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ANÁLISIS: Una Voz Silenciosa

Koe no Katachi está basada en el manga homónimo de Yoshitoki Ōima, una obra de 7 volúmenes que fue adaptada en este film de 129 minutos. La tarea no debe haber sido fácil, pero la directora Naoko Yamada (K-On!) y la guionista Reiko Yoshida (Kaleido Star, Maria-sama ga Miteru) se las ingeniaron más que bien. Sin haber leído el manga, siento que la película encuentra su foco y que no le falta desarrollo para nada.

La película nos cuenta la vida de Shoya Ishida, desde la primaria a la actualidad, cuando se encuentra en el último año de secundaria. Siendo pequeño, Shoya es un brabucón, pero también es sensible e inseguro. Algo así como Bart Simpson. Su paso por la escuela primaria es la historia de un bully que se convierte en victima luego de tomar de punto a Shoko Nishimiya, una chica sorda que la pasa muy mal por el constante hostigamiento de Shoya y sus compañeros. Cuando la chica se cambia de escuela debido al abuso constante, todos cargan contra Shoya, quien pasa a ser el nuevo abusado, víctima de sus negligentes compañeros que no aceptan que ellos también maltrataban de Nishimiya.     

Koe no Katachi no es condescendiente con el abusador arrepentido y eso la convierte en una película creíble. Las relaciones humanas no son simples y las heridas a veces no cierran nunca si no se trabaja para hacerlo. ‘Perdón’ no es más que una palabra si tus actos no reflejan el arrepentimiento y la película retrata esa hipocresía a la perfección. Shoya, ahora casi un adulto, no puede superar lo que le hizo a Nishimiya y el nivel de marginación que da la sociedad nipona tampoco ayuda. Considera suicidarse, pero se arrepiente y ahí es cuando empieza su camino a la redención y a una nueva vida. Todo esto que les conté es apenas el primer cuarto de metraje, lo importante es lo que viene después.

Redención es una palabra fuerte, casi de epopeya. Lo cierto es que la historia de la película viene desde lo cotidiano y es muy fácil empatizar con lo que sucede. Es una catarata de emociones para el espectador, que va conociendo a personajes que buscan encajar de alguna forma en el mundo y cuyo punto en común es conocer a Nishimiya. Es una historia sobre la amistad ante todo, pero también sobre el perdón, el miedo a estar solo y la falta de autoestima.

Hay algunas situaciones dramáticas que son difíciles de entender para nosotros, los occidentales. La idea de bullying que tenemos es la idea norteamericana. La sociedad japonesa maneja conceptos muy distintos de privacidad, honor y afecto. Hay escenas que se nos vuelven inverosímiles quizás porque creemos que es imposible que alguien reaccione así. Pero basta con situarnos en Japón para entender el aislamiento y la apatía que se maneja por ese lado del mundo y como eso hace más difícil encontrar el perdón y hablar de lo que se siente.

La mayoría de los personajes están más que bien, especialmente la dupla Shoya – Shoko, que tienen una química que nos llena de ternura. Hay algunos que se antojan casi de relleno y hay un personaje particular, Ueno, que, además de insufrible, hasta parece caricaturizado e inverosímil. Hay una escena que pierde todo el impacto por su intromisión y que hubiese tenido sentido si Koe no Katachi fuese una comedia, cosa que claramente no lo es.

La animación maneja un nivel increíble, desde los gestos de personajes y los escenarios, hasta la iluminación y colores. La banda sonora es sensiblera, como pide el género, y aunque no hay temas que destaquen para escuchar después del visionado, acompaña bien los momentos y consigue un impacto particular en los momentos más tristes.


Koe no Katachi retrata lo complicadas que son las relaciones humanas en la etapa más dura de la vida –la adolescencia. Como occidentales, hay algunos momentos que nos desconciertan, pero en general, es una película que cala hondo y que nos da un punto de vista distinto al que estamos acostumbrados cuando hablamos de bullying y suicidio. Es cálida, divertida y por sobretodo sensible. Llevate unos carilinas al cine. 

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