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ANÁLISIS | The Callisto Protocol: Primeras impresiones

The Callisto Protocol ya está entre nosotros. El esperadísimo “sucesor de Dead Space” –que no tiene intenciones de ocultarlo– es lo nuevo de Striking Distance, estudio fundado por el cocreador de Dead Space, Grenn Schofield. La verdad es que este nuevo survival horror comparte prácticamente todo con el terror especial de Visceral Games, pero coloca lo que lo diferencia en un punto clave de la experiencia de juego: el combate melee.

En el año 2320, el traficante Jacob Lee termina atrapado en una prisión de máxima seguridad Hierro Negro, en la luna muerta de Júpiter, Calisto. Poco después de su llegada, el lugar sume en el caos absoluto cuando los reclusos comienzan a transformarse en criaturas horripilantes. Jacob deberá recurrir a la brutalidad de los golpes cuerpo a cuerpo y a la táctica frente a estos grotescos seres para encontrar la manera de huir.

Además de encontrar una vía de escape entre la oscuridad y la desolación de Calisto, también deberá descubrir qué pasó en Hierro Negro y cuál es la incógnita detrás de la infección de los tripulantes.

The Callisto Protocol nos recibe con unos niveles de producción sublimes: un apartado visual digno de la generación actual, actuaciones a la altura y un diseño sonoro excelso. Todo esto conjuga una inmersión a nivel narrativo muy potente en los primeros compases de la aventura y termina dando lugar a una ambientación aterradora. Una de las cosas que hace bien el juego de Striking Distance es saber cómo meternos de lleno, zambullirnos, en un mundo sci-fi oscuro, que se disfruta sin HUD alguno: no hay mapa, ni indicadores de objetivos ni nada invasivo. Nos tenemos que ubicar leyendo el entorno, una decisión osada y aplaudible para los tiempos que corren.

Para este análisis en proceso, jugamos varias horas (unos cinco capítulos de la campaña) y notamos un fuerte enfoque en el combate cuerpo a cuerpo y en el diseño táctico de los encuentros. Si vamos por partes, podemos decir que el sistema de combate tiene tres pilares: el combate cuerpo a cuerpo, la mecánica de esquivar –crucial para sobrevivir– y las armas de fuego como soporte, que permiten ralentizar a los enemigos, evitar que muten cuando les disparamos a los tentáculos y nos dejan hacer uso de la telekinesis para levitarlos o arrojarles objetos del entorno.

Lo cierto es que, en la teoría, el planteo táctico es increíble. Tenemos un montón de opciones para encarar un combate: aplicarle un combo de golpes melee a un enemigo, mientras esquivamos o bloqueamos con el analógico los golpes que intenta asestarnos. Mientras tanto, podemos usar la telekinesis para alejar a otro enemigo que quiere abalanzarse sobre nosotros, y cuando completamos el combo melee, tenemos una ventana de oportunidad para lanzar un disparo con autoapuntado que saca una buena porción de vida.

La realidad, es que The Callisto Protocol nos da las herramientas para que planeemos una estrategia frente a una parva de enemigos, pero su planteamiento solo funciona cuando nos enfrentamos uno a uno con algún ser horripilante, o cuando tenemos como mucho a dos molestándonos. En el momento en que tenemos que plantar cara a un grupo numeroso, el sistema de combate se rompe y la experiencia se ve inundada de frustración total.

La ausencia de un giro rápido combinada con una cámara demasiado pegada a Jacob solo consigue que cuando rematemos a un enemigo, no podamos hacer absolutamente nada contra otro que pudiera estar esperándonos desde atrás. El sistema de esquive funciona bien cuando estamos ante un enemigo normal, pero es tremendamente incómodo cuando nos la pasamos gastando el analógico alternando entre derecha e izquierda rápidamente contra un enemigo mutado.

Y también poco preciso, porque estamos hablando de una palanca: en el fervor de esquivar y pegar rápido a un bicho antes de que otro venga por detrás y nos agarre, es muy fácil deslizar el joystick hacia abajo y terminar bloqueando. Si sumamos que el personaje es lento para correr, realmente en los combates hay muy poco aire como para poder improvisar, buscar una vía de escape o siquiera curarnos.

Sobre esto último, los inyectores de salud son botiquines que nos aplicamos en tiempo real, pueden pegarnos mientras lo hacemos. Nada nuevo, la verdad, pero la animación de Jacob mientras lo hace es tan lenta que resultan tremendamente inútiles. Me la pasé horas con el inventario lleno de botiquines porque el único momento en que pude colocarme alguno fue al final de un combate. En el medio, cuando más los necesitamos, es imposible usarlos.

Y lo que termina pasando es que The Callisto Protocol es prueba y error. Y mucha repetición. Y también una buena cantidad de muertes injustas. Me encantaría decir que estoy amando este juego, me esfuerzo para hacerlo de hecho, pero sigo sin conseguirlo. Y si al cóctel le agregamos mecánicas de sigilo sin mucha profundidad y enemigos con insta-kill, la cuestión se complica muchísimo más.

No todos son malas noticias, claro. Además de los halagos a nivel técnico y el rendimiento más que fluido, el título tiene un diseño de niveles atractivo, con varios secretos y senderos opcionales. Fomenta la exploración. Lo que sí es una pena es que muchos de los objetivos a cumplir se repiten, lo que refuerza más la linealidad de algunas secuencias que pueden sentirse repetitivas.

Durante la experiencia con The Callisto Protocol, sufrí varios bugs de objetivos y físicas. Uno me llevó a reiniciar varias veces un checkpoint y ralentizó bastante el proceso de avanzar en la aventura. Por suerte, estos problemas ya están solucionados: Striking Distance lanzó varios parches y al momento de lanzamiento, ya no hay mucho que criticarle en este aspecto. Por esta razón, estamos publicando estas primeras impresiones.

Como primeras impresiones, The Callisto Protocol es una experiencia de terror sublime en ambiente e inmersión, que nos ofrece un desafío digno cuando hablamos de combates individuales o plantarnos contra un minijefe. El problema está cuando llegan las hordas y empezamos a ver los hilos: la inmersión se cae. Los combates con muchos enemigos, muy parecidos en diseño, empiezan a abundar y las asperezas son muy notorias. Y siendo un survival horror tan centrado en combate, estas falencias lo alejan de ser uno de los mejores del año. Espero que la segunda mitad del trayecto me aporte más dinamismo y que haya una forma de hacer de los combates algo más que un desfile de palazos.