero y cambian las reglas. Una de esas experiencias que te dejan pensando todo el tiempo en el que no estás manejando tus controles. ¿A eso se le llama una obra maestra? Para mí, sin dudarlo.

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XENOBLADE CHRONICLES 3

29/7/2022
9.5